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lunes, 19 de enero de 2015

Ana de Cleves, la cuarta esposa de Enrique VIII


¿Sabías qué? Ana de Cleves, la cuarta esposa de Enrique VIII, rey de Inglaterra, generó sin saberlo, la caída en desgracia del hombre más poderoso del reino, el Primer Ministro Thomas Cromwell, por culpa de un cuadro.
Corre el siglo XVI y Enrique VIII Tudor, divorciado de su primera mujer, Catalina de Aragón, viudo de la segunda cuando ordenó su decapitación, Ana Bolena y viudo de la tercera, Jane Seymour, a consecuencia del parto de su ansiado hijo varón, planea su siguiente matrimonio para así afianzar su descendencia. 

Enrique VIII pintado por Hans Holbein el Joven.
Galleria Nazionale d´Arte Antica, Roma

El Primer Ministro, Thomas Cromwell, para consolidar el poder monárquico de la dinastía Tudor, instiga para concertar un matrimonio ventajoso en el ámbito internacional que le pueda dar un equilibrio a su rey, razón por la cual comienza a revisar la lista de princesas solteras para contraer nupcias con Enrique VIII, en un reino desangrado por la violencia religiosa, debido a su distanciamiento con el papa y la Iglesia Católica al crear la Iglesia Anglicana con el mero fin de poder divorciarse de su primera esposa, Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos de España y tía del muy poderoso emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Carlos V. 

Thomas Cromwell pintado por Hans Holbein el Joven
Frick Collection, Nueva York

El nombre que destaca en la lista es Ana de Cleves, quien a sus 25 años de edad no está casada ni comprometida para casarse y es hija de Juan III, poderoso duque del condado de Cleves, relación que a su vez traerá beneficios económicos para Inglaterra, pero nuestro rey la quiere conocer así que llaman al artista Hans Holbein el joven, para que haga un retrato de ella y Enrique VIII la apruebe. Thomas Cromwell se asegura en darle instrucciones al pintor para que agracie a la candidata como si de Photo Shop se tratara. A su regreso el cuadro le es presentado al rey y entusiasmado por lo que vé, acepta el compromiso, a pesar que el matrimonio estaba condicionado a un contrato.

Ana de Cleves pintado por Hans Holbein el Joven
Museo del Louvre, París

Exaltado por conocer a su futura esposa, Enrique VIII se traslada a la ciudad de Rochester para recibir a Ana de Cleves, la ve y de inmediato lo embarga la decepción, la mujer que él creía no lo es.

La verdadera Ana de Cleves pintada por Barthel Bruyn
Trinity College, Cambridge

Enfurecido debe de cumplir con el sacramento ya que había dado su palabra y firmado un documento, y el no cumplirlo debilitaría aun más su imagen internacional y afectaría las relaciones con su nuevo aliado, el Sacro Imperio Romano Germánico. El matrimonio se realiza pero él nunca consuma el acto sexual o eso fue lo que argumentó cuando unos meses después solicita la anulación. Pero no olvidaría el engaño y su Primer Ministro, Thomas Cromwell, pagó las consecuencias y fue decapitado el mismo día que Enrique VIII contraía nupcias con su nueva esposa, la quinta, Catalina Howard.
Desde mi punto de vista el cuadro de Ana de Cleves, pintado por Hans Holbein el Joven, debería ser uno de los más importantes en la colección del Museo del Louvre, cuantas pinturas se dan el lujo de haber sido claves en la historia de un país y además, gracias a ella un hombre perdió su cabeza, pero en cambio está exhibida en una sala recóndita, muy poco transitada.

Escrito por Jorge Lucas Alvarez Girardi

jueves, 31 de octubre de 2013

Lady Jane Grey, la reina de los nueve días


En las ambiciones por el poder, hombre “buenos” vende barato su fidelidad a las leyes, al gobierno y a la nación, enceguecidos por sus deseos interpretan las voluntades a su antojo e involucran a los inocentes en sus intrigas. Lady Jane Grey, en su honesta ingenuidad, fue forzada a involucrarse en ésta densa trama que marcó un instante en el reino de Inglaterra.

Lady Jane Grey

A mediados del siglo XVI Inglaterra era un reino poderoso pero convulsionado por los enfrentamientos religiosos: Cristianos versus Protestantes, pero nada distinto del resto de Europa, que padecía los mismos problemas. Luego de la revolución luterana a principios de siglos, en cada país, sobre todo los del norte, la reforma religiosa es abrasadora, la conversiones se suma por miles al día, pero los monarcas, son más cautelosos, el aceptar a la nueva fe implica, en contexto, el rechazar a la autoridad papal, y aunque esto es seductor para muchos, debido a la constante inmiscución de La Iglesia Vaticana en los asuntos políticos de cada reino, al final, es una autoridad de poder y entre ellos se protegen, ya que al desautorizar la jerarquía de uno, este puede hacer lo mismo con ellos; un respeto por conveniencia que aun se mantiene.

En Inglaterra, el rey Enrique VIII Tudor, lujuriosamente manipulado por la ambición de Ana Bolena, había aceptado, como único medio para poder divorciarse de Catalina de Aragón, cambiar la religión del reino, desautorizando así el poder del papa León X, quien no le otorgó la anulación matrimonial, ajeándose de su influencia y transformándose él, en la absoluta autoridad política y religiosa, creándose la Iglesia Anglicana, bajo el beneplácito de muchos, aunque no de todos, que insisten en aferrarse en la óptica de la fe en la que fueron educados. Pero en ese período turbulento, en el que el patrimonio de la, ahora, antigua religión, fue saqueado y sus edificaciones agredidas y proscritas, no mucho más pasó, la esencia seguía siendo la misma, sólo un tecnicismo para lograr la anulación y casarse con su muy deseada Ana Bolena.

Enrique VIII Tudor, quien obsesionado por un descendiente
varón, y por impetuosa lujuria, se caso en seis oportunidades.

Cuando Ana Bolena tuvo una hija, Isabel, y no el tan promocionado y deseado hijo varón, pronto, Enrique VIII, se cansó de esta tormentosa relación y consiguió, para su conveniencia, la excusa perfecta para deshacerse de ella, y para siempre, ordenando su decapitación. Siendo ahora viudo, el rey insiste en la búsqueda de un heredero masculino y se casa con Jane Seymour, la misma tarde de la muerte de Ana. La nueva esposa (tercera de seis), da a luz el tan ansiado varón, su futuro sucesor, Eduardo VI, pero es un niño frágil y enfermizo, así que Enrique mantiene su obsesión, volviéndose a casar, en vista que su “amada” Jane murió a consecuencia del parto, pero no volvió a lograr aumentar su descendencia.

A la muerte del rey, su único hijo varón lo hereda en el trono por encima de sus dos medias hermanas: María, hija de Catalina de Aragón e Isabel,  hija de la difunta Ana Bolena, gracias a una enmienda conocida como: Acta de Sucesión de 1543 o La Tercera Acta de Sucesión. En las dos Acta anteriores, todas decretadas por el ya difunto rey y aprobadas por el Parlamento, sus respectivas hijas: María e Isabel, eran desposeídas del derecho de reinar, pero en la Tercera y ya con un varón en línea directa, Enrique VIII, las reincorpora a la sucesión, después del varón,  Eduardo VI, siempre y cuando él no llegue a tener herederos. Además estipula, en la misma Acta, el derecho a reinar a los nietos de su hermana menor, María Tudor, en el supuesto caso que sus hijas: María o Isabel no llegasen a tener herederos directos, colocando entonces a Lady Jane Grey, cuarta en la Línea de Sucesión.

Imagen que representa al rey Enrique VIII en cama, muriendo
de sífilis, afirmando a su hijo Eduardo VI como sucesor, y el
Consejo Real que lo va a guiar durante su minoria de edad.
Abajo se representa la ruptura religiosa con el papa.
Eduardo VI se convierte en rey a sus trece años y un Consejo Real fue creado para guiar los destinos del reino durante su minoría de edad. Con poder desmesurado, muchos de los miembros de éste consejo, aprovecharon el poco tiempo que les quedaba, dos años antes de decretarse la mayoría de edad del rey, para enriquecerse y comprar su influencia a futuro, asegurando su estabilidad y la de sus descendientes. El más voraz de todos, quien no escatimará en sus artimañas para mantenerse en la cima fue John Dudley, quien fue excelente estratega militar. Su principal enemigo era el actual Lord Protector de Inglaterra y tío del rey: Eduardo Seymour, quien por su jerarquía y afinidad consanguínea, se sintió con la autoridad de no necesitar del Consejo Real y comenzó a decretar leyes, muchas de ellas a su beneficio, atrayéndose muchos enemigos políticos, entre ellos el ambicioso John Dudley.

John Dudley, Duque de Northumbria

Al Lord Protector, Eduardo Seymour, se le involucra en un complot ficticio, para asesinar a todos los miembros del Consejo durante la celebración de un banquete. Su gran rival, John Dudley, logra convencer a todos de la veracidad de los hechos y Seymour se transforma de pronto en enemigo y traidor de la nación, perseguido, capturado, enjuiciado y condenado a muerte por decapitación. Con ésta brillante estrategia, digna de un gran general, Dudley logra consolidarse como Duque de Northumberland y Lord Protector de Inglaterra, llegando a realizar un excelente trabajo. Pero el joven rey, Eduardo VI, al tener ya la edad de legal para gobernar, 15 años, desea menoscabar la autoridad del Consejo, para asumirla directamente él, quien es enérgico y voluntarioso, pero muy enfermo, razón por la cual, María, la media hermana del rey es incorporada a participar en la política, lo que fuerza a Dudley, en un acto desesperado, a concilia una triple alianza matrimonial, para mantenerse, de una u otra forma, ligado a la más alta esfera del poder. El más relevante de estos matrimonios es el de su único hijo soltero, Guilford Dudley, con Lady Jane Grey, ahora tercera en la Línea de Sucesión.

Eduardo VI es un ferviente reformista de la Iglesia Anglicana y gracias a él se conforman las verdaderas bases del protestantismo, al que se aferra en mantener más allá de su muerte, razón por la cual debía hacer y cuanto antes, una modificación en la Línea de Sucesión, para saltarse a María como heredera de la corona, quien era en extremo devota del catolicismo, pero para lograrlo debía sacar también a Isabel, que a pesar de su convicción reformista, no se podía quitar a una y dejar a la otra, en vista de la Tercera Acta de Sucesión. Se cree que John Dudley manipula al rey a firmar una carta testamento, en el que de forma expresa, él, Eduardo VI, nombra como su sucesora a Lady Jane Grey, pero el rey muere antes que el documento fuera aprobado por el Parlamento, y a pesar de haber estado aprobado por 102 notables, su legalidad era muy cuestionada, por lo que Dudley presiona y amenaza a todos los que se opongan, con declararlos traidores. Con ese papel el más beneficiado era él, porque la reina ahora era su nuera.

Carta manuscrita por el mismo rey Eduardo VI, en la que
manifiesta su deseo de ser sucedido por su prima Lady Jane Grey.

María se enteró de inmediato de éste complot para privarla de su derecho y se marcha de Londres, para evitar el caer en manos de Dudley, y conformar un ejército fiel a su causa y a su religión.

Lady Jane Grey ignora todas las manipulaciones que se han hecho en su nombre para nombrarla reina. Incluso, al enterarse, rehusó el aceptar la corona, pero el Consejo Real en pleno, y su propio padre, la convencieron de la legalidad de dicho documento y la voluntad divina de dicho nombramiento. Así, que a partir del 10 de julio de 1553, comienza el reinado de Lady Jane Grey, quien para el momento se convierte en la segunda mujer en ser reina, en toda la historia de Inglaterra, habiendo sido la primera, Matilde, en 1141.

Miembros del Consejo Real, entre los que está John Dudley,
convenciendo a Lady Jane Grey, de aceptar la corona.

Cuando el pueblo se enteró de lo sucedido de inmediato tomaron partido a favor de la causa de María, por varias razones. La primera fue por simpatía ante el ultraje sufrido por ella, al ser depuesta y humillada su madre, Catalina de Aragón y la segunda, al enterarse, que detrás de éste nombramiento irregular estaba la voluntad de John Dudley, hombre muy poco popular con las masas. María conforma un ejército y marcha hacia Londres. Dudley arma al suyo y se le enfrenta, siendo momentáneamente derrotado, pero al llegar la noticia de la victoria de María, muchos de los miembros del Consejo, que una vez apoyaron a Lady Jane Grey, cambiaron de inmediato de bando, abandonando por completo a la joven reina, a quien apresaron en La Torre de Londres, a tan sólo nueve días de su proclamación.

La nueva reina, María I Tudor, ordena el arresto y juicio de todos los involucrados en la conspiración en su contra y uno a uno pasa por el cadalso. John Dudley Duque de Northumberland, es enjuiciado un mes después. El se defendió lo mejor que pudo, justificando su proceder bajo órdenes directas del difunto rey, pero ante su irremediable destino, desestimo a la corte argumentando: "si todos los presentes son igualmente partícipes de este crimen... ¿cómo pueden ser mis jueces?" Cuatro días después y ante una tumultuosa audiencia de más de 10.000 personas, es llevado al patíbulo en Tower Hill para ser decapitado. Sus últimas palabras fueron: "Este acto por el que muero no es enteramente mi culpa como se cree [...], sin embargo, Dios mediante, no diré sus nombres así que os pido, no busquéis más culpables [...]. Una última cosa debo deciros, buena gente, y es que os exhorto a tener cuidado de los aduladores malintencionados y a los doctores de la nueva doctrina quienes pretenden predicar la palabra de Dios a través de sus propias fantasías".

John Dudley ejecutado por traidor en Tower Hill.

La suerte de Lady Jane Grey era confusa y con rasgos de morboso romanticismo trágico. Fue enjuiciada y condenada a muerte por alta traición, pero la pena fue conmutada, al menos por el momento, en vista que la reina era su prima. Pero unos meses después, una rebelión en contra de María I, estalla cuando ella anunció su matrimonio con el ultra católico príncipe Felipe de España, futuro Felipe II, sellándose su destino, a pesar de haberse comprobado que ella no estaba involucrada en lo más mínimo. María I, le ofrece entonces perdonarle la vida, si ella renuncia a su religión anglicana y acepta el catolicismo, como estrategia desesperada por reconvertir a más de la mitad de sus súbditos, pero ella se niega y su condena se hace efectiva.

Cuadro que representa el frustrado intento de la reina María I Tudor
por convertir al catolicismo a su testadura prima.

En 12 de febrero de 1554, Lady Jane Grey fue llevada al cadalso privado, reservado para los miembros de la corte, en La Torre Verde (hoy en día inexistente), en los jardines internos de La Torre de Londres. Antes de morir, la una vez reina de Inglaterra pronunció las siguientes palabras: “Gente buena, he venido aquí para morir y por una ley estoy condenada justamente. Los actos de traición contra la Alteza Reina fueron ilegales y accedía a aceptar el trono. Pero nunca lo busqué o deseé y por eso me lavo las manos en la inocencia…”

Cuadro de Paul Delaroche, en el que se prepara a Lady Jane Gray
para ser decapitada en La Torre Verde.
El edificio destacado en rojo, hoy inexistente, es La Torre Verde.

Escultura que representa el area en donde se ejecutó a
Lady Jane Grey y a Ana Bolena, entre otros.

Lady Jane Grey tenía 16 años de edad al momento de su ejecución.

Varios libros y películas se han realizado de ella, ésta trágica figura del poder de otros, la más renombrada fue Lady Jane, protagonizada por Helena Bonham Carter y Cary Elwes, realizada en Reino Unido en 1986.



Escrito por Jorge Lucas Alvarez Girardi

miércoles, 9 de octubre de 2013

La Cerveza


Desde tiempos de antaño, ésta bebida turbia: amarillenta u oscura, ha cautivado con su peculiar sabor amargo a la humanidad, que junto al vino, es una de las bebidas alcohólicas más consumidas.

Conocida en la antigüedad como “pan líquido” por su proceso básico de elaboración a partir de la fermentación de la cebada o del trigo, era una bebida ideal, por su bajo grado alcohólico, para ingerir los niveles diarios de líquido sin tener que tomar agua, cuyos niveles de contaminación eran tan elevados que podía matar por infección, tan sólo por el contacto con la piel, ya que lastimosamente, el ser humano ha tenido la mala costumbre de contaminar lo que le es primordial.

Los cereales: cebada, trigo y arroz, fueron los principales
ingredientes para la elaboración de la cerveza hasta que se
firmó La Ley de Pureza en 1516, que definió a la cebada
como el ingrediente primordial.

Todas las civilizaciones del pasado se desarrollaron al borde de los ríos: el Nilo, el Tigris, el Eufrates, el Indo, el Amarillo, etc., por su constante flujo del vital líquido, al que utiliza para tomar, cocinar y sembrar, pero a su vez, vierte todos los desechos a éste, infectando su propia subsistencia. Entonces a alguien se le ocurrió calentar el trigo o la cebada, experimentando con otro método para extraer los nutrientes y al fermentarse descubre este líquido color ámbar de sabor desagradable, pero que al tomarlo, sobre todo en exceso, crea una sensación de espontánea alegría, aunque a algunos les da por llorar. Aunque lo más importante es, que con su ingesta, no se padecen los males tradicionales que se sufren al tomar el agua “pura”.

Algunos historiadores calculan que éste fabuloso invento se dio en el Medio Oriente, específicamente en los alrededores de Sumeria, hoy el sur de Iraq, hace 6.000 años y se conocía con el nombre de “sikaru”. Popularizándose de tal manera, que se llegaron a desarrollar unas 25 fórmulas de producción; ya sea en cuanto a la metodología o la aromatización, porque para que supiese mejor, le añadían otros ingredientes: flores, romero o comino. No fue hasta el siglo XII que se le agregó el ingrediente mágico, ese que le da el amargo característico: el lúpulo.

Tablilla de arcilla sumeria en la que se representa,
pictográficamente, el proceso de elaboración del "Sikaru"

Por muchos siglos, la fórmula del “sikaru” permaneció en las tinieblas, al desarrollarse en Europa la civilización griega y la romana, que eran más vinícolas que cerveceras, pero de alguna manera, tal vez gracias a los celtas, las comunidades sajonas del norte de Europa, mantuvieron de forma muy artesanal su consumo, pero aun aromatizándola con ingredientes diversos, siendo más bien una especie de vino de cerveza. En el Viejo Continente se puede trazar una línea que divide a los países que tradicionalmente producen y consumen vino y los que toman cerveza: los latinos y los nórdicos.


Ilustración que representa a san Benito elaborando
y consumiendo cerveza.
Con la llegada de Mahoma en el siglo VII, y la creación del islam, la producción y consumo de cerveza, al igual que el vino,  en el Medio Oriente cayó estrepitosamente al prohibirse el consumo de alcohol; medida en exceso drástica, pero requerida en su momento, por el descontrol que se tenía, por su alta ingesta y los efectos que la embriagues podía generar en las comunidades. Cuenta la leyenda que, a diferencia de lo ocurrido con Jesús en la última cena, Mahoma y un grupo de sus seguidores estaban cenando y al finalizar bebieron vino y una acalorada discusión se desató entre ellos, obligando al profeta a intervenir, reclamándole a Alá con estas palabras, “en verdad, el vino y el maisar, y los anazab y las flechas son abominación de los hechos de Schaitán (el diablo); evitadlos, pues acaso, vosotros seréis felices… En verdad, quiere el Schaitán introducir entre vosotros la enemistad y la cólera en el vino…” texto que aparece en el Corán. Los pueblos musulmanes sustituyeron el alcohol por el té y luego por el café, todos igualmente estimulantes. Y es irónico, que al morir, en el Paraíso, Alá los ha de recibir con ríos de vino.

Mahoma predicando a sus seguidores.

La llegada del lúpulo tiene su origen en los monasterios al norte de Europa en el siglo XII, en donde los monjes, experimentando con mejores metodologías para la conservación de la cerveza y evitar los impuestos a pagar por el Gruit (ingrediente “mágico” que se utilizaba para aromatizar y conservar la cerveza). Con la utilización del lúpulo se evitaba, al menos por los momentos, del pago extra a los señores feudales, bajando el costo de la producción y haciéndola muy competitiva, exportándose a lo largo de las ciudades de la costa báltica, y generándole a cada monasterio un ingreso extra para su subsistencia, razón por la cual la mayoría de las marcas existentes en Europa llevan los nombres de éstos santos lugares: Achel, Chimay, Gregorius, La Trappe, Orval, Rochefort, Westmalle y Westvleteren; seis en Bélgica y dos en Holanda. Estos monasterios son denominados trapenses, por pertenecer a la Orden de la Trapa, una variante de los cistercienses.

Las distintas marcas de cervezas actuales producidas en los
monasterios trapistas del norte de Europa.

El auge de su consumo viene de la mano, como ya dije antes, por ser una forma muy sana de consumir el líquido que el cuerpo necesita, debido a su bajo índice de alcohol; entre el 3 al 6 %, comparándolo con el 11 % del vino y el 40 % de las otras bebidas espirituosas, siendo éste parámetro definido en 1516 por el duque Guillermo IV de Baviera y conocido como La Ley de Pureza, en la que se especificaban los únicos cuatro ingredientes que debía tener la cerveza: agua, malta de cebada, lúpulo y levadura. En la Ley no aparece este último ingrediente con ese nombre, ya que la levadura fue descubierta por Louis Pasteur en 1880, pero existía una metodología “primitiva” para lograr el mismo efecto y era utilizando sedimentos de fermentaciones previas y agregándoselas a la nueva.

En Inglaterra la utilización del lúpulo no siempre fue legal. El rey Enrique VIII, prohibió su uso por presión del gremio de cerveceros, quienes notaron que el gusto por éste ingrediente no era del todo aceptado por los consumidores. Eventualmente su hijo, Eduardo VI, levanta la prohibición y dos productos de consumo se desarrollan en las islas británicas; el “Ale” es una cerveza sin lúpulo y “Beer” se elabora con ese componente.

Los ácidos del lúpulo contienen un efecto antibiótico
natural que ayuda a matar a las bacterias, a preservar a la
cerveza y a proporcionarles ese agradable amargo.

En los países hispanos la cerveza se popularizó gracias al Sacro Emperador Germánico, Carlos V Habsburgo, quien al ser también rey de España, introdujo su consumo en éste país peninsular y el resto es historia; esta bebida bien fría es refrescante, sobre todo en los países tropicales, ya que en los nórdicos europeos se consume a temperatura ambiente, aunque sea verano.

Collage con las marcas más importantes de cada país.

En la actualidad se producen 1.200 millones de hectolitros anuales y los países que más producen son: Los Estados Unidos el 20%, Alemania el 10 %, China el 9% y en América Latina, Argentina elabora el 1% de la demanda mundial, siendo Irlanda el país con el mayor índice de consumo: 138 litros por persona por año, con Alemania en un cercano segundo lugar con 136 y Dinamarca con 132.


Escrito por Jorge Lucas Alvarez Girardi


lunes, 1 de julio de 2013

Oliver Cromwell, el hombre que no quiso ser rey, pero gobernó como tal.


Las acciones de algunos hombres, aunque bien intencionadas, siempre quedaran cuestionadas a lo largo de su vida y más allá de su muerte. Admirado por unos y odiado por otros, temido y respetado por todos, Oliver Cromwell luchó en contra de la tiranía monárquica inglesa y creó una tiranía propia. 


Detalle del cuadro de Olivar Cromwell
Autor: Robert Walker, mediados del siglo XVII
National Portrait Galery de Londres

Si analizáramos la personalidad de Oliver Cromwell pudiéramos llegar a una conclusión inmediata, un hombre con muchos complejos de inferioridad pero con grandes sueños de grandeza, que en un principio tuvo que sacrificar mucho debido a conflictos financieros, y al final gracias a su talento militar y político, escaló las posiciones, que él consideraba le debieron ser propias, teniendo en cuenta que su tío abuelo fue Thomas Cromwell, un altísimo funcionario durante la dinastía Tudor, siglo XVI, que perdió la cabeza por orden, del entonces rey, Enrique VIII. Pero como muchas veces pasa, el resentimiento que se hereda, es el de haber nacido en la rama familiar equivocada, en el rango de los gentiles, pero en su escala más baja, aunque a la larga heredó de su tío un puesto en el parlamento inglés.

Oliver estaba estudiando una carrera universitaria cuando su padre murió en 1617, viéndose en la necesidad de regresar a su casa para ayudar a su madre y a sus siete hermanas solteras. Tres años después se casa con Elizabeth Bourchier, hija de un acaudalado mercader, con muchos lazos influyentes, sobretodo entre los religiosos puritanos, lo que benefició a Oliver a lo largo de toda su carrera. Para ese momento, Oliver aun no manifiesta ningún interés en particular por la religión, pero con caídas cada vez más estrepitosas en su economía personal, se cree que abrazó con fanatismo la tendencia puritana y se ganó el favor de los influyentes. Algunas personas piensan que se acercó al puritanismo sólo por conveniencia.

Los inicios de Oliver Cromwell fueron modestos, pero con talento y tiempo logró comandar a todo el ejército, modificando incluso su estructura tradicional: jerarquía militar por mérito y no por posición social, además de una tropa profesional, de carrera y no como se hacía antes, por reclutamiento a través de los terratenientes. 


Cromwell transformó al ejército tradicional en El Ejército Modelo

El crecimiento de uno, casi siempre implica, la caída de otro. En 1640 el rey Carlos I se vio en la necesidad de convocar al Parlamento, en busca de fondos para sofocar una rebelión en Escocia, y fue el momento en que los parlamentarios aprovecharon para interpelar al rey, por un sin número de irregularidades, pero como siempre pasa, el monarca no supo adaptarse a las necesidades de la época e impuso su totalitarismo a la monarquía parlamentaria que tanto enorgullecía a Inglaterra. De inmediato se crearon dos bandos: las fuerzas parlamentarias y las fuerzas reales, la guerra civil había comenzado. Oliver Cromwell en un primer momento vacila entre su fidelidad al rey y la de sus principios libertarios. 

"Triple retrato del rey  Carlos I"
Autor: Anthony van Dyck, 1636

Luego de seis años de guerra (1642-1648), el rey, Carlos I, es hecho prisionero y el Parlamento toma el control de Inglaterra. En el inicio del juicio se crea una crisis interna entre los que estaban dispuestos a aliarse con la monarquía a cambio de mayor poder político y los que buscaban crear una República: libre, entre los que se encontraba Oliver Cromwell, el más entusiasta. 

Al año siguiente se le hace un juicio al rey y condenado a muerte bajo el cargo de traición a la patria. Oliver había logrado lo que se propuso, eliminar al tirano y convertirse en cabeza, Lord Protector del Commonwealth de Inglaterra, Escocia e Irlanda

Condena a muerte aprobada por el Parlamento al rey Carlos I,
al que ellos consideraban un traidor.
Archivos Nacionales del Parlamento Británico


Ilustración anónima del momento de la decapitación.

En la película Matar a un Rey, 2003, protagonizada por Rupert Everett como el rey Carlos I y Tim Roth como Cromwell, se narra magistralmente la cronología de eventos que conllevó al juicio y posterior ejecución del monarca inglés.

El momento en que el rey Carlos I va a ser decapitado, personaje
protagonizado por el actor Rupert Everett en la película
"Mata a un Rey", 2003

Para mantener su frágil posición, decretó leyes, que lo convirtieron a él, en un tirano dictador ante los ojos de muchos: los afectados. En varias oportunidades le ofrecieron la corona y se debatió entre aceptarla o rechazarla, pero se mantuvo firme. A los 59 años de edad, Oliver Cromwell murió y fue sucedido por su tercer hijo, Richard Cromwell, que duró muy poco tiempo a la cabeza del gobierno, antes que se restituyera la monarquía con Carlos II como rey, hijo del decapitado Carlos I. 


Oliver Cromwell observa al rey, al que, una vez decapitado, él ordenó
le fuera cosida la cabeza al cuerpo para ser enterrado.

De inmediato y cómo siempre pasa, se decidió pasar factura a todos los involucrados, en el juicio y posterior condena a muerte de Carlos I, entre ellos, el ya difunto Oliver Cromwell, muerto un año atrás. Al ser encontrado culpable, su cuerpo fue desenterrado, colgado y luego desmembrado, para ser posteriormente enterrado en una fosa común. Según las creencias de la época un cadáver mutilado no tenía opción de resucitar.

Ejecución póstuma de Oliver Cromwell, ordenada por el rey Carlos II,
con el objeto de crear un precedente, ante cualquier persona que
pretendiera enfrentarse a la monarquía. 

A pesar de lo grotesco de éste período, se demuestra, que al final la gente olvida y Oliver Cromwell, en la actualidad, está considerado unos de los cien británicos más importantes de la historia, en la posición número 10.


Escrito por Jorge Lucas Alvarez