viernes, 18 de octubre de 2013

Como Inglaterra ganó y perdió territorio en Francia


Desde la caída del imperio romano en el año 476 de nuestra era, los territorios europeos comenzaron una continua transformación territorial, que no ha finalizado aún y es lo que ha generado casi todas las guerras desde entonces. Ya sea para recuperar regiones ancestrales, áreas estratégicas o por mero resentimiento nacionalista, la metamorfosis geográfica es un ser latente a la espera de las oportunidades correctas.

Imperio Romano en el año 395, con la división territorial
entre occidente y oriente.

Previo a los romanos, siempre hubo rivalidad tribal, pero el imperio, a su conveniencia, definió las zonas, les adjudicó nombres, les generó estructura política y les sembró la sensación de pertenencia de algo grande, poderoso, con desarrollo y progreso: Britania, Galia, Hispania, etc. Creó el concepto de identidad nacional, e incluso cuando se le enfrentaron, todos los hombres lucharon bajo un mismo estandarte. Después de eso, tras las invasiones bárbaras y la inevitable caída de la Roma Occidental, ninguna tribu querría volver a lo que era antes.

Para el año 476, el Imperio Romano de Occidente, no logró mantener la
unidad territorial ante las continuas invasiones bárbaras provenientes
del noreste y se fue fragmentando hasta desaparecer, dando inicio a la
Edad Media y a la creación de los reinos europeos.

Tras un largo período de evidente confusión, un par de siglos, comenzaron a aparecer los primeros reinos estables, pequeños, pero con estructura, estamos por ahora en La Edad Media. Como es natural el más fuerte intenta tomar al más débil, hasta que lo somete, domina y se lo apropia, integrándolo a su estructura de gobierno. En Inglaterra fue un poco más fácil, porque todo el territorio que conforma la pequeña isla mantiene una misma identidad: cultural, geográfica, dialéctica y religiosa, sobre todo, teniendo en cuenta que los únicos enemigos que posee, por el momento, son locales, hasta que los vecinos de ultramar descubrieron la forma de  invadirlos: los sajones y los normandos.

Pero en Francia no es tan sencillo, ya que pertenece a la masa continental y los límites territoriales a veces son abstractos, eso significa que no están acostumbrados a que el territorio les pertenezca a ellos como nación y la mezcla de dialectos tribales hace un poco más difícil crear esa identidad nacional que da la geografía. Además, desde el punto de vista de los siervos, el pueblo llano, “si me va mejor con un señor feudal en particular, prefiero estar con él que contigo”, y como al final, ésta gente no tiene nada que perder, porque nada tiene, le es indiferente el uno u el otro.

Para el siglo XII, los ingleses poseen muchas propiedades en territorio francés a causa, más bien, de haber sido ellos, Inglaterra, conquistados, un siglo atrás, en 1066, por Guillermo I El Conquistador, duque de Normandía, territorio éste, vasallo del reino de Francia y por el posterior matrimonio, en el 1154, de Leonor de Aquitania, heredera de todas las provincias y feudos al oeste del reino galo, con el entonces rey Enrique II de Inglaterra, tras su fracaso matrimonial con su primer esposo, Luis VII de Francia, que de haber funcionado ésta relación o hubiesen tenido hijos varones y no hembras, sus propiedades habrían pasado por herencia a la corona y muchas guerras se pudieron haber evitado, pero no fue así.

Mapa de Francia del siglo XII con los dominios
destacados en rojo, herencia de Leonor de Aquitania
a sus hijos, Ricardo I y Juan, reyes de Inglaterra.

Cuando Francia comenzó a racionalizar, que por “lógica” ese territorio le debía de pertenecer a la corona y no a los señores feudales extranjeros, comenzaron extensas campañas militares para lograrlo, pero a veces las guerras son traicioneras, se puede ganar o perder, así que un método eficiente y conveniente son los arreglos matrimoniales, que crean alianzas, muchas veces convenientes para las dos partes. Pero a veces viene la desventura, los reyes en conflicto no tienen hijos o hijas para casar, así que de regreso al campo de batalla.

La expansión comenzó por iniciativa de Felipe II Augusto de Francia y poco a poco recuperó para su reino los territorios, una vez pertenecientes a Leonor de Aquitania, derrotando a su hijo menor, el rey inglés Juan, mejor conocido como Juan Sin Tierras, un personaje al que el destino histórico no le ha sido favorable, razón por la cual ningún otro rey de Inglaterra se ha llamado Juan.

Imagen que ilustra al rey de Inglaterra, Juan sin Tierras en
una escena de cacería.

Un siglo después y con el comienzo de La Guerra de los Cien Años, la corona inglesa, con su rey Eduardo III, invade la parte norte de Francia para reclamar lo que ellos consideraban les pertenecía, la corona francesa en pleno, por descendencia directa a través de su madre, Isabel, La Loba de Francia, hija del difunto rey Felipe IV El Hermoso (no confundir con el otro Felipe el Hermoso, esposo de Juana la Loca), quien al haber estado casada con el rey inglés Eduardo II, juntaba en su hijo, Eduardo III las dos casas reinantes: Plantagenet y Capeto, pero su primo, Felipe VI, de la casa de los Valois, aprovechó los conflictos internos de Inglaterra, para él apropiarse, por medio de un tecnicismo legal, del reino de Francia.

Eduardo III, rey de Inglaterra, hijo de Isabel
de Francia y Eduardo II Plantagenet.

Eduardo III, quien debería ser rey de Inglaterra y Francia, comenzó una guerra intermitente con su vecino continental, que duró 116 años, cargada de triunfos y fracaso, muchos de los cuales son logrados por el carismático rey inglés, Enrique V, quien tras su victoria en La Batalla de Agincourt, logró apoderarse de todo el norte de Francia, pero cuando ya casi veía a palmo el tan añorado sueno, murió y sus descendientes no supieron mantener, lo por él logrado, y perdieron todo excepto la ciudad de Calais en el norte, importante base militar anglosajona y un centro muy lucrativo en la producción, comercialización y exportación de lana.

Escudo de Eduardo III, en el que se destaca en
primer plano la Flor de Lis francesa, con el cual
él se adjudica ser rey de Francia e Inglaterra.

Los ingleses no volvieron a lanzar otra campaña para recuperar el territorio perdido por estar ellos mismos envueltos en una guerra civil, sangrienta y vil, conocida como La Guerra de las Rosas, en la que se definía, por medio de traiciones y asesinatos, quién era el legítimo heredero de la corona. Eso le dio un respiro a Francia, que consolidada y en paz, prosperó.

María I Tudor, reina de Inglaterra, con su
 esposo Felipe II Habsburgo, rey de España y
del Nuevo Mundo.

Cien años después, a mediados del siglo XVI, son los españoles, con su rey Felipe II, de la casa de los Habsburgos, quien al contraer matrimonio con la futura reina de Inglaterra, María I (Bloody Mary), hija de Catalina de Aragón y Enrique VIII, intenta conseguir la alianza inglesa al norte, y él, con sus posesiones en los países bajos y en España, rodear a Francia y conquistarla, pero los planes no se dieron como él se imaginó, debido a la prematura muerte de su esposa sin haber logrado gestar con ella un heredero, y no sólo tuvo Felipe II que regresar a sus fronteras tradicionales, sino que Inglaterra, gracias a ésta alianza, perdió su última posesión en territorio continental, Calais.

Escrito por Jorge Lucas Alvarez Girardi


miércoles, 9 de octubre de 2013

La Cerveza


Desde tiempos de antaño, ésta bebida turbia: amarillenta u oscura, ha cautivado con su peculiar sabor amargo a la humanidad, que junto al vino, es una de las bebidas alcohólicas más consumidas.

Conocida en la antigüedad como “pan líquido” por su proceso básico de elaboración a partir de la fermentación de la cebada o del trigo, era una bebida ideal, por su bajo grado alcohólico, para ingerir los niveles diarios de líquido sin tener que tomar agua, cuyos niveles de contaminación eran tan elevados que podía matar por infección, tan sólo por el contacto con la piel, ya que lastimosamente, el ser humano ha tenido la mala costumbre de contaminar lo que le es primordial.

Los cereales: cebada, trigo y arroz, fueron los principales
ingredientes para la elaboración de la cerveza hasta que se
firmó La Ley de Pureza en 1516, que definió a la cebada
como el ingrediente primordial.

Todas las civilizaciones del pasado se desarrollaron al borde de los ríos: el Nilo, el Tigris, el Eufrates, el Indo, el Amarillo, etc., por su constante flujo del vital líquido, al que utiliza para tomar, cocinar y sembrar, pero a su vez, vierte todos los desechos a éste, infectando su propia subsistencia. Entonces a alguien se le ocurrió calentar el trigo o la cebada, experimentando con otro método para extraer los nutrientes y al fermentarse descubre este líquido color ámbar de sabor desagradable, pero que al tomarlo, sobre todo en exceso, crea una sensación de espontánea alegría, aunque a algunos les da por llorar. Aunque lo más importante es, que con su ingesta, no se padecen los males tradicionales que se sufren al tomar el agua “pura”.

Algunos historiadores calculan que éste fabuloso invento se dio en el Medio Oriente, específicamente en los alrededores de Sumeria, hoy el sur de Iraq, hace 6.000 años y se conocía con el nombre de “sikaru”. Popularizándose de tal manera, que se llegaron a desarrollar unas 25 fórmulas de producción; ya sea en cuanto a la metodología o la aromatización, porque para que supiese mejor, le añadían otros ingredientes: flores, romero o comino. No fue hasta el siglo XII que se le agregó el ingrediente mágico, ese que le da el amargo característico: el lúpulo.

Tablilla de arcilla sumeria en la que se representa,
pictográficamente, el proceso de elaboración del "Sikaru"

Por muchos siglos, la fórmula del “sikaru” permaneció en las tinieblas, al desarrollarse en Europa la civilización griega y la romana, que eran más vinícolas que cerveceras, pero de alguna manera, tal vez gracias a los celtas, las comunidades sajonas del norte de Europa, mantuvieron de forma muy artesanal su consumo, pero aun aromatizándola con ingredientes diversos, siendo más bien una especie de vino de cerveza. En el Viejo Continente se puede trazar una línea que divide a los países que tradicionalmente producen y consumen vino y los que toman cerveza: los latinos y los nórdicos.


Ilustración que representa a san Benito elaborando
y consumiendo cerveza.
Con la llegada de Mahoma en el siglo VII, y la creación del islam, la producción y consumo de cerveza, al igual que el vino,  en el Medio Oriente cayó estrepitosamente al prohibirse el consumo de alcohol; medida en exceso drástica, pero requerida en su momento, por el descontrol que se tenía, por su alta ingesta y los efectos que la embriagues podía generar en las comunidades. Cuenta la leyenda que, a diferencia de lo ocurrido con Jesús en la última cena, Mahoma y un grupo de sus seguidores estaban cenando y al finalizar bebieron vino y una acalorada discusión se desató entre ellos, obligando al profeta a intervenir, reclamándole a Alá con estas palabras, “en verdad, el vino y el maisar, y los anazab y las flechas son abominación de los hechos de Schaitán (el diablo); evitadlos, pues acaso, vosotros seréis felices… En verdad, quiere el Schaitán introducir entre vosotros la enemistad y la cólera en el vino…” texto que aparece en el Corán. Los pueblos musulmanes sustituyeron el alcohol por el té y luego por el café, todos igualmente estimulantes. Y es irónico, que al morir, en el Paraíso, Alá los ha de recibir con ríos de vino.

Mahoma predicando a sus seguidores.

La llegada del lúpulo tiene su origen en los monasterios al norte de Europa en el siglo XII, en donde los monjes, experimentando con mejores metodologías para la conservación de la cerveza y evitar los impuestos a pagar por el Gruit (ingrediente “mágico” que se utilizaba para aromatizar y conservar la cerveza). Con la utilización del lúpulo se evitaba, al menos por los momentos, del pago extra a los señores feudales, bajando el costo de la producción y haciéndola muy competitiva, exportándose a lo largo de las ciudades de la costa báltica, y generándole a cada monasterio un ingreso extra para su subsistencia, razón por la cual la mayoría de las marcas existentes en Europa llevan los nombres de éstos santos lugares: Achel, Chimay, Gregorius, La Trappe, Orval, Rochefort, Westmalle y Westvleteren; seis en Bélgica y dos en Holanda. Estos monasterios son denominados trapenses, por pertenecer a la Orden de la Trapa, una variante de los cistercienses.

Las distintas marcas de cervezas actuales producidas en los
monasterios trapistas del norte de Europa.

El auge de su consumo viene de la mano, como ya dije antes, por ser una forma muy sana de consumir el líquido que el cuerpo necesita, debido a su bajo índice de alcohol; entre el 3 al 6 %, comparándolo con el 11 % del vino y el 40 % de las otras bebidas espirituosas, siendo éste parámetro definido en 1516 por el duque Guillermo IV de Baviera y conocido como La Ley de Pureza, en la que se especificaban los únicos cuatro ingredientes que debía tener la cerveza: agua, malta de cebada, lúpulo y levadura. En la Ley no aparece este último ingrediente con ese nombre, ya que la levadura fue descubierta por Louis Pasteur en 1880, pero existía una metodología “primitiva” para lograr el mismo efecto y era utilizando sedimentos de fermentaciones previas y agregándoselas a la nueva.

En Inglaterra la utilización del lúpulo no siempre fue legal. El rey Enrique VIII, prohibió su uso por presión del gremio de cerveceros, quienes notaron que el gusto por éste ingrediente no era del todo aceptado por los consumidores. Eventualmente su hijo, Eduardo VI, levanta la prohibición y dos productos de consumo se desarrollan en las islas británicas; el “Ale” es una cerveza sin lúpulo y “Beer” se elabora con ese componente.

Los ácidos del lúpulo contienen un efecto antibiótico
natural que ayuda a matar a las bacterias, a preservar a la
cerveza y a proporcionarles ese agradable amargo.

En los países hispanos la cerveza se popularizó gracias al Sacro Emperador Germánico, Carlos V Habsburgo, quien al ser también rey de España, introdujo su consumo en éste país peninsular y el resto es historia; esta bebida bien fría es refrescante, sobre todo en los países tropicales, ya que en los nórdicos europeos se consume a temperatura ambiente, aunque sea verano.

Collage con las marcas más importantes de cada país.

En la actualidad se producen 1.200 millones de hectolitros anuales y los países que más producen son: Los Estados Unidos el 20%, Alemania el 10 %, China el 9% y en América Latina, Argentina elabora el 1% de la demanda mundial, siendo Irlanda el país con el mayor índice de consumo: 138 litros por persona por año, con Alemania en un cercano segundo lugar con 136 y Dinamarca con 132.


Escrito por Jorge Lucas Alvarez Girardi


domingo, 6 de octubre de 2013

Ludovico Sforza se apropia del ducado de Milán


Quién ha dicho que la política es fácil, por el contrario, siempre ha sido un nido de víboras en donde lo que sale a la superficie es tan sólo la apariencia de lo que se quiere lograr, pero en el fondo quedan los hechos de lo que en verdad se busca y se anhela. Muchas veces se ve el período del Renacimiento como una época rodeada de arte, grandes artistas y esplendorosa arquitectura, pero también entre esa belleza hay intensión política y a través de lo que se muestra se busca influenciar y amedrentar al enemigo y por supuesto a los siervos. El poder y los poderosos no se detienen ante nada y muchas veces, aunque tratan de inculpar a otros, son ellos los que terminan pasando a la historia como traidores. Ludovico Sforza, il Moro, uno de los hombres más importantes de su época, no es inmune a ésta realidad y su ambición desmesurada lo llevó a la ruina política y personal.

Ludovico Sforza y su esposa Beatrice D´Este,
representados de rodillas, junto a sus hijos,
adorando a la Virgen y rodeados de Los Padres
 de La Iglesia Católica.
 Altar Sforza, en la Pinacoteca de Breda.

Si se escarba más allá de la belleza visual de la época descubriremos lo humano que somos los humanos. Bien pudo Nicolás Maquiavelo inspirarse en Ludovico para escribir su famoso y vilipendiado libro El Príncipe. Este debió haber sido su “Biblia” personal. Habiendo nacido cuarto hijo, las posibilidades de llegar a lo más alto, es complicado, tendría que cruzar los dedos para que el hermano mayor sufriera alguna enfermedad o accidente mortal… Dios lo tenga en la gloria, antes, incluso, que generase descendencia.

Ilustración de la ciudad de Milán, año 1494.
Crónicas de Núremberg

Ludovico los debe de haber cruzado pero no muy fuerte, ya que la fortuna a veces le sonrió y a veces la tuvo que luchar. El hermano, Galeazzo María, recibe el ducado de Milán a la muerte del padre Francesco I Sforza en el año 1466, fecha en la que Ludovico tan sólo contaba 14 años. Diez años después, “el milagro”, el hermano es asesinado, pero el ducado pasa a manos del hijo de 7 años, Gian Galeazzo, sobrino de Ludovico. No es momento de deprimirse por el infortunio sino de aprovechar las oportunidades y nuestro héroe se apropia del poder bajo la figura de Regente. Durante los 18 años en la que se esforzó por mantenerse en el poder: embelleció la ciudad, amplió su infraestructura, mejoró el comercio, invirtió en la industria y se rodeó de artistas, entre ellos: el arquitecto Donato Bramante y el ingenioso Leonardo Da Vinci, todo con la intención de congraciarse con un pueblo al que le ha expropiado el poder.

Como mecenas del arte, Ludovico Sforza contrata a Leonardo Da Vinci
para que realice La Última Cena.

Y se casó con Beatrice d´Este, noble muchacha que aportó a la ciudad un toque de gracia y buen gusto, y a él alcurnia social. Con ella tiene dos hijos: Maximiliano y Francisco II.

Beatrice d´Este, pintado por
Giovanni Ambrogio de Predis.
Pinacoteca Ambrosiana, Milán, Italia.

Supuesto retrato de la amante de Ludovico,
Cecilia Gallerani, pintado
por Leonardo Da Vinci, mejor conocido como
La dama del armiño, actualmente en el Museo
Czartoryski, en Cracovia, Polonia.

Y la buena suerte le volvió a sonreír cuando en el año 1494 murió su sobrino, de manera sospechosa, y aun así, los nobles milaneses, en vista de su intensa influencia, pero también por su buena labor durante el período de regencia, le ofrecen a él, la corona del ducado de Milán, a sus 42 años de edad. Ahora lo tenía todo, pero no todo siempre es suficiente y es aquí cuando la suma de malas decisiones pasa factura. Este mismo año el reino de Nápoles estrena un nuevo rey, el español Alfonso que de inmediato se alía con el papa, el también español, Alejandro VI, padre de Cesar y Lucrecia Borgia.

Esta alianza fue amenazadora para Ludovico, ya que le quitaba poder e influencia sobre la península, así que abrió las puertas de su ciudad a las tropas francesas, en ese momento regidas por Carlos VIII, para que la atravesaran y reclamaran su pretensión sobre el reino de Nápoles. Las otras ciudades estado italianas nunca le perdonaron tal atrocidad al duque de Milán, y cuando éste los necesitó, al ser él también invadido por el nuevo rey de Francia, Luis XII, todos le dieron la espalda, así que de una situación desesperada, una acción desesperada; negocia con el emperador del Sacro Imperio Romano, el alemán Maximiliano I, y con su ayuda y la de tropas mercenarias suizas entra en la ciudad de Milán y la retoma con júbilo.

Las tropas francesas del rey Carlos VIII entran en Nápoles.
Ilustración de Jean-Louis Fournel, 1498

Para lograrlo hubo de prepararse y distrae al artista Leonardo Da Vinci de su labor en la iglesia Santa Maria delle Grazie, pintando La Última Cena, para que le diseñara armas de guerra. Esta encomienda entretiene sobremanera al genio del Renacimiento, quien esboza docenas de complicados, pero muy avanzados mecanismos de guerra, que hasta el momento no se tiene certeza si en verdad se llegaron a poner en práctica. A lo que si se tiene referencia, es la utilización de las 70 toneladas de bronce que Leonardo disponía para la creación de una gigantesca escultura, El Gran Caballo, para la creación de cañones, entre otras armas.

El Gran Caballo de Leonardo, como pudo haber sido, si el bronce
para su elaboración no hubiese sido utilizado para crear armas
de guerra. Esta réplica está en Grand Rapids, Michigan, EEUU.

Pero la felicidad le dura poco, al ser traicionado por uno de sus mercenarios que lo entrega al rey francés, quien, habiendo sido traicionado por Ludovico, ahora reclama sus derechos hereditarios sobre el Ducado de Milán.

Los siguientes ocho años los pasó en un calabozo en el castillo de Loches, en pleno corazón de Francia, hasta que en 1508 murió, prisionero, de los que en una oportunidad fueron sus aliados.

Vista aérea del Castillo de Loches en los valles del Loire, Francia.

Los mercenarios suizos, con el tiempo reinstauran al hijo de Ludovico, Maximiliano, como duque de Milán.


Escrito por Jorge Lucas Alvarez Girardi

miércoles, 2 de octubre de 2013

Lilith, el alma perversa de la noche


En el Inicio (El Génesis hebreo), antes que Eva fuera creada de la costilla de Adán, ya existía Lilith, su esposa y pareja, creada por Dios a su imagen y semejanza, del mismo barro, para que se unieran y poblaran la Tierra, pero ella desafía a Dios y “es invitada a salir”, con lo que se convierte en un ser errante, nocturno, perverso.

Lilith, el ser de la noche.
Autor: John Collier, 1892
Tha Atkinson Art Gallery,
Southport, Inglaterra

Erase el Sexto Día y Dios ya había creado el Sol, la Luna, la Tierra, el Mar, las plantas, los peces y las aves, en los días previos, ahora faltaban los animales terrestres, a lo cuales hizo en pareja y les ordenó, “creced y multiplicaos”, satisfecho, decidió hacer al hombre y a la mujer con estas palabras, “creó, pues, Dios al hombre a imagen suya: a imagen de Dios le creó; creólos varón y Hembra.” Pero más adelante se elimina el concepto de la mujer, de un plumazo, hasta que aparece Eva. ¿Qué pasó con esa misteriosa hembra inicial? Y ¿por qué sólo aparece en La Torah judía y no en La Biblia?

Visión de Miguel Ángel de La Creación de Adán, en la que Dios se esfuerza
por tocar al hombre y darle vida. Al lado de Dios está representada Eva y Jesús.
Capilla Sixtina, Ciudad del Vaticano.

Remontándonos de nuevo al Sexto Día, según la interpretación de la versión bíblica, Génesis Rabba, el hombre, originalmente, fue creado sólo, sin pareja, obligado a ponerles nombre a todos los animales: león, leona; perro, perra; caballo, yegua; toro, vaca; etc., y él observando como todos los seres, cumpliendo la voluntad de Dios, se unían y multiplicaban, entonces sintió celos y copuló con cada hembra de cada especie, pero eso no lo satisfizo y exclamo, “todas las criaturas tienen parejas apropiadas menos yo”, y Dios, al darse cuenta del desastre genético que se pudo haber generado, decidió crear a la mujer del barro y formó a Lilith, para satisfacción de Adán.

Mosaico en el que se representa a Dios en el proceso de crear
a todos los animales que han de poblar la Tierra.

Pero esa felicidad duró poco, ya que ambos discutían constantemente, distanciándose cada vez más hasta que Dios intervino preguntando por lo sucedido, a lo que Lilith reclama ofendida, “¿por qué, si ambos somos hechos del mismo barro, en el acto sexual yo tengo que estar abajo y él sobre mí? Ambos argumentan colerizados sin llegar a concilio alguno y Dios, sabiamente prefiere callar, a lo que Lilith, ofendida por el silencio, se marcha, abandonando a su marido.

De manera implícita Adán había ganado la discusión, pero ahora estaba sólo nuevamente y antes que se pusiera creativo nuevamente, Dios lo sumerge en un profundo sueño y, arrancándole una costilla, crea a Eva de él, con lo que, desde ahora, hace dócil a la mujer hacia con el hombre, teniéndolo que obedecer.

La creación de Eva de la costilla de Adán.
Ilustración tomada del libro Las Crónicas de Nuremberg,
publicado en 1493.

Lilith, en su exilio, se convierte en un ser lujurioso, teniendo sexo con cualquier cantidad de demonios, los expulsados del Cielo tras la rebelión de Lucifer, engendrando un sin número de hijos, mejor conocidos como los lilims. A éstos hijos también los tiene al quedar embarazada con el semen de los hombres que eyaculan en la noche de manera involuntaria al tener sueños eróticos, convirtiéndolos en padres de seres demoníacos. Cuando tres ángeles de Dios, Snvi, Snsvi y Smnglof, la fueron a buscar para que regresara al Paraíso, ella se negó, siendo castigada con la muerte de cien de sus hijos cada día, desde entonces, según las tradiciones judías, ella se venga intentando matar a los niños menores de ocho días que no han sido aun circuncisos.

Tablilla sumeria de la diosa Inanna que muchas
veces es asociada con Lilith.

Si analizamos esta narrativa en contexto, la razón por la cual Lilith aparece en El Génesis de La Torah, es para hacer énfasis sobre la sumisión jerárquica que se requiere de la mujer con respecto al hombre, de lo contrario es expulsada, transformándose en un ser oscuro, promiscuo, rechazado. En cambio Eva se transforma en la pareja ideal, obediente y servil.

Este mito es redescubierto por muchos artistas durante el medioevo, quienes representan al demonio, que tienta a Eva a comer el fruto del conocimiento del Árbol Prohibido, Lucifer, el dador de luz, según su traducción del latín, como una serpiente, pero transformándolo en un ser femenino, Lilith, que en venganza, busca la expulsión de Adán y Eva del Paraíso.

Relieve de la catedral de Notre Dame en París, en el que se
representa a Lucifer como un ser femenino, Lilith.

El Árbol Prohibido representa el conocimiento, negado por Dios a los seres humanos y ofrecido a éste por Lucifer, al igual que Prometeo en la mitología griega, quien crea a los hombres, pero Zeus se niega a darles sabiduría, obligándolo a él, Prometeo, a subir al Monte Olimpo y en un descuido de los dioses, robarse el fuego y dárselo a los mortales.

Prometeo roba el fuego del Olimpo, el
conocimiento, y se lo da al hombre.
Autor: Heinrich Füger, 1817.

Al enterarse Zeus de la afrenta cometida por Prometeo, a éste lo castiga por toda la eternidad, a estar encadenado, en las montañas del Cáucaso, y su hígado ser devorado todos los días por un águila y regenerado en las noches para volver a ser comido al día siguiente, y al hombre lo castiga creando a la mujer: Pandora, la portadora de todos los males (La Caja de Pandora).

Pandora
Autor: John William Waterhouse, 1896
Colección Privada

En resumen, Lilith, en lo que a nuestra época representa, es la primera feminista, quien reclamó sus derechos de igualdad sexual con respecto al hombre e hizo del sexo un acto dinámico e interesante.


Escrito por Jorge Lucas Alvarez Girardi


sábado, 28 de septiembre de 2013

Los inicios de La Primera Guerra Mundial


Cuando se habla sobre las razones por las cuales comenzó La Primera Guerra Mundial, es muy ingenuo pensar que la única causa fue el asesinato del archiduque Francisco Fernando Habsburgo, heredero al trono del Imperio Austrohúngaro y así y todo, la gran mayoría de los libros lo reseñan de esa manera, pero en realidad esa no fue la razón, fue la excusa. Si observamos atrás, a los años inmediatos al inicio de éste conflicto, los asesinatos de líderes de mayor jerarquía están muy presentes en la historia: el zar Alejandro II de Rusia muere en un atentado en 1881; el rey Umberto I de Italia fue baleado en 1900, el presidente de los Estados Unidos William McKinley cae tiroteado en 1901, el rey Alejandro I de Serbia y su esposa fueron asesinados y sus familias aniquiladas…

Ilustración que representa el momento en que el archiduque y su
esposa son asesinados por el extremista serbio Gravrilo Princip.

… y ninguna guerra se desató a causa de esos trágicos eventos. La verdadera motivación para que los europeos se enfrentaran en ésta contienda bélica es que hacía ya muchos años que no peleaban entre sí, al menos en suelo continental y las rencillas, celos y mutuos resentimientos afloran de generación en generación, y no hay duda, la excusa perfecta fue el lugar en donde lo asesinaron: Sarajevo, la capital de la entonces provincia imperial de Bosnia y Herzegovina, en territorio balcánico, en donde en los últimos años dos guerras locales se han desatado, entre otras razones, por el acceso al Mar Mediterráneo, y en consecuencia, muchos tratados internacionales se han firmado para “asegurar” la paz en la región, y ahora, transformándose, esos mismos convenios, en la excusa para pelear.

En la inmediación del Puente Latino en Sarajevo, fue donde se asesinó
 al archiduque Francisco Fernando y a su esposa Sofía Chotek.

Las razones para pelear se pueden enumerar así: el Reino Unido veía con recelo el vertiginoso crecimiento industrial y comercial del recién creado Imperio Alemán; Francia tenía un gran resentimiento con Alemania tras su vergonzosa derrota en La Guerra Franco-Prusiana (1870-71), en la que pierde, otra vez, los territorios fronterizos de Alsacia y Lorena; y los territorios de los países balcánicos, dominados por el Imperio Otomano, mejor conocido en ese momento como “el enfermo de Europa”, eran deseados por todos, debido a su estratégica ubicación.

Gracias a eso, todo el continente, está desde hace años, sumido en una carrera armamentista, “La Paz Armada”, y esto se transformó en una amenaza entre los vecinos, que no desean ofrecer ninguna ventaja a nadie, a pesar que la mayoría de los monarcas europeos, gracias a la reina Victoria, están relacionados por sangre, al haber casado ella a todos sus hijos y a sus nietos con las distintas casas monárquicas del Viejo Continente, y aun así, eso no disminuyó en lo más mínimo, las tensiones.

Ilustración en la que aparece la reina Victoria en el centro, rodeada de su
inmensa familia: 9 hijos y 42 nietos, casados todos, estratégicamente, con
las distintas monarquías de Europa.

Dos bandos se conforman: La Triple Entente (los Aliados), integrados por Reino Unido, Francia, Rusia, Bélgica, Serbia, eventualmente Italia y ya casi al final, Los Estados Unidos; y La Triple Alianza (los Estados Centrales), conformados por Alemania y el Imperio Austrohúngaro, solamente, ya que Italia, que había ratificado su alianza en varias oportunidades, a la hora de la verdad prefirió pelear a favor del otro bando. El Imperio Otomano se alía con los Estados Centrales en vista, que al final de cuentas, se tiene que unir “al menos malo”, para defender como pueda, sus intereses territoriales en la zona.

Mapa animado que representa las distintas alianzas a lo largo de la guerra.

Un mes exacto pasó desde el asesinato del Archiduque, ocurrido el 28 de junio, antes que las potencias europeas reaccionaran y se iniciara la guerra, al no haber sido cumplido el ultimátum del Imperio Austrohúngaro a Serbia, en cuanto a la investigación y entrega de los responsables del crimen. Al día siguiente, el 29 de julio, Rusia moviliza sus tropas en apoyo a los serbios, razón por la cual Alemania le declara la guerra a Rusia y en vista del la alianza franco-rusa, los franceses ponen a su ejército en alerta ante un posible ataque alemán. El káiser Guillermo II vio en estas maniobras una amenaza a su integridad territorial y pone en marcha una estrategia de contingencia, conocido como Plan Schlieffen, creado en 1905 por Alfred Graf von Schlieffen para atacar, invadir y conquistar a su vecino galo en el oeste, manteniendo una pequeña  fuerza defensiva en el oeste para evitar así una retaliación de Rusia.

El kaiser alemán, Guillermo II, considera que éste es un buen momento para desengavetar ese plan y ordena entonces la movilización masiva de toda su fuerza militar en contra de Francia: unos dos millones de hombres, pero una modificación en la estrategia, divide al ejército en dos, al este y al oeste, debilitando su efectividad.  

Mapa del Plan Schlieffen original de 1905, en la que Alemania
 atacaba con todo a Francia y se defendía de Rusia, pero al
ser erróneamente adaptado en 1914, se dividieron las fuerzas
y se atacaron a ambos países de manera simultánea.

Reino Unido, hasta el momento al margen de la situación, entra en el conflicto, cuando Alemania, apresuradamente invade Bélgica, país declarado neutro, para poder atacar sorpresivamente a Francia desde el norte.

En los días sucesivos, a pesar del avance arrollador del ejército alemán en contra de su vecino, un giro inesperado de los acontecimientos, frenó y frustró la conquista gala, las dudas, del no tan talentoso jefe del Estado Mayor germano, Helmuth von Moltke, el joven, atrincherando a sus tropas a tan sólo 90 kilómetros de la tan ansiada capital: París, permitiéndole a las tropas francesas reaccionar y trasladarse al frente de batalla, aunque fuese en taxi.

Tan inesperado fue el ataque alemán que las tropas francesas
se tuvieron que movilizar al frente de batalla en Taxis.

Esta guerra, que en un principio se pensó no iba a durar hasta navidad, se extendió por cuatro años, involucró a casi todos los países del mundo y le costó la vida a 9.500.000 soldados y a 14.000.000 de civiles, sin contar los millones de heridos o desaparecidos en combate, y se conoció como La Gran Guerra, hasta que los japoneses atacaron Pearl Harbor, el 8 de diciembre de 1941, momento en que se le modifica el nombre a La Primera Guerra Mundial.

Escrito por Jorge Lucas Alvarez Girardi

jueves, 26 de septiembre de 2013

1848, el asalto al Congreso Venezolano


Es el año 1848  y Venezuela vive en ésta época una pugna presidencialista entre el partido tradicional de gobierno: Los Conservadores, con José Antonio Páez a la cabeza y el partido Liberal, recién fundado, liderado por José Tadeo Monagas.

José Antonio Páez y José Tadeo Monagas, en una época
aliados en contra de la opresión española, ahora enemigos
políticos en un país republicano.

Páez, a sus 58 años de edad, hasta el momento había sido el hombre fuerte de Venezuela y del Partido Conservador: logrando él la presidencia en dos oportunidades: de 1830 a 1835 y nuevamente de 1839 a 1843, y su otro candidato del partido, Carlos Soublette (de 1837 al 39 y de 1843 al 47). Sólo por un par de años (1835 a 1837), otros hombres ejercieron el cargo casi de forma efímera: Andrés Narvarte, José María Vargas y José María Carreño.

Mapa de Venezuela realizado en 1890 por el cartógrafo L. Robelin.

El llamado Partido Conservador estaba conformado por la oligarquía económica, siempre criticada por el pueblo, a pesar de ser los únicos que daban trabajo remunerado, y por Páez, ex prócer de la Independencia, quien era muy carismático con los más desposeídos. Muchos historiadores acuerdan en considerar que el período de José Antonio Páez es la “Edad Dorada de Venezuela”: logrando estabilizar y pacificar, no sin esfuerzo, los intereses individuales de muchos caudillos, tras una agotadora guerra de independencia y creando las condiciones para un crecimiento económico sustentable, basado en las exportaciones del café y cacao.

Bandera Nacional decretada por el Congreso en 1836.
Manteniéndose como el Pabellón Nacional hasta 1859, momento en que comenzó
La Guerra Federale.

Para las elecciones del año 1846 los ánimos populares estaban caldeados, aunque para ésta fecha el ciudadano común no tiene poder electoral, solo un puñado de personas, menos de 9.000, están facultadas para elegir los destinos del país. El pueblo está cansado de Páez y de sus títeres, y él lo sabe, así que decide adelantarse a los hechos y busca, en el partido opositor: Los Liberales, al candidato ideal para la presidencia, congraciándose con ellos y poder permanecer tranquilo cuatro años en la sombra, hilando y manipulando, hasta que el clamor popular, arrepentido, lo volviera a llevar a él, Páez, a la presidencia. Pero sin duda subestimó en demasía a su postulado: José Tadeo Monagas.

Una vez electo el nuevo presidente, José Antonio Páez y sus seguidores conservadores se dan cuenta que José Tadeo Monagas no es un hueso fácil de roer y buscan la manera de quitárselo de encima; enjuiciándolo en el Congreso por infracciones a la constitución. Los Conservadores saben que van a ganar, ya que tienen mayoría en las dos cámaras: la de Representantes (diputados) y la del Senado. “El enemigo público”, Monagas, tiene sus días contados.

José Tadeo Monagas
Autor: Martín Tovar y Tovar, 1858
Palacio Municipal de Caracas

Más allá de las luchas políticas entre los altos jerarcas gubernamentales, dos medios de comunicación también se enfrentan, cada uno defendiendo su punto de vista y el de sus lectores: Juan Vicente González con el periódico La Prensa, apoya a Los Conservadores, y Blas Bruzual  con su diario El Republicano, apoya a Los Liberales y al presidente. Es una guerra civil de opinión, cargada con frases de artillería y que en el momento de la verdad van a lograr el objetivo que buscaban.

El día, 24 de enero de 1848, las dos cámaras parlamentarias están reunidas y deliberando, mientras la masa popular se aglomera enaltecida en las afueras del Congreso Nacional, localizado en el antiguo convento de San Francisco. Ante la evidente inseguridad existente se propone trasladar la deliberación a Puerto Cabello, lo que atrasaría en varios días la destitución del presidente y le permitiría a éste salir inmune, así que se quedan en Caracas. Pero como medida de seguridad se conforma una guardia civil de 60 hombres.

Daguerrotipo del antiguo convento de San Francisco, en donde se
reunían las dos cámaras del Congreso: los diputados y los senadores.

El pueblo está expectante. En eso y como ya era costumbre, se presenta al recinto el secretario del Interior, el Dr. Sanabria, para entregar su mensaje anual al Congreso, y los senadores y diputados, muy nerviosos deciden, puertas adentro, tomarlo a él como rehén para utilizarlo como posible salvoconducto. Pero el hecho se filtra a la masa y entonces comienza el caos. Los Liberales logran entrar, no sin recibir bajas, cobrando caro la sangre derramada, matando ellos a su vez, a diestra y siniestra. Una vez finalizada la masacre y puesto los sobrevivientes a resguardo, llega el presidente José Tadeo Monagas y “pone orden” al caos, transformándose en el héroe del día. Está más que decir, que él fue el más beneficiado, llegándose incluso a pensar, que él estuvo detrás de toda la revuelta, alentando los disturbios; un autogolpe.

Con fuertes medidas de seguridad, al día siguiente se vuelven a reunir las dos cámaras, los sobrevivientes, algunos por voluntad propia, pero la mayoría, la opositora, bajo amenaza y amedrentamiento. La fuerza ejecutiva logró doblegar a la legislativa y ésta entregó, en éste acto, toda la soberanía que poseía a lo largo del siglo XIX, creando un peligroso precedente que se repetirá en los siglos siguientes: XX y XXI.

El Palacio de las Academias se alza en la antigua sede del
Convento de San Francisco, diseñado por Juan Hurtado Manrique
y construido por orden de Antonio Guzmán Blanco en 1876.

“Asesinó al Congreso” según palabras de Páez, que de inmediato se alza en armas, pero pronto es derrotado y se ve obligado a exiliarse, una de tantas veces a lo largo de la dinastía de los Monagas: José Tadeo y José Gregorio, que durará un poco más de una década y pasará a la historia como el “Monagato” y, éste último, excepto por la liberación de los esclavos, fue considerado por más de un siglo y medio, el presidente más impopular de Venezuela, sólo superado recientemente.

Escrito por Jorge Lucas Alvarez Girardi

 

             

lunes, 23 de septiembre de 2013

La Batalla de Agincourt


En el marco de La Guerra de los Cien Años, entre Francia e Inglaterra y luego de una pausa de 25 años, en las que ambos países no se enfrentaron directamente en batalla, el Rey de Inglaterra, Enrique V, vio en la lucha armada contra su enemigo común y extranjero, la solución a los problemas internos. El despertar nacionalista y la posibilidad de conquistar nuevos territorios y su botín de guerra, sobre todo éste último, generó el apoyo que Enrique V necesitaba para su campaña.

En La Guerra de los Cien Años, que enfrenta a los reyes de
Francia e Inglaterra, del momento, Carlos VI y Enrique V.

La Guerra de los Cien Años, que en realidad duró 116, comenzó debido a las pretensiones del rey inglés, Eduardo III, sobre la corona francesa, la cual le pertenecía por herencia adquirida a través de Isabel, su madre, mejor conocida como La Loba de Francia, quien era hermana de Carlos IV, el último descendiente varón de la Dinastía de los Capetos, quien muere sin descendencia en 1328. La razón por la cual se acoge Francia a no otorgarle la corona a Eduardo III, sino a su primo Felipe VI Valois, es la Ley Sálica.

Este conjunto de leyes, Lex Salica, fue promulgado a principios del siglo VI por el primer rey de Francia, Codoveo I, quien ordena recopilar un código legislativo que le permita gobernar a un conjunto de tribus francas, muchas, rivales entre sí, a la caída del todopoderoso Imperio Romano. En uno de sus apartados hacía referencia a que ninguna mujer podía heredar el reino de los francos, ni su descendencia, aunque éste fuera varón, o al menos eso fue lo que le hicieron creer a la corte y a la nobleza. En realidad fue una manipulación que se le realizó a la Ley en 1316, por el futuro rey Felipe V, para evitar que su sobrina, Juana de Navarra subiera al trono, en vez de él. Esa maniobra le va a causar a Francia, si aun saberlo, décadas de sufrimiento, miseria y dolor, no siendo la primera vez que se manipula un documento antiguo para el beneficio inmediatos de unos, ni será la última.

Eduardo III de Inglaterra, a través de su madre Isabel, tiene sangre Capeto y es el legítimo rey de Francia, pero ésta va a ser traspasada a su primo en vez de a él, aprovechando que el reino inglés, no sólo es una isla, el es menor de edad y que su reino está enfrascado en una especie de guerra civil, en la que los barones del reino rivalizan entre sí a consecuencia del desastroso reinado de su padre Eduardo II Plantagenet. Una vez consolidado su poder, Eduardo III voltea a Francia y tras los fracasos diplomáticos por su herencia, lanza un ataque en 1337, dándose inicio a La Guerra de los Cien Años.

Gran Sello Real del rey Eduardo III de Inglaterra.

Por años la guerra estuvo constituida mayormente por pequeñas victorias inglesas: Sluys en 1340, Crecy en 1346 y Poitiers en 1356, generándose una tregua conocida como la “paz de Brétigny”. Pero bajo el reinado de Carlos V de Francia, 1380, los ingleses pierden casi todas sus plazas ganadas en batalla en territorio francés, quedándose sólo con cuatro. Ante éste revés y a riesgo de perderlo todo, se firma otra tregua de paz que duraría años hasta que fuera rota por Enrique V de Inglaterra, en 1415, al ver que su intento de resolver los conflictos con Francia de manera diplomática, no tendrían efecto. Zarpa en agosto rumbo a Francia con un contingente de soldados y sirvientes de aproximadamente 12.000 hombres.

Batalla de Sluys, 1340, en la que los ingleses se adjudican una
importante victoria sobre los franceses, en su propio territorio,
asegurándose un puerto para futuras batallas.
 Ilustración de Jean Froissart 

Enrique V, implantó una severa disciplina a sus hombres, donde, a costa de sus propias vidas se les prohibía violar y robar a cualquier habitante francés, dando por finalizada una costumbre militar ancestral conocida como chevauchée o cabalgada, en la que el ejército invasor, arrasaba los pueblos, matando y destruyendo, obligando a su enemigo a entablar batalla. El está convencido en lograr sus objetivos y no desea que el pueblo, los campesinos, lo odien o resientan.

El 22 de septiembre se apoderó de la ciudad portuaria de Harfleur, luego de cinco días de sitio. Las lluvias constantes obstaculizaron su marcha y agotaron a las tropas inglesas que se vieron mermadas por el hambre y la enfermedad. El ejército francés, conglomerado, se tornaba en una amenaza creciente y Enrique V, decidió retornar al puerto de Caláis, con el fin de recuperar fuerzas y salud, recibir refuerzos y reanudar la campaña en Francia.

Pero el 15 de Octubre, el ejército francés decidió arrinconar a los ingleses cerca del poblado de Agincourt y la batalla fue inevitable. El contingente inglés estaba conformado mayoritariamente por arqueros y el francés, 10 veces mayor, se componía de caballería pesada y soldados a píe.

Cuadro pintado en el siglo XIX por John Gilbert, en donde la
caballería francesa, ansiosa, se precipita sobre el  pequeño ejército
inglés en La Batalla de Agincourt.

El valor de Enrique V de Inglaterra, descrito por William Shakespeare, era enorme e inspiró a sus maltrechos hombres.

Los franceses estaban comandados por Carlos d´Albret y un gran grupo de nobles que vieron en esa batalla la oportunidad de hacerse de gloria. Su estrategia era defenderse del ataque inglés y destruirlos. Pero los jinetes franceses se sintieron ansiosos e inspirados por la ausencia de caballería por la parte inglesa y en vista del reducido número de hombres con la cual contaba Enrique V, decidieron lanzarse a la batalla. El pantano les dificultó el movimiento y fueron presa fácil de los certeros arcos ingleses. Las perdidas francesas fueron asombrosas, aproximadamente 6.000 soldados murieron durante el combate, entre ellos D´Albret, además de duques, condes y otros 500 miembros de la nobleza. Los ingleses perdieron menos de 200 hombres. La victoria inglesa no fue a causa del valor de sus hombres, sino más bien a la estupidez del ejército francés.

La aplastante victoria de los ingleses en la Batalla de Agincout,
reabre las puertas al reclamo de Enrique V al trono francés.

Finalizada la batalla, Enrique V regresa triunfante a Inglaterra, para retornar nuevamente en 1417 con la firme intención de conquistar toda Francia. No se gestaron batallas de relevancia y en 1420 el rey inglés marchó a París y le exigió a Carlos VI, el Demente, rey de Francia, a su hija Catalina en matrimonio, mediante el Tratado de Troyes, en el que el hijo de ambos sería considerado rey de Inglaterra y Francia, desheredando de este modo a su propio hijo, el Delfín Carlos, futuro rey Carlos VII de Francia, gracias a las valerosas hazañas de Juana de Arco en 1429.

Con la firma del Tratado de Troyes, en la que se estipulaba
que el hijo de Enrique V y Catalina de Valois, hija del rey
francés, Carlos VI el Demente, heredaría el trono de Inglaterra
y Francia. 

La Batalla de Agincourt le generó respeto a Enrique V en Inglaterra y mientras vivió, ningún otro noble en su país se le opuso. A la muerte de éste, acaecida en 1422, su hijo, Enrique VI, de un año de edad, nunca fue considerado por los franceses como su rey, aunque los ingleses a partir de esa fecha se hicieron tildar como reyes de Inglaterra y Francia, hasta principios del siglo XIX, tal cual se aprecia en el escudo heráldico de Inglaterra de ese entonces.

En el escudo central se aprecian Las Flores de Lis,
que representa a Francia y los tres leones a Inglaterra.

Dos películas de importancia se han hecho en referencia a Enrique V y La Batalla de Agincourt, la primera, protagonizada por el legendario Lawrence Olivier en 1944 y la segunda, dirigida y protagonizada por Kenneth Branagh, filmada en 1989.

Trailer (en inglés) de la película Enrique V (1989)



Escrito por Jorge Lucas Alvarez Girardi