jueves, 7 de noviembre de 2013

Antonio Guzman Blanco: El Ilustre Americano


Existen mandatarios soberbios, autócratas e irreverentes, que se han aferrado al poder sólo para satisfacer su ego y su bolsillo, manipulando a las instituciones, doblegándolas hasta lograr que les rindan pleitesía, y una vez logrado, arremeten en contra de los países extranjeros, no sólo para buscar las reivindicaciones que consideran justas, sino para, en el escándalo generado, hacerse oír, tanto afuera como adentro del país. Todo eso hizo Antonio Guzmán Blanco y fue el mejor, patrón de referencia de todos los demás, quienes copiaron su estilo y lo trataron de adaptar a sus realidades y a sus épocas. Pero ninguno como él, quien unificó a Venezuela, creándole su identidad nacional y construyó además, como ninguno, la historia arquitectónica del país.

General Antonio Guzmán Blanco
Autor: Martín Tovar y Tovar, 1880
Ministerio del Poder Popular para
Relaciones Exteriores.

Antonio Guzmán Blanco nace en Caracas en 1829, heredando el perfil político de su padre, Antonio Leocadio Guzmán, quien fue fundador del Partido Liberal, Vice Presidente de Venezuela y cuatro veces Ministro de Interior y Justicia, y parte de la fortuna de su madre, Carlota Blanco de Aristeguieta. Pero a pesar de esta anhelada posición aristocrática, su familia no era del agrado de casi nadie, debido a la ambigüedad oportunista del padre, quien cambiaba de bando político a conveniencia personal, desarrollando en el joven Antonio una personalidad de hierro, para poder enfrentar con dignidad, los desagravios sociales a consecuencia de las acciones de éste.

Antonio Leocadio Guzmán
Autor: Martín Tovar y Tovar, 1874

Su impresionante carrera política despegó, casi, por casualidad. Antonio, estudiante de derecho para ese entonces, ejerce un cargo menor en el gobierno y fija su atención en la nieta del entonces presidente de Venezuela, el general José Tadeo Monagas, quien desaprueba la relación, pero poco podía hacer para distanciarla, hasta que vio, unos años después, en el horizonte lejano, la solución y nombra a Antonio, de tan sólo 25 años de edad, cónsul en la ciudad de Filadelfia en los Estados Unidos. Lo que éste nombramiento representaba para su futuro era más que el amor que lo unía a Luisa Teresa Giuseppi. Se marcha para el país norteamericano y desempeña su labor de manera impecable, recibiendo cada vez más cargos diplomáticos en el extranjero y de mayor relevancia, hasta que lograr ser el de Jefe de la Delegación Venezolana en Washington, y aun no cumplía los treinta.

José Tadeo Monagas

Un punto de inflexión en la vida de Antonio, que definió su carácter y afianzó como nunca su política liberal, fue La Revolución de Marzo de 1858, evento en que el ejército venezolano, ya cansado del abuso de poder de los hermanos Monagas, quienes habían modificación la Constitución Nacional a su conveniencia política impulsada por el entonces presidente, José Tadeo, y en la que se extendía el período presidencial de cuatro a seis años y permitiéndose además, por primera vez en la historia del país, la reelección inmediata. Esta revolución fue liderada por Julián Castro, quien asume el gobierno, y era, hasta ese día, fiel y gran amigo del ahora depuesto gobernante, como casi siempre pasa.

Julián Castro, presidente de Venezuela de 1858 al 1859.

 
El padre de Antonio, en una acción característica de su oportunismo político, siendo Vicepresidente de la Nación, se separa de inmediato de su aliado partidista y aclama su destitución e incluso su muerte, buscando, en éste acto de traición, un posible nuevo cargo en el nuevo gobierno conservador de Julián Castro, pero él, unos meses después, al no haber recibido ninguna regalía por su cabalgata traidora, participa en una conspiración (La Galipanada) y es obligado a exiliarse del país.

Antonio, apenas se enteró de esta cuestionable acción de su padre, se regresa de inmediato a Venezuela para aprovechar el caos reinante, ante la falta de carácter del nuevo presidente y afianzar nuevamente, debido a la crisis, el liberalismo, pero debido a la conspiración, aunque él no tuvo ninguna participación, es obligado a exiliarse y va rumbo a Curazao. Allí, junto a Juan Crisóstomo Falcón, se gesta la terrible Guerra Federal, que habrá de sumir al país en una sangrienta guerra ideológica: Conservadores versus Liberales. La guerra va a durar cinco años (1859 al 1863), teniendo en consecuencia un altísimo costo en vidas, alrededor de 200.000 personas, lo que equivale para ese entonces al 10% de la población, y una merma casi total de la ganadería nacional, en vista que casi todas las batallas se dieron en los Llanos.

El General Antonio Guzmán Blanco gesta su
carrera política con la suma de sus victorias
durante La Guerra Federal.

Como a veces ocurre en la lucha armada, los mismos aliados se enfrentan y la rivalidad pone en peligro la victoria, pero Antonio, quien se ganó la confianza de Juan Crisóstomo Falcón, intercede para conciliar a las partes, logrando enrumbar nuevamente a Ezequiel Zamora a la causa Federal. Este hecho, además de lo versátil y audaz que fue en sus campañas militares, todas exitosas, hacen de Antonio un político y militar de gran talla, lográndose al final el triunfo arrollador de los federales, y encaminándose él a la presidencia, lo cual logró por primera vez en 1870.

Arco de la Federación, inaugurado en 1895 por el presidente Joaquín Crespo en
homenaje al triunfo de los liberales en La Guerra Federal (1859 al 1863)

Con su característico estilo político, Antonio Guzmán Blanco, se apropia autocráticamente del poder en tres oportunidades: El Septenio (1870 al 1877); El Quinquenio (1879 al 1884) y el Bienio (1886 al 1888), creándose para sí, una de las mayores fortunas personales, utilizando distintas artimañas legales para conseguirlo, desarrollando una estructura de corrupción nacional muy imitada de allí en adelante, por la gran mayoría de los que han ostentado él poder. Pero a diferencia de muchos, logra a su vez, importantes progresos sociales, culturales y civiles.

Estatua de Antonio Guzmán Blanco conocida como "El Saludante",
frente al Palacio de las Academias en Caracas. Hoy inexistente.
 

Su interés masónico: intelectual y progresista, lo lleva a enfrentarse con La Iglesia Católica, para esa época retrógrada y muy conservadora, pero la única institución, hasta el momento, no doblegada por él.

Rivaliza con el recién nombrado Arzobispo de Caracas, Monseñor Guevara y Lira, a quien presiona de forma directa e indirecta, eliminándole o limitándole las prerrogativas que esta institución, hasta la fecha, gozaba. Las más relevantes, de carácter político, fueron: crear el Registro Civil, eliminando el Registro Parroquial, con el cual, la Iglesia Católica presionaba a todo ciudadano, fuera de la fe que fuera, a ser bautizado, para registrar así su nacimiento; impone a su vez como requisito legal el matrimonio civil antes que el religioso y aprueba el divorcio; crea la educación pública y gratuita y laica; ordena el cierre de todos los monasterios, claustros y templos, transfiriendo la educación superior a las universidades; y decreta la separación de La Iglesia Venezolana de la autoridad Vaticana, con lo que logra, en 1873, finalmente, por el papa León XIII, en un intento desesperado de evitar daños mayores, sustituyendo al Arzobispo y otorgándole total libertad a Antonio para que nombrase él a quien más le conviniera, lo cual hizo. En gratitud, Antonio Guzmán Blanco, va a construir importantes iglesias: La Iglesia de Santa Ana, la de Santa Teresa y La Basílica de Santa Capilla.

Una edificación, dos iglesias: Santa Ana y Santa Teresa, finalizada en 1881.
Cabe destacar que la esposa de Antonio Guzmán Blanco se llama Ana Teresa.
Basílica Menor Santa Capilla, construida en 1883 en tan sólo 6 meses.

Pero algunas antiguas sedes religiosas dan paso a lo modernidad visualizada por Antonio, quien ordena la construcción del Palacio Federal Legislativo en los terrenos expropiados del Convento de las Reverendas Madres de la Inmaculada Concepción, edificación que fue parcialmente inaugurada en 1873, a cinco meses del inicio de la obra. Las instalaciones, hasta 1961, albergó las sedes del Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial.

Palacio Federal Legislativo, finalizado en 1877 y diseñado por Luciano Urdaneta.

De igual manera, otra sede religiosa expropiada fue la Iglesia de la Santísima Trinidad, la cual estaba en ruinas desde el terremoto de Caracas de 1812. Antonio decide construir allí el Panteón Nacional, para albergar los cuerpos de todos los personajes relevantes, incluyendo, a futuro, el suyo… por supuesto, lo que no logró hasta 1999. La arquitectura de la edificación debía ser grandiosa, pero no podía ser identificada como una construcción eclesiástica. El cuerpo de Simón Bolívar, que reposaba desde 1842, hasta la fecha, en La Catedral de Caracas, es trasladado al recinto en 1874. Antonio Guzmán Blanco, para tan magno evento, va de la mano de la nana de Simón Bolívar, la Negra Matea, que a la fecha cuenta con 101 años de edad. Ella muere a la edad de 112 años.

Antigua iglesia de la Santísima Trinidad, destruida por
el Terremoto de Caracas en 1812.
Ilustración: Ferdinand Bellermann, mediados del siglo XIX
Diseño original del Panteón al momento de su inauguración en 1875.
 
El Panteón Nacional de Venezuela, re inaugurado en 1929. Diseño de
Manuel Mujica Millán.

En el ámbito cultural, deseando imitar el modelo parisino, desarrollado por el emperador Napoleón III, construye el Teatro Baralt en la ciudad de Maracaibo y el Teatro Guzmán Blanco, hoy en día teatro Municipal de Caracas. A su vez, crea becas artísticas, de los cuales salen favorecidos: Arturo Michelena y Cristóbal Rojas, entre otros.

Teatro Guzmán Blanco, actual Teatro Metropolitano.
Diseñado por el arquitecto Jesús Muñoz Tébar y finalizado
en 1881. Su primera obra fue la ópera Il Trovatore de
Giuseppe Verdi.

Propaga el nacionalismo independentista, adoptando en 1881 el “Gloria al Bravo Pueblo”, como Himno Nacional de Venezuela, música patriota creada el 19 de abril de 1810 y atribuida a  Vicente Salias y a Juan José Landaeta. También instaura La Casa de la Moneda y sustituye la moneda de circulación nacional: el “Peso Venezolano” por el “El Venezolano” y luego por El “Bolívar”, a partir de 1879.


Moneda de oro de 100 Bolívares, "El Pachano", en honor a
Jacinto Regino Pachano, inspector de la Casa de la Moneda.

En 1874, en la Plaza Bolívar, antigua Plaza de Armas, Antonio Guzmán Blanco hace erigir la estatua del Libertador, réplica de la estatua en la plaza homónima de la ciudad de Lima, Perú, diseñada en 1825 por el escultor italiano Adamo Tadolini.


Plaza Bolívar, antigua Plaza de Armas de Caracas.

Construye el Parque del Calvario, originalmente llamado Parque Antonio Guzmán Blanco, como casi todo lo que hacía.

Estatua de Antonio Guzmán Blanco, mejor conocida como "el Manganzón",
en lo alto de las escalinatas del Parque del Calvario. Esta estatua luego fue
derribada y en su lugar se colocó la de Cristóbal Colón que a su vez fue
sustituida por la del Cacique Guaicaipuro, que también fue desplazada para
ubicar, por ahora, la de Ezequiel Zamora.


Crea una sede permanente para el Templo Masónico de Caracas, instala las primeras redes telefónicas, comienza con el trazado eléctrico nacional y crea el sistema de alcantarillado y cloacas, destinando su caudal residual, por mala asesoría, al río Guaire.

Moderniza la red ferroviaria, realizando una proeza de ingeniería para la época. Construye la línea que va desde el Puerto de la Guaira hasta Caracas, con una diferencia de 900 metros de altura y la Cordillera del Centro en el medio.

El tren a la Guaira ayudó al crecimiento de la ciudad de Caracas.

En 1888, aquejado de mala salud y mucha impopularidad, prefiere renunciar, dejando en el cargo a su fiel amigo, Juan Pablo Rojas Paúl, para retirarse él a su amada París en donde va a morir en 1899.

Cortejo fúnebre de Antonio Guzmán Blanco en París, 1899.

A lo largo de las décadas, Antonio Guzmán Blanco, ha tenido grandes admiradores y muchos detractores, pero no hay duda, lo que somos hoy como Nación, en gran medida se la debemos a él.

El escritor Tomás Polanco Alcántara escribe en 1992, Guzmán Blanco: Una tragedia en seis partes y un epílogo y el dramaturgo José Ignacio Cabrujas escribe en 1986 El Americano Ilustrado, obra puesta en escena en el año 2000, por El Grupo Actoral 80.


Escrito por Jorge Lucas Alvarez Girardi
 

martes, 5 de noviembre de 2013

La Silla Eléctrica


Debido a los acelerados avances en el desarrollo y comercialización de la electricidad, a finales del siglo XIX, por dos grandes inventores: Tomás Alba Edison (inventor del bombillo) y George Westinghouse, ahora es factible darle un uso distinto al electrificar: electrocutar.

En 1886 el estado de Nueva York había creado una comisión para determinar un método de ejecución que sustituyera a la horca, y, que a pesar del crimen cometido por el condenado, fuese su muerte, una “más humana”.

Edison no desaprovecha la oportunidad y contrata a un ingeniero, Harold P. Brown, para que inventara un mecanismo rápido y viable para comercializar un método efectivo utilizando la electricidad, teniendo en cuenta que los Estados Unidos había aprobado la pena capital en la constitución de 1789 y, cada estado de la Unión necesitaría al menos una.

Pero sobre todo, Edison, fundador de Edison General Electric Company, junto al magnate financiero J.P. Morgan, deseaba eliminar a su gran rival comercial, Westinghouse Electric, fundada por George Westinghouse, quien, apoyado por el genio de Nikola Tesla, habían desarrollado un mejor sistema eléctrico, la corriente alterna (AC), con mayor capacidad de transmisión que la utilizada por Edison, la corriente continua (DC), y estando ambas compañías enfrentadas en lo que se conoce como: La Guerra de las Corrientes.

Cuadro comparativo de la rivalidad entre Edison y Tesla.

Esta “guerra”, no peleada en los campos de batalla, se luchaba en Wall Street y muchas veces se utilizaban estrategias peores que los usados por los soldados. El Mundo en esa época aun vivía en la oscuridad absoluta, y a excepción de algunas ciudades privilegiadas como: Nueva York, París o Londres, que habían desarrollado e instalado sistemas de iluminación con gas, el resto utilizaba lámparas de querosene, provisto por John D. Rockefeller y su muy poderosa Standard Oil.

Los dos grandes rivales en "La Guerra de las Corrientes"
Edison General Electric Company y Westinghouse Electric

Por ésta razón, y siendo Edison un hombre quien aprovechaba muy bien las oportunidades, decide eliminar a la competencia creando La silla eléctrica, pero ésta debía de utilizar, para su funcionamiento, la corriente alterna (AC), el sistema de trasmisión eléctrico de sus rivales, de manera tal, que los potenciales consumidores prefirieran, por asociación negativa, la de él, corriente continua (DC), a una utilizada para matar a criminales, y en perspectiva amplia, los pudiera electrocutarlos a ellos también, por considerarla más peligrosa.

Nikola Tesla, sentado muy tranquilo, frente a uno de sus
generadores para desmitificar la peligrosidad de la
corriente alterna.

Para probar que su método funcionaba y a la vez desprestigiar a su rival, ejecutaron a varios animales, entre ellos a un elefante, frente a la prensa. El estado de Nueva York aprobó en 1890, a la silla eléctrica, como método de ejecución y preparó sus instalaciones para electrocutar a su primera víctima, William Kemmler, un asesino confeso. 

Hasta un elefante, Topsy, fue electrocutado para probar
la pretendida peligrosidad de la corriente alterna (AC).

Este fue atado a la silla y se le colocó un electrodo en la cabeza y otro en la pierna. A pesar de que el método, en teoría, era “más humano”, la certeza del condenado, que sabe va a morir, un día específico, a una hora determinada, es lo que en realidad aterra. Los abogados de Kemmler intentaron apelar el método, al igual que muchos personajes relevantes, entre ellos George Westinghouse, quien pudo sospechar las verdaderas intenciones de Edison. Pero la gran influencia que tenía el inventor del bombillo eléctrico, influyó en la decisión y la muerte por electrocución se consideró la más humana de las ejecuciones para la fecha.

La silla electrica original que comenzó su uso en 1890.

Según los técnicos y especialistas, la inconsciencia se da de inmediato, lo que evita que el criminal sufra los dos shocks de más de 2000 voltios que van dirigidos a crear daños irreparables a los órganos vitales y causar la muerte. En el caso de Kemmler, el episodio no fue tan glamoroso como se esperaba y todos los presentes sintieron un fuerte olor a carne quemada, más allá de las contorciones y gemidos que realizó el condenado durante casi dos minutos. La prensa criticó el procedimiento y al contrario de los que Edison esperaba, de aniquilar a su competencia, él fue el centro de todas las críticas al punto que su socio financista, J.P. Morgan, aprovechó en secreto en comprar muchos más acciones de la compañía que él tenía con el inventor y lo sacó del negocio, para desvincularse de tan mala publicidad, cambiando el nombre a General Electric.

Irónicamente, la muerte por electrocutación continuo, aunque ciertas mejoras se realizaron, como fue el poner una esponja húmeda en la cabeza del condenado para agilizar el proceso. Pero no todos los hombres son iguales y algunos resisten más que otros. En 1946 Willie Francis fue ejecutado pero no murió y a pesar del alegato de sus abogados, fue electrocutado de nuevo, hasta su muerte, al año siguiente.

La Pena Capital existe legalmente desde que se organizaron las primeras civilizaciones, “ojo por ojo y diente por diente”, pero una creciente oposición en defensa de los derechos humanos ha logrado erradicar tan severa condena en casi todos los países del mundo, excepto, muchos de los países musulmanes, China, India y algunos de los estados de los Estados Unidos, que, desde su inclusión en la constitución, a la fecha, han sido ejecutadas más de 3.500 personas, a pesar de que algunos estados (12 de 50) ya la han sustituido por cadena perpetua.


Muchos hombres y mujeres inocentes han pagado con sus vidas errores en los sistemas judiciales.

La silla eléctrica comenzó a ser desplazada por la cámara de gas a partir de 1982, aunque existen aun estados en donde se les permite a los condenados escoger su método de muerte; el último en utilizarla, hasta ahora, ha sido James Neil Tucker en el 2004.

Existen 5 métodos de muerte vigentes: la silla eléctrica, la cámara de gas, la inyección letal, la horca y el fusilamiento. La decapitación dejó de ser utilizada a finales del siglo XIX.

Como hecho curioso, el emperador de Abisinia (Etiopía), Menelik II, al enterarse de la primera ejecución en la silla eléctrica, ordenó tres para instalarlas en su país y al recibirlas descubrió con tristeza que requería de electricidad para hacerlas funcionar, adelanto con el cual su país aun no contaba, pero sin desanimarse utilizó las sillas como tronos imperiales.

El emperador Menelik II sentado en una de
sus adquisiciones.

Escrito por Jorge Lucas Alvarez Girardi

jueves, 31 de octubre de 2013

Lady Jane Grey, la reina de los nueve días


En las ambiciones por el poder, hombre “buenos” vende barato su fidelidad a las leyes, al gobierno y a la nación, enceguecidos por sus deseos interpretan las voluntades a su antojo e involucran a los inocentes en sus intrigas. Lady Jane Grey, en su honesta ingenuidad, fue forzada a involucrarse en ésta densa trama que marcó un instante en el reino de Inglaterra.

Lady Jane Grey

A mediados del siglo XVI Inglaterra era un reino poderoso pero convulsionado por los enfrentamientos religiosos: Cristianos versus Protestantes, pero nada distinto del resto de Europa, que padecía los mismos problemas. Luego de la revolución luterana a principios de siglos, en cada país, sobre todo los del norte, la reforma religiosa es abrasadora, la conversiones se suma por miles al día, pero los monarcas, son más cautelosos, el aceptar a la nueva fe implica, en contexto, el rechazar a la autoridad papal, y aunque esto es seductor para muchos, debido a la constante inmiscución de La Iglesia Vaticana en los asuntos políticos de cada reino, al final, es una autoridad de poder y entre ellos se protegen, ya que al desautorizar la jerarquía de uno, este puede hacer lo mismo con ellos; un respeto por conveniencia que aun se mantiene.

En Inglaterra, el rey Enrique VIII Tudor, lujuriosamente manipulado por la ambición de Ana Bolena, había aceptado, como único medio para poder divorciarse de Catalina de Aragón, cambiar la religión del reino, desautorizando así el poder del papa León X, quien no le otorgó la anulación matrimonial, ajeándose de su influencia y transformándose él, en la absoluta autoridad política y religiosa, creándose la Iglesia Anglicana, bajo el beneplácito de muchos, aunque no de todos, que insisten en aferrarse en la óptica de la fe en la que fueron educados. Pero en ese período turbulento, en el que el patrimonio de la, ahora, antigua religión, fue saqueado y sus edificaciones agredidas y proscritas, no mucho más pasó, la esencia seguía siendo la misma, sólo un tecnicismo para lograr la anulación y casarse con su muy deseada Ana Bolena.

Enrique VIII Tudor, quien obsesionado por un descendiente
varón, y por impetuosa lujuria, se caso en seis oportunidades.

Cuando Ana Bolena tuvo una hija, Isabel, y no el tan promocionado y deseado hijo varón, pronto, Enrique VIII, se cansó de esta tormentosa relación y consiguió, para su conveniencia, la excusa perfecta para deshacerse de ella, y para siempre, ordenando su decapitación. Siendo ahora viudo, el rey insiste en la búsqueda de un heredero masculino y se casa con Jane Seymour, la misma tarde de la muerte de Ana. La nueva esposa (tercera de seis), da a luz el tan ansiado varón, su futuro sucesor, Eduardo VI, pero es un niño frágil y enfermizo, así que Enrique mantiene su obsesión, volviéndose a casar, en vista que su “amada” Jane murió a consecuencia del parto, pero no volvió a lograr aumentar su descendencia.

A la muerte del rey, su único hijo varón lo hereda en el trono por encima de sus dos medias hermanas: María, hija de Catalina de Aragón e Isabel,  hija de la difunta Ana Bolena, gracias a una enmienda conocida como: Acta de Sucesión de 1543 o La Tercera Acta de Sucesión. En las dos Acta anteriores, todas decretadas por el ya difunto rey y aprobadas por el Parlamento, sus respectivas hijas: María e Isabel, eran desposeídas del derecho de reinar, pero en la Tercera y ya con un varón en línea directa, Enrique VIII, las reincorpora a la sucesión, después del varón,  Eduardo VI, siempre y cuando él no llegue a tener herederos. Además estipula, en la misma Acta, el derecho a reinar a los nietos de su hermana menor, María Tudor, en el supuesto caso que sus hijas: María o Isabel no llegasen a tener herederos directos, colocando entonces a Lady Jane Grey, cuarta en la Línea de Sucesión.

Imagen que representa al rey Enrique VIII en cama, muriendo
de sífilis, afirmando a su hijo Eduardo VI como sucesor, y el
Consejo Real que lo va a guiar durante su minoria de edad.
Abajo se representa la ruptura religiosa con el papa.
Eduardo VI se convierte en rey a sus trece años y un Consejo Real fue creado para guiar los destinos del reino durante su minoría de edad. Con poder desmesurado, muchos de los miembros de éste consejo, aprovecharon el poco tiempo que les quedaba, dos años antes de decretarse la mayoría de edad del rey, para enriquecerse y comprar su influencia a futuro, asegurando su estabilidad y la de sus descendientes. El más voraz de todos, quien no escatimará en sus artimañas para mantenerse en la cima fue John Dudley, quien fue excelente estratega militar. Su principal enemigo era el actual Lord Protector de Inglaterra y tío del rey: Eduardo Seymour, quien por su jerarquía y afinidad consanguínea, se sintió con la autoridad de no necesitar del Consejo Real y comenzó a decretar leyes, muchas de ellas a su beneficio, atrayéndose muchos enemigos políticos, entre ellos el ambicioso John Dudley.

John Dudley, Duque de Northumbria

Al Lord Protector, Eduardo Seymour, se le involucra en un complot ficticio, para asesinar a todos los miembros del Consejo durante la celebración de un banquete. Su gran rival, John Dudley, logra convencer a todos de la veracidad de los hechos y Seymour se transforma de pronto en enemigo y traidor de la nación, perseguido, capturado, enjuiciado y condenado a muerte por decapitación. Con ésta brillante estrategia, digna de un gran general, Dudley logra consolidarse como Duque de Northumberland y Lord Protector de Inglaterra, llegando a realizar un excelente trabajo. Pero el joven rey, Eduardo VI, al tener ya la edad de legal para gobernar, 15 años, desea menoscabar la autoridad del Consejo, para asumirla directamente él, quien es enérgico y voluntarioso, pero muy enfermo, razón por la cual, María, la media hermana del rey es incorporada a participar en la política, lo que fuerza a Dudley, en un acto desesperado, a concilia una triple alianza matrimonial, para mantenerse, de una u otra forma, ligado a la más alta esfera del poder. El más relevante de estos matrimonios es el de su único hijo soltero, Guilford Dudley, con Lady Jane Grey, ahora tercera en la Línea de Sucesión.

Eduardo VI es un ferviente reformista de la Iglesia Anglicana y gracias a él se conforman las verdaderas bases del protestantismo, al que se aferra en mantener más allá de su muerte, razón por la cual debía hacer y cuanto antes, una modificación en la Línea de Sucesión, para saltarse a María como heredera de la corona, quien era en extremo devota del catolicismo, pero para lograrlo debía sacar también a Isabel, que a pesar de su convicción reformista, no se podía quitar a una y dejar a la otra, en vista de la Tercera Acta de Sucesión. Se cree que John Dudley manipula al rey a firmar una carta testamento, en el que de forma expresa, él, Eduardo VI, nombra como su sucesora a Lady Jane Grey, pero el rey muere antes que el documento fuera aprobado por el Parlamento, y a pesar de haber estado aprobado por 102 notables, su legalidad era muy cuestionada, por lo que Dudley presiona y amenaza a todos los que se opongan, con declararlos traidores. Con ese papel el más beneficiado era él, porque la reina ahora era su nuera.

Carta manuscrita por el mismo rey Eduardo VI, en la que
manifiesta su deseo de ser sucedido por su prima Lady Jane Grey.

María se enteró de inmediato de éste complot para privarla de su derecho y se marcha de Londres, para evitar el caer en manos de Dudley, y conformar un ejército fiel a su causa y a su religión.

Lady Jane Grey ignora todas las manipulaciones que se han hecho en su nombre para nombrarla reina. Incluso, al enterarse, rehusó el aceptar la corona, pero el Consejo Real en pleno, y su propio padre, la convencieron de la legalidad de dicho documento y la voluntad divina de dicho nombramiento. Así, que a partir del 10 de julio de 1553, comienza el reinado de Lady Jane Grey, quien para el momento se convierte en la segunda mujer en ser reina, en toda la historia de Inglaterra, habiendo sido la primera, Matilde, en 1141.

Miembros del Consejo Real, entre los que está John Dudley,
convenciendo a Lady Jane Grey, de aceptar la corona.

Cuando el pueblo se enteró de lo sucedido de inmediato tomaron partido a favor de la causa de María, por varias razones. La primera fue por simpatía ante el ultraje sufrido por ella, al ser depuesta y humillada su madre, Catalina de Aragón y la segunda, al enterarse, que detrás de éste nombramiento irregular estaba la voluntad de John Dudley, hombre muy poco popular con las masas. María conforma un ejército y marcha hacia Londres. Dudley arma al suyo y se le enfrenta, siendo momentáneamente derrotado, pero al llegar la noticia de la victoria de María, muchos de los miembros del Consejo, que una vez apoyaron a Lady Jane Grey, cambiaron de inmediato de bando, abandonando por completo a la joven reina, a quien apresaron en La Torre de Londres, a tan sólo nueve días de su proclamación.

La nueva reina, María I Tudor, ordena el arresto y juicio de todos los involucrados en la conspiración en su contra y uno a uno pasa por el cadalso. John Dudley Duque de Northumberland, es enjuiciado un mes después. El se defendió lo mejor que pudo, justificando su proceder bajo órdenes directas del difunto rey, pero ante su irremediable destino, desestimo a la corte argumentando: "si todos los presentes son igualmente partícipes de este crimen... ¿cómo pueden ser mis jueces?" Cuatro días después y ante una tumultuosa audiencia de más de 10.000 personas, es llevado al patíbulo en Tower Hill para ser decapitado. Sus últimas palabras fueron: "Este acto por el que muero no es enteramente mi culpa como se cree [...], sin embargo, Dios mediante, no diré sus nombres así que os pido, no busquéis más culpables [...]. Una última cosa debo deciros, buena gente, y es que os exhorto a tener cuidado de los aduladores malintencionados y a los doctores de la nueva doctrina quienes pretenden predicar la palabra de Dios a través de sus propias fantasías".

John Dudley ejecutado por traidor en Tower Hill.

La suerte de Lady Jane Grey era confusa y con rasgos de morboso romanticismo trágico. Fue enjuiciada y condenada a muerte por alta traición, pero la pena fue conmutada, al menos por el momento, en vista que la reina era su prima. Pero unos meses después, una rebelión en contra de María I, estalla cuando ella anunció su matrimonio con el ultra católico príncipe Felipe de España, futuro Felipe II, sellándose su destino, a pesar de haberse comprobado que ella no estaba involucrada en lo más mínimo. María I, le ofrece entonces perdonarle la vida, si ella renuncia a su religión anglicana y acepta el catolicismo, como estrategia desesperada por reconvertir a más de la mitad de sus súbditos, pero ella se niega y su condena se hace efectiva.

Cuadro que representa el frustrado intento de la reina María I Tudor
por convertir al catolicismo a su testadura prima.

En 12 de febrero de 1554, Lady Jane Grey fue llevada al cadalso privado, reservado para los miembros de la corte, en La Torre Verde (hoy en día inexistente), en los jardines internos de La Torre de Londres. Antes de morir, la una vez reina de Inglaterra pronunció las siguientes palabras: “Gente buena, he venido aquí para morir y por una ley estoy condenada justamente. Los actos de traición contra la Alteza Reina fueron ilegales y accedía a aceptar el trono. Pero nunca lo busqué o deseé y por eso me lavo las manos en la inocencia…”

Cuadro de Paul Delaroche, en el que se prepara a Lady Jane Gray
para ser decapitada en La Torre Verde.
El edificio destacado en rojo, hoy inexistente, es La Torre Verde.

Escultura que representa el area en donde se ejecutó a
Lady Jane Grey y a Ana Bolena, entre otros.

Lady Jane Grey tenía 16 años de edad al momento de su ejecución.

Varios libros y películas se han realizado de ella, ésta trágica figura del poder de otros, la más renombrada fue Lady Jane, protagonizada por Helena Bonham Carter y Cary Elwes, realizada en Reino Unido en 1986.



Escrito por Jorge Lucas Alvarez Girardi

domingo, 27 de octubre de 2013

Chenonceau, “El Castillo de las Mujeres”


El Palacio de Chenonceau, como ningún otro, narra la historia de las mujeres de Francia durante el siglo XVI, unas de intriga, rivalidad, deseo y luto. Edificación glorificada por los Valois y olvidada por los Borbón, que ha resurgido, con el paso de los siglos, hasta nuestra época, por el esmero de damas visionarias que lo han devuelto a su gloria de antaño.

El Palacio de Chenonceau en todo su esplendor sobre el río Cher.

Nada queda del castillo feudal del siglo XIII, ya que fue ordenada su destrucción, en 1411, por el futuro rey Carlos VII, cuando su dueño, Jean Marques, lo pone a la orden de los ingleses durante La Guerra de los Cien Años, en contra de las pretensiones francesas, y quien hubo de esperar 21 años, para que el mismo rey le diera, finalmente, la aprobación para la reconstrucción. Es a partir de éste momento cuando la historia de nuestro castillo comienza a armarse, con sus altos y bajos, para ser en la actualidad el más visitado después del Palacio de Versalles.

La Torre de Homenaje, único vestigio
del siglo XV, adaptada al nuevo diseño.

A la orilla del río Cher, afluente del río Loire, en el centro de Francia, Jean Marques construye un pequeño castillo y un molino fortificado. Pero a principios de siglo, 1513, uno de los descendientes de Jean, Pierre, ahogado en deudas, debe vender la propiedad a una familia recién ennoblecida, Thomas Bohier, ministro de finanzas del rey Carlos VIII. Su esposa, Katherine Briçonnet, se hace cargo de la remodelación, ordena el derribo de todo lo anteriormente allí construido a excepción de la Torre de Homenaje o Tour des Marques, a la que adapta a su nuevo diseño renacentista, un palacio. A Katherine le encantaba socializar, así que apenas estuvo la edificación en condiciones aptas, comenzaron las fiestas. Incluso el nuevo rey, Francisco I, asiste en dos oportunidades, y será el mismo rey, quien, unos años después expropiará la propiedad al hijo de los Bohier, por no pagar sus deudas a la corona, transformándose desde ahora en un Palacio Real, uno de los tantos que posee la monarquía.

Diseño del nuevo palacio a orillas del río, sobre los cimientos
del antiguo molino.

En el año 1553, el rey, Enrique II de Francia, a pesar de los intensos deseos de su esposa Catalina de Medici, le entrega el Palacio de Chenonceau y toda la propiedad, a su amante, Diana de Poitiers, la mujer más importante del reino en éstos momentos. El castillo pasa a ser desde ahora un punto de honor entre estas dos mujeres.

Las dos grandes rivales de su época: Diana de Poitiers,
amante del rey Enrique II y Catalina de Medici, la esposa.

Enrique II era el segundo hijo de Francisco I y al tener un hermano mayor, no se esperaba que él llegara a ser rey, así qué, cuando se concertó el matrimonio del príncipe con Catalina de Medici, heredera de una inmensa fortuna y sobrina del papa Clemente VII (Giulio de Medici), el enlace era muy conveniente para ambas familias: Francia obtenía dinero fresco y los Medici el tan ansiado título nobiliario. Los novios, de 14 años de edad cada uno, aparentan estar felices y luego de la celebración, la consumación, que, siguiendo la tradición, es supervisada, en ésta ocasión por el mismísimo rey y a la mañana siguiente por el papa.

El matrimonio del príncipe Enrique y Catalina, que,
según las palabras del papa Clemente VII, era
el mejor vínculo del Mundo.

La “felicidad” duró poco, al año siguiente el papa Clemente VII muere y su sucesor, Paulo III, se niega a pagar la dote, transformando a Catalina ahora en una carga para la corona, quien además, no queda embarazada. Hasta ese momento a los franceses no les afectaba para nada ese enlace, ni la falta de linaje de Catalina, pero cuando, tres años después, el príncipe heredero, Francisco, el duque de Bretaña, muere de forma muy sospechosa, todos los ojos críticos, de inmediato, se asentaron sobre la joven pareja, llamándola a ella “la italiana” y sugiriendo que se divorciara y contrajera nuevas nupcias con alguien más acorde a su estirpe. Ya desde hacia tiempo Enrique tenía a varias amantes, a las que no le importaba mostrar, pero una en especial fue la que cautivó su corazón, siempre: Diana de Poitiers, 25 años mayor que él.

Diana de Poitiers era una mujer inteligente, de
estirpe y hermosa, quien por tres décadas se
transformará en patrón artístico de la belleza femenina.

Diana nunca consideró a Catalina como competencia, por el contrario, incentivaba a Enrique para que visitara su cama con la intención de producir herederos para la corona. En cambio Catalina la detestaba, pero era impotente de hacer nada, al punto que Enrique II siempre mostró a Diana como su mujer al mando frente a toda la corte.

Desde su punto de vista, mientras no produjera un heredero, su posición en la corte era precaria; sin dinero, sin apoyo papal y sin hijos. Catalina durante diez años probó todo, lo conocido y lo desconocido para quedar embarazada, juntándose con alquimistas de muy dudosa reputación, que incluso la sedujeron para que se untara en la vagina estiércol de vaca o tomara orina de mula. Tal era su desespero que nada, por exótico que fuese la detendría de su objetivo, y sin saberlo, Diana siempre estuvo allí, alentando a Enrique a procrear e incluso cuidando a la reina cuando contrajo escarlatina. Eventualmente Catalina tuvo diez hijos, tres de los cuales serán reyes de Francia.

Catalina de Medici.

Pero la gota que derramó el vaso fue, cuando, a pesar de su intenso deseo de adquirir el Palacio de Chenonceau, Enrique se lo otorga a su favorita, Diana de Poitiers y a ella le asigna el Palacio de Chaumont, muy viejo para su gusto.

El Chateau de Chaumont ya es para la época un palacio
antiguo, de diseño severo, como si de una fortaleza se tratara.

Resignada, por ahora, Catalina de Medici, utiliza su nueva adquisición para rodearse de alquimistas y astrólogos, entre ellos el aun no tan notorio Nostradamus.

Diana de Poitiers transformó a su castillo en uno de los más hermosos del momento, ampliando las áreas, decorando los salones, diseñando un exquisito jardín y ordenando la construcción del puente que comunica ambos extremos del río Cher. En él se realizaron las más fastuosas fiestas del momento, con toda la nobleza presente, exceptuando a Catalina, por supuesto, quien por la cercanía entre un palacio y el otro, casi podría escuchar las celebraciones.

La extensión del puente que realizó Diana de Poitiers tenía como objetivo
el extender los jardines y anexar el área de cacería. Las galerías superiores
las va a realizar Catalina de Medici en el futuro.

Pero la venganza es dulce y Catalina demostró tener largas garras. En 1559, durante un torneo de celebración, en donde hoy está Place des Vosges, el rey, a sus 40 años de edad, insiste en participar como cualquier otro noble y es mortalmente herido, al recibir una certera estocada en la cabeza, como lo había profetizado Nostradamus. Durante su agonía, Enrique II ordena llamar a Diana a su lado, pero Catalina de forma expresa prohíbe a la amante acercarse al agonizante rey, quien muere unos días después de septicemia. Diana está desbastada, al prohibírsele asistir al funeral, exiliándola incluso de París, pero no a su Palacio de Chenonceau, el cual se lo quita, sino al de Chaumont, perdiendo en un instante todo el poder y la influencia con la que gozó por más de 25 años.

Ilustración del torneo en donde el rey Enrique II es herido
de muerte en 1559.

Catalina de Medici decidió borrar la memoria de Diana en el Palacio de Chenonceau, cincelando sus monogramas con los de ella, clausurando su habitación, diseñándose un jardín más íntimo, construyendo nuevos salones sobre el puente del río Cher y realizando fiestas aun más elaboradas, entre las que destaca el despliegue, por primera vez en Francia, de fuegos artificiales, para celebrar la ascensión al trono de su hijo Francisco II y su joven esposa, María Estuardo. Cada evento de relevancia se realizaba allí y poco a poco las nuevas generaciones olvidaron, o pretendieron olvidar, a Diana de Pointiers.

Vista aérea en donde se destacan, en primer plano el gran jardín construido
por Diana y en el fondo el pequeño jardín, uno más íntimo, creado por Catalina.

Además de Catalina, cinco reinas de la familia Valois tomaron recinto,
en algún momento del siglo XVI, en éste palacio: la reina Margot, primera esposa
de Enrique IV Borbón,; Isabel de Valois, esposa de Felipe II de España; María Estuardo,
esposa del rey  Francisco II; Isabel de Austria, esposa del rey Carlos IX y
Luisa de Lorena, esposa del rey Enrique III.

En 1589 muere Catalina, según cuenta la leyenda, al sentirse defraudada por las acciones inconsultas de su hijo Enrique III, con respecto a la tregua por él concertada con los hugonotes, partido protestante, con la que siempre ella estuvo enfrentada. El castillo es ahora heredado por Luisa de Lorena, esposa del rey, que a pesar de saber las preferencias sexuales de su pareja, lo amo profundamente y al morir él asesinado, unos meses después de su madre, ella lloró su pérdida a tal punto, que desde ese entonces vistió luto hasta el día de su muerte. El color tradicional del luto en esa época era el blanco, así que desde ese momento ella pasa a ser conocida como “La Reina Blanca”. El Palacio de Chenonceau va a sufrir su pena, las habitaciones van a ser clausuradas, las paredes cubiertas con tapices negros y ninguna otra fiesta se va a celebrar allí por doscientos años.

Con el pasar del tiempo, sus nuevos dueños, La Dinastía Borbón, desmantelaron el palacio, trasladando sus esculturas, muebles y tapices a Versalles, pero tuvo un nuevo renacer que evitó su destrucción durante La Revolución Francesa (1789). La familia Dupin lo adquiere a mediados del siglo XVIII y gracias a Madame Louis Dupin, su grandiosidad de antaño retorna a sus paredes, siendo testigo de elevados encuentros con los más renombrados intelectuales de la época: Montesquieu, Voltaire y Rousseau, entre otros tantos. Ella, durante los cuatro años que duró la revolución permaneció en su palacio, intercediendo con los fanáticos, destructores de cualquier cosa y los vecinos que, argumentando que ese era el único puente en kilómetros, debía de preservarse.

Louis Dupin intentó devolverle toda la grandeza al Palacio,
manteniendo, en lo posible, la memoria de Diana de Poitiers.
Esta es su habitación, pero con un cuadro de su rival,
Catalina de Medici, sobre la chimenea.

Lo mismo va a suceder en plena Segunda Guerra Mundial, que por tratarse de un palacio puente, su estructura permanecerá intacta y más aun cuando el cauce del río Cher, era la línea divisoria entre la Francia Ocupada por los nazis y la Francia “Libre” de La República Vichy. Siendo utilizado como una vía de escape de la opresión alemana.

Mapa de Francia dividida durante La Segunda Guerra Mundial.
El Norte le pertenece a Alemania y el Sur a la República Vichy.

Desde finales del siglo XIX hasta la actualidad, la familia Menier, dueña de Chocolates Menier, hoy en día de Nestlé, como dueños del Palacio Chenonceau, han invertido muchísimo dinero para mantenerlo como uno de los más prominentes sitios turísticos de Francia, recibiendo a casi un millón de visitantes por año, más allá de lo atractivo de su arquitectura, por lo relevante de su historia, testigo del fin de una de las dinastías más renombradas: Valois.


Escrito por Jorge Lucas Alvarez Girardi