viernes, 25 de octubre de 2013

La Compañía Británica de las Indias Orientales


La desobediencia civil pacífica de Mahatma Gandhi trajo sus frutos a largo plazo y con mucho esfuerzo en 1947, con la cual le es concedida la independencia a los indios, por parte del Reino Unido, dividiéndose estratégicamente el territorio, con el fin de evitar una guerra interreligiosa, fraccionándolo en áreas mayoritariamente pobladas por una u otra creencia, creándose varios países: los de mayoría musulmana, en Pakistán y Bangladesh; los hindúes en la India y los budista en Bután. Pero éste logro hubiese sido más difícil de conseguir, de no haberse dando, un siglo antes, una revuelta civil y militar, que sentó las bases de la estrepitosa caída de la asociación mercantil más grande que el Mundo haya visto hasta el momento: La Compañía Británica de las Indias Orientales.


Logo de la Compañía de las Indias Orientales.

Durante el reinado de Isabel I, en el siglo XVI, comenzó el expansionista inglés, y a partir de ese entonces,  hasta mediados del siglo XX, Gran Bretaña era conocida como “el imperio en donde nunca se pone el Sol”, llegando a poseer territorios en China, Australia, en el Continente africano y casi todo el norte de América y por supuesto controló a sus anchas la península hindú, todo eso gracias a una asociación mercantil, la Compañía Británica de las Indias Orientales, que desde sus modestos inicios en 1600, se le otorgó una licencia con el derecho de explotar comercialmente estas regiones, en especial la India.

Territorio en toda su extensión que estuvo dominado, a sus anchas, por
La Compañía Británica de las Indias Orientales.

Inglaterra necesitaba expandir su influencia comercial y para poder lograrlo debía inmiscuirse en áreas, para ese entonces, dominadas por otras potencias: Portugal y Los Países Bajos. Pero el territorio asiático, al norte del Océano Índico, era casi virgen, con gran atractivo en productos y materias primas: sal, índigo, seda, algodón, té, especies y nitrato de potasio, básico en la elaboración de la pólvora e incluso opio, para drogar y pacificar, ya que lo utilizaban como parte de pago a sus empleados.

El lucrativo comercio de las especies.

Por el control de la suma de todos estos bienes, bien valía la pena arriesgarse, incluso si se debía luchar por ellos, y La Compañía Británica de las Indias Orientales estaba dispuesta en hacerlo, enfrentándose a su gran rival: La Compañía Holandesa de las Indias Orientales, que ya había desplazado a Portugal en la hegemonía mercantil de la zona, pero que aún estaba allí, así que el primer objetivo de los ingleses fue el de eliminar la competencia, comenzando con el más débil.

Banderas respectivas de las dos potencias comerciales en la zona:
La Compañía Británica de las Indias Orientales y La Compañía Holandesa de
las Indias Orientales.

La Batalla de Swally en 1612 fue un enfrentamiento naval, que tras la derrota portuguesa, le dio a Gran Bretaña la confianza del emperador mogol, Jahangir, quien le otorgó acceso, casi irrestricto a todos los puertos de la India.

Batalla de Swally, en la que la hegemonía portuguesa en la
zona se pierde para ser tomada por Gran Bretaña.

A lo largo del siglo XVII, los británicos consolidaron sus puertos y crearon industrias, pero, para no ser ellos vulnerables a los deseos de las otras potencias o de los piratas, el rey Carlos II les otorga el derecho de crear un ejército, con la potestad de consolidar alianzas, declarar la guerra y firmar tratados de paz, pero más aun, la autonomía para legislar, enjuiciar y condenar, en bien de la Compañía y por supuesto, de los intereses del Imperio Británico, quien estaba exento de inmiscuirse en las decisiones allá tomadas, por más escandalosas que fueran, y muchas veces lo  fueron.

Batalla tras batalla, la Compañía va incrementando su dominio territorial, deponiendo a los maharajás o transformándolos en aliados serviles, acervando sus vicios y perversiones, con las que luego amenaza en divulgar. Para consolidar los vastos dominios adquiridos, recluta a soldados de entre los nativos, los cipayos, principalmente musulmanes, alrededor de unos 200.000, pero quienes, desde hace tiempo han ido incrementando el resentimiento con sus empleadores británicos, tanto por razones militares, sociales y religiosas, al asegurarse, que ellos, no respetan sus creencias y tradiciones, por más absurdas que pudieran parecer a los occidentales, entre las que destacan: la conversión de muchos indios al cristianismo; el Sati o costumbre de las viudas a lanzarse a la pira crematoria de sus esposos recién fallecidos; el asesinato de las niñas en los estratos más bajos de la población, por carecer de dote matrimonial, amenazando en transformarse en una carga económica de por vida, costumbre que aun se mantiene.


El Sati es la costumbre que se esperaba de las viudas de
inmolarse junto al difunto esposo.

Pero, la peor, desde el punto de vista de los soldados nativos, que además fue la gota que derramó el vaso, su perdición y el principio del fin de la Compañía Británica de las Indias Orientales, generando La Rebelión de los Cipayos, a mediados del siglo XIX, fue el obligar a los soldados a adaptarse a los avances técnicos por encima de sus creencias y costumbres: el fusil de carga frontal, Enfield Modelo 1853.

Para la época se corría el rumor, que el empaque que contenía la pólvora para cargar al fusil, que se debía rasgar con los dientes, estaba untado de grasa animal, ya fuese de cerdo, cuyo consumo era ofensivo para los musulmanes o de vaca, prohibida por los hindúes. Los británicos siempre alegaron que los cartuchos no se elaboraban con grasa animal, pero el rumor persistió y se acentuó con la creencia popular de la profecía que alegaba que el “dominio extranjero sólo duraría cien años”, y ese año, 1857, se cumplía un centenario de la Batalla de Plassey, en la que, Robert Clive y sus casacas rojas, logran vencer a un ejército diez veces más grande que el propio, apropiándose de los territorios de Bengala Occidental y en consecuencia el dominio inexorable del resto de la península.

Cartuchos utilizados por el rifle Enfield, con la cantidad
exacta de pólvora, el cual se debía romper con los dientes.

La Rebelión de los Cipayos estalló, cerca de Calcuta, ante la negativa de los soldados en utilizar los polémicos cartuchos de pólvora, creando la indignación en la jerarquía militar británica y el enfrentamiento con un soldado nativo, Mangal Pandey, quien va a ser enjuiciado por conspirador y condenado a muerte, lográndose un efecto no esperado por los colonizadores… la rebelión generalizada, ahora en nombre de la libertad. 



En nombre de la rebelión, ambos bandos cometieron grandes abusos.

Durante más de un año, de mayo de 1857 a julio de 1858, ambos bandos van a cometer atrocidades, justificándose cada quien por sus actos, pero los indios, a falta de un liderazgo unificado, experiencia militar y artillería pesada, pierden la guerra, y en represalia, la fuerzas colonialistas, masacran a todos los que ellos consideraron fueron simpatizantes a la causa, generando un escándalo más allá de las fronteras y forzando al Parlamento Británico a desmantelar las prerrogativas de la Compañía, tomar posesión de sus activos, que ahora pasaban a manos del gobierno y en particular a la cabeza de la reina Victoria, que desde el año 1877 es coronada Emperatriz de la India.


Con la intención de crear un precedente, para evitar otra revuelta a futuro,
los ingleses ejecutaron a varios de los líderes cipayos, atándolos a la boca
de cañones y disparando, desmembrando sus cuerpos y evitando, según la
tradición hindú, que los cuerpos pudieran volver a reencarnar.

A pesar de haberse otorgado concesiones y más beneficios para la población, sólo unos cuantos son los beneficiados y la semilla del inconformismo ya estaba sembrada, transformándose esta revuelta, para los independentistas indios, como el punto de inflexión y el inicio de un proceso que duraría otros 90 años, aunque todo intento se reprimió brutalmente, hasta que apareció Mahatma Gandhi, proclamando su desobediencia civil pacífica, que chocaba con los intereses y metodologías de los más reaccionarios, que deseaban un ataque violento, certero e inmediato al imperio.

La famosa Marcha de la Sal en 1930 fue un golpe al orgullo británico, que procedió de inmediato al arresto de Gandhi, con la intención de aplacar otras reacciones, pero para su alivio, fue La Segunda Guerra Mundial la que frenó las ansias independentistas, por los momentos, en apoyo a la derrota de los enemigos comunes, principalmente Japón, a pesar que un gran contingente indio se utilizó para combatir a los alemanes.

Gandhi caminó 390 Kilómetros para cosechar sal, sin tener
que pagar impuestos, en abierta rebelión pacífica al Imperio
Británico. Miles lo imitaron hasta que fueron arrestados
para frenar la desobediencia civil.

Gran Bretaña captó con anticipación el movimiento mundial anti colonialista y se adelantó a los hechos, encaminándose a otorgarle a la India su independencia, cosa que no hizo Francia con sus colonias, enfrascándose en 15 años de guerras inútiles, para que al final, se viera forzada a dárselas.

El Reino Unido comenzó con la descolonización de sus
territorios, como un gesto de buena voluntad, después
del fin de La Segunda Guerra Mundial, con la intención
de no enfrascarse en otras guerras y mantener su influencia
en la zona.

El Reino Unido, al momento de otorgar la independencia a los indios, no deseaban un país fuerte y unido que pudiese desestabilizar las fuerzas de poder en el territorio y aprovechó las rivalidades religiosas: hindúes y musulmanes, para dividir el territorio: la India, Pakistán, Bangladesh y Bután. No fue una transición fácil y Mahatma Gandhi tuvo que recurrir, en varias oportunidades, a huelgas de hambre para calmar los ánimos; ninguno de los dos bandos deseaba ser los responsables de la muerte del gran líder. 

Gandhi en una de sus tantas huelgas de hambre para intentar
aplacar las diferencias entre sus partidarios. Aquí posando
al lado de Indira Gandhi, hija de Nehrú.

Mahatma Gandhi, un inadvertido abogado, sin don de oratoria, logró de manera pacífica, y con mucha perseverancia, lo que cientos de idealistas nunca habían logrado de manera violenta, transformándose en uno de los personajes de la historia más amados y admirados, quien fue asesinado en 1948, por un nacionalista hindú.



Gandhi en la rueca hilando algodón.

El modelo indio se ha convertido en un ejemplo, muy imitado, al menos en los últimos años, lográndose demostrar que la fuerza civil organizada puede ser más poderosa que las fuerzas militares.


Escrito por Jorge Lucas Alvarez Girardi


lunes, 21 de octubre de 2013

La Abadía de Montecasino


En el año 529, un abad, Benito de Nursia, futuro San Benito, fundó en lo alto de una colina, en el centro de Italia, muy cerca de Roma, una abadía, para hacerlo tuvo que destruir él un antiguo templo romano dedicado al dios Apolo, mil cuatrocientos años después, las fuerzas aliadas, en su avance por liberar a Roma del ejército nazi, se enfrentaron a un dilema moral: respetar el valor histórico y espiritual de la edificación, que se había transformado en una fortaleza alemana, o destruirlo.

Iconografía de San Benito, representado
como el gran constructor de la vida
monacal en Europa.

Benito de Nursia fue hijo de un noble romano y como la tradición indica, por su condición privilegiada, su vida hubiese sido una de comodidades y lujos, pero él a muy temprana edad, alrededor de los 19 años, abandona su tierra y se marcha a Subiaco, a unos 70 Kilómetros de Roma, aparentemente para escapar de una fuerte decepción amorosa, allí se aísla en una cueva y se convierte en ermitaño.

Benito de Nursia representado como ermitaño en su
cueva de Subiaco, en donde permaneció tres años.

Poco a poco el desamor da paso a una introspección espiritual en la que él se descubre y analiza la condición humana, aunque a distancia, ya que en su aislamiento sólo recibe esporádicas visitas de un monje, Romanus de Subiaco, quien le trae el poco alimento que lo mantiene con vida. Aunque en lo escarpado de la montaña en la que decidió recluirse, sobre el río Anio, existe un monasterio y muchos monjes ermitaños, al igual que él, su sabiduría y discernimiento se hacen legendarios y al cavo de tres años ya tiene un grupo de seguidores que se le acercan para escuchar, cuando él se digna en hablar, sus sabios concejos. Al punto, que al morir el abad de un monasterio cercano, la comunidad le suplica, se convierta él en su líder. No de buena gana acepta, al presentir, que sus convicciones no iban a ser del agrado de la comunidad de monjes, como de hecho no fue, al exigirles, Benito de Nursia, disciplina, devoción y austeridad. Tan conflictiva fue la relación que en dos oportunidades lo intentaron envenenar.

Las comunidades monásticas de la época era bien relajadas y sus integrantes, aunque cumplían con su labor espiritual, orar en nombre de otros para evitar así el castigo divino, por los excesos de una vida disoluta y corrupta, ellos mismos, pero en nombre de Dios, vivían esa vida. Holgazanes la mayoría, se dedicaban a comer y beber, dependiendo de las donaciones de los fieles o peregrinos, para seguir engordando, y viene éste monje, Benito, que comía una vez cada dos días, de carácter austero, que los hace trabajar y rezar, Ora et Labora,  y quien, por insistencia de ellos mismos, ahora es su abad y hay que obedecerlo mientras viva, pero la vida en esos tiempos es muy frágil, y en una cofradía, secreta; algo así como “lo que pasa en el monasterio se queda en el monasterio”, y envenenan su copa, pero mientras Benito realizaba la bendición, la copa se quiebra ante el asombro y la decepción de su comunidad, entonces lo vuelven a intentar, envenenando el pan, y justo antes que Benito se lo llevase a la boca, un cuervo negro se lo quitó de la mano y lo llevó a un lugar en donde nadie lo pudiese encontrar. Benito identificó las señales divinas y abandonó el monasterio con la intención de crear él uno suyo, con sus preceptos y convicciones.

Luego de los dos intentos de asesinato, san Benito
decidió marcharse junto a algunos fieles seguidores
para ir conformando, con el tiempo, nuevos monasterios.

De regreso a su cueva se hace cada vez más popular por su devoción, desarrollando la capacidad de hacer milagros, atrayendo, cada vez más, a hombres de fe, dispuestos a someterse a su guía, aunque austera y disciplinada. Con el paso de los años y siempre en los alrededores de Subiaco, fue conformando monasterios, de doce monjes cada uno, en los que el precepto de comportamiento comunitario se fue desarrollando y la autarquía se convirtió en su norte. Todos estos monasterios debían ser autosuficientes.

"Ora et Labora"
Autor: John Rogers Herbert, 1862
Galería Tate, Londres.

Impulsado por su carácter evangelizador, se traslada a la pequeña ciudad de Casino, a medio camino entre Nápoles y Roma, para fundar allí, en lo alto de una colina, en el antiguo templo dedicado al dios Apolo, otro monasterio, La Abadía de Montecasino, y disciplinar al entorno que aun mezclaban preceptos cristianos con tradiciones y ritos paganos. El primer paso para lograr tal hazaña fue la de subir a lo alto de la colina, destruir el templo y con sus propias manos la estatua del antiguo dios romano, y como es costumbre, construir, en donde una vez hubo un templo sacro, uno nuevo, para que por sustitución, suplantar un rito de adoración por otro.

La Abadía de Montecasino se transformó en su residencia permanente, visitando, de vez en cuando los otros doce monasterios para asegurarse su buen funcionamiento, pero a sabiendas, que a su muerte, sus rígidos preceptos podrían fallecer con él, razón por la cual se dedica a escribir una guía de comportamiento comunitario, que sus monjes, con los abades a la cabeza, deberían seguir día a día. A éste manual se le llamó “La Regla de San Benito” o sencillamente “La Regla”, compendio de 73 capítulos que hacen de la vida comunitaria monacal un estilo de vida, regulando el comportamientos y las obligaciones individuales para mantener la espiritualidad y la eficiencia colectiva, basados en el precepto primordial, Ora et Labora.

Ilustración medieval que representa a San Benito dando
"La Regla" a  monjes de distintas órdenes monacales.
Monasterio de St. Gilles, Nimes, Francia.

A la muerte de Benito de Nursia, en el año 547, a los 67 años de edad, sus seguidores se encargaron de hacer cumplir “La Regla” y difundirla en todas las comunidades religiosas del continente y más allá, transformándose él en el santo patrón de Europa. Los símbolos con los que se identifica al santo son: el Libro que representa a “La Regla”; la copa rota y el cuervo con el trozo de pan en la boca, y se ha transformado en el santo patrón de los arquitectos, ingenieros, espeleólogos y agricultores, invocándolo contra las picaduras venenosas y la fiebre.

Montecasino prosperó y se transformó en un importante lugar de peregrinaje de personas que deseaban visitar al cuerpo del santo, pero su estratégica ubicación geográfica también fue su perdición, siendo destruido en varias oportunidades. La primera fue en el año 584, cuando los lombardo, en su auge conquistador de toda la península itálica, llegaron a la abadía y la destruyeron, obligando a los monjes allí asentados a trasladarse en pánico y llevándose el cuerpo de su santo fundador a un lugar seguro, inicialmente a Roma, pero en ésta época, la una vez imponente capital del Imperio Romano, estaba desolada y era insegura, así que con reliquia en mano se marcharon a Fleury, actual Saint-Benoit-sur-Loire, Francia, en donde aun reposa. Dos siglos después la comunidad de monjes benedictinos regresó y por un tiempo mejoró, sobre todo cuando el Mayordomo de Palacio, Carlomán, hijo de Carlos Martel, tras su gobierno, como rey sin corona, en Austrasia, decide retirarse, en el año 747, a una vida de recogimiento espiritual en La Abadía de Montecasino, dejándole todas sus posesiones y responsabilidades a su hermano Pipino el Breve, quien habrá de convertirse en rey de Francia.

En el año 833 una horda sarracena (musulmanes, que por un breve momento invadieron y saquearon a Italia), destruyeron la abadía, la cual, como el Ave Fénix, resurgió de las cenizas un par de siglos después bajo el brillante liderazgo del abad Desiderios, quien más tarde sería electo papa Víctor III, reconstruyendo los edificios, aumentando el número de libros de la biblioteca y decorando las instalaciones con magníficas obras de artistas de renombrada fama.

Patio interior de la abadía, que representa su importancia histórica.

Por mil años la abadía se destacó sobre todas las demás, siendo el patrón de inspiración en vida monástica, siempre inspirados, a veces con menos devoción y austeridad, por “La Regla de San Benito”, hasta que en el año 1799 las tropas napoleónicas invadieron Italia y en un afán destructivo, saquearon la abadía, pero ésta se recuperó y perduró hasta 1866, momento en que se disolvieron los monasterios tras la conformación de La República Italiana. Pero no fue hasta finales de La Segunda Guerra Mundial, 1944, que Montecasino vivió su más crítico momento.

Ruinas de La Abadía de Montecasino tras el bombardeo
masivo de las Fuerzas Aéreas aliadas sobre lo que ellos
creían era un enclave del ejército alemán.
En el avance de las tropas aliadas a Roma, La Abadía de Montecasino, se yergue inexpugnable en lo alto de la colina dominando los pasos vehiculares, haciendo casi imposible la movilización por tierra. El Alto Mando aliado evaluó la situación y al recibir informes de inteligencia, que aseguraban que tropas alemanas estaban acantonadas en la abadía, se toma la drástica decisión de bombardear. Ante la inevitable realidad, dos soldados de la Wehrmacht: el teniente coronel Julius Schlegel y el capitán Maximilian Becker, tomaron la iniciativa, a gran riesgo de sus vidas, el recolectar todos los documentos posibles, al igual que invalorables obras de arte y trasladarlos al Vaticano para su resguardo histórico y artístico.

Los dos oficiales alemanes cargaron camiones con todos los
objetos valiosos y los entregaron al Vaticano para evitar su
destrucción, entre los que destacan: 1.400 códices manuscritos.

La Fuerza Aérea aliada bombardeó hasta los cimientos la abadía en una batalla que habría de durar 4 largos meses a un altísimo costo en vidas humanas: 20.000 alemanas y 54.000 aliadas, pero a pesar del alto costo, las tropas de la coalición aliada avanzó y eventualmente llegó a Roma, liberándola de la opresión nazi.
Las fuerzas alemanas siempre negaron su acuartelamiento en la abadía previo el bombardeo, nunca en cambio el atrincheramiento en las faldas de la montaña, más cerca a las vías de comunicación. Pero si subieron, según ellos, a las ruinas, para aumentar la ventaja estratégica.

Luego de la guerra la abadía fue poco a poco reconstruida
como había sido en el pasado inmediato, intentando representar
toda la grandiosidad de ésta fabulosa casa monacal.

Interior de la Iglesia de la abadía, reconstruida.

La Abadía fue reconstruida después de la guerra, siendo re consagrada, en el año 1964, por el papa Pablo VI.

Escrito por Jorge Lucas Alvarez Girardi


viernes, 18 de octubre de 2013

Como Inglaterra ganó y perdió territorio en Francia


Desde la caída del imperio romano en el año 476 de nuestra era, los territorios europeos comenzaron una continua transformación territorial, que no ha finalizado aún y es lo que ha generado casi todas las guerras desde entonces. Ya sea para recuperar regiones ancestrales, áreas estratégicas o por mero resentimiento nacionalista, la metamorfosis geográfica es un ser latente a la espera de las oportunidades correctas.

Imperio Romano en el año 395, con la división territorial
entre occidente y oriente.

Previo a los romanos, siempre hubo rivalidad tribal, pero el imperio, a su conveniencia, definió las zonas, les adjudicó nombres, les generó estructura política y les sembró la sensación de pertenencia de algo grande, poderoso, con desarrollo y progreso: Britania, Galia, Hispania, etc. Creó el concepto de identidad nacional, e incluso cuando se le enfrentaron, todos los hombres lucharon bajo un mismo estandarte. Después de eso, tras las invasiones bárbaras y la inevitable caída de la Roma Occidental, ninguna tribu querría volver a lo que era antes.

Para el año 476, el Imperio Romano de Occidente, no logró mantener la
unidad territorial ante las continuas invasiones bárbaras provenientes
del noreste y se fue fragmentando hasta desaparecer, dando inicio a la
Edad Media y a la creación de los reinos europeos.

Tras un largo período de evidente confusión, un par de siglos, comenzaron a aparecer los primeros reinos estables, pequeños, pero con estructura, estamos por ahora en La Edad Media. Como es natural el más fuerte intenta tomar al más débil, hasta que lo somete, domina y se lo apropia, integrándolo a su estructura de gobierno. En Inglaterra fue un poco más fácil, porque todo el territorio que conforma la pequeña isla mantiene una misma identidad: cultural, geográfica, dialéctica y religiosa, sobre todo, teniendo en cuenta que los únicos enemigos que posee, por el momento, son locales, hasta que los vecinos de ultramar descubrieron la forma de  invadirlos: los sajones y los normandos.

Pero en Francia no es tan sencillo, ya que pertenece a la masa continental y los límites territoriales a veces son abstractos, eso significa que no están acostumbrados a que el territorio les pertenezca a ellos como nación y la mezcla de dialectos tribales hace un poco más difícil crear esa identidad nacional que da la geografía. Además, desde el punto de vista de los siervos, el pueblo llano, “si me va mejor con un señor feudal en particular, prefiero estar con él que contigo”, y como al final, ésta gente no tiene nada que perder, porque nada tiene, le es indiferente el uno u el otro.

Para el siglo XII, los ingleses poseen muchas propiedades en territorio francés a causa, más bien, de haber sido ellos, Inglaterra, conquistados, un siglo atrás, en 1066, por Guillermo I El Conquistador, duque de Normandía, territorio éste, vasallo del reino de Francia y por el posterior matrimonio, en el 1154, de Leonor de Aquitania, heredera de todas las provincias y feudos al oeste del reino galo, con el entonces rey Enrique II de Inglaterra, tras su fracaso matrimonial con su primer esposo, Luis VII de Francia, que de haber funcionado ésta relación o hubiesen tenido hijos varones y no hembras, sus propiedades habrían pasado por herencia a la corona y muchas guerras se pudieron haber evitado, pero no fue así.

Mapa de Francia del siglo XII con los dominios
destacados en rojo, herencia de Leonor de Aquitania
a sus hijos, Ricardo I y Juan, reyes de Inglaterra.

Cuando Francia comenzó a racionalizar, que por “lógica” ese territorio le debía de pertenecer a la corona y no a los señores feudales extranjeros, comenzaron extensas campañas militares para lograrlo, pero a veces las guerras son traicioneras, se puede ganar o perder, así que un método eficiente y conveniente son los arreglos matrimoniales, que crean alianzas, muchas veces convenientes para las dos partes. Pero a veces viene la desventura, los reyes en conflicto no tienen hijos o hijas para casar, así que de regreso al campo de batalla.

La expansión comenzó por iniciativa de Felipe II Augusto de Francia y poco a poco recuperó para su reino los territorios, una vez pertenecientes a Leonor de Aquitania, derrotando a su hijo menor, el rey inglés Juan, mejor conocido como Juan Sin Tierras, un personaje al que el destino histórico no le ha sido favorable, razón por la cual ningún otro rey de Inglaterra se ha llamado Juan.

Imagen que ilustra al rey de Inglaterra, Juan sin Tierras en
una escena de cacería.

Un siglo después y con el comienzo de La Guerra de los Cien Años, la corona inglesa, con su rey Eduardo III, invade la parte norte de Francia para reclamar lo que ellos consideraban les pertenecía, la corona francesa en pleno, por descendencia directa a través de su madre, Isabel, La Loba de Francia, hija del difunto rey Felipe IV El Hermoso (no confundir con el otro Felipe el Hermoso, esposo de Juana la Loca), quien al haber estado casada con el rey inglés Eduardo II, juntaba en su hijo, Eduardo III las dos casas reinantes: Plantagenet y Capeto, pero su primo, Felipe VI, de la casa de los Valois, aprovechó los conflictos internos de Inglaterra, para él apropiarse, por medio de un tecnicismo legal, del reino de Francia.

Eduardo III, rey de Inglaterra, hijo de Isabel
de Francia y Eduardo II Plantagenet.

Eduardo III, quien debería ser rey de Inglaterra y Francia, comenzó una guerra intermitente con su vecino continental, que duró 116 años, cargada de triunfos y fracaso, muchos de los cuales son logrados por el carismático rey inglés, Enrique V, quien tras su victoria en La Batalla de Agincourt, logró apoderarse de todo el norte de Francia, pero cuando ya casi veía a palmo el tan añorado sueno, murió y sus descendientes no supieron mantener, lo por él logrado, y perdieron todo excepto la ciudad de Calais en el norte, importante base militar anglosajona y un centro muy lucrativo en la producción, comercialización y exportación de lana.

Escudo de Eduardo III, en el que se destaca en
primer plano la Flor de Lis francesa, con el cual
él se adjudica ser rey de Francia e Inglaterra.

Los ingleses no volvieron a lanzar otra campaña para recuperar el territorio perdido por estar ellos mismos envueltos en una guerra civil, sangrienta y vil, conocida como La Guerra de las Rosas, en la que se definía, por medio de traiciones y asesinatos, quién era el legítimo heredero de la corona. Eso le dio un respiro a Francia, que consolidada y en paz, prosperó.

María I Tudor, reina de Inglaterra, con su
 esposo Felipe II Habsburgo, rey de España y
del Nuevo Mundo.

Cien años después, a mediados del siglo XVI, son los españoles, con su rey Felipe II, de la casa de los Habsburgos, quien al contraer matrimonio con la futura reina de Inglaterra, María I (Bloody Mary), hija de Catalina de Aragón y Enrique VIII, intenta conseguir la alianza inglesa al norte, y él, con sus posesiones en los países bajos y en España, rodear a Francia y conquistarla, pero los planes no se dieron como él se imaginó, debido a la prematura muerte de su esposa sin haber logrado gestar con ella un heredero, y no sólo tuvo Felipe II que regresar a sus fronteras tradicionales, sino que Inglaterra, gracias a ésta alianza, perdió su última posesión en territorio continental, Calais.

Escrito por Jorge Lucas Alvarez Girardi


miércoles, 9 de octubre de 2013

La Cerveza


Desde tiempos de antaño, ésta bebida turbia: amarillenta u oscura, ha cautivado con su peculiar sabor amargo a la humanidad, que junto al vino, es una de las bebidas alcohólicas más consumidas.

Conocida en la antigüedad como “pan líquido” por su proceso básico de elaboración a partir de la fermentación de la cebada o del trigo, era una bebida ideal, por su bajo grado alcohólico, para ingerir los niveles diarios de líquido sin tener que tomar agua, cuyos niveles de contaminación eran tan elevados que podía matar por infección, tan sólo por el contacto con la piel, ya que lastimosamente, el ser humano ha tenido la mala costumbre de contaminar lo que le es primordial.

Los cereales: cebada, trigo y arroz, fueron los principales
ingredientes para la elaboración de la cerveza hasta que se
firmó La Ley de Pureza en 1516, que definió a la cebada
como el ingrediente primordial.

Todas las civilizaciones del pasado se desarrollaron al borde de los ríos: el Nilo, el Tigris, el Eufrates, el Indo, el Amarillo, etc., por su constante flujo del vital líquido, al que utiliza para tomar, cocinar y sembrar, pero a su vez, vierte todos los desechos a éste, infectando su propia subsistencia. Entonces a alguien se le ocurrió calentar el trigo o la cebada, experimentando con otro método para extraer los nutrientes y al fermentarse descubre este líquido color ámbar de sabor desagradable, pero que al tomarlo, sobre todo en exceso, crea una sensación de espontánea alegría, aunque a algunos les da por llorar. Aunque lo más importante es, que con su ingesta, no se padecen los males tradicionales que se sufren al tomar el agua “pura”.

Algunos historiadores calculan que éste fabuloso invento se dio en el Medio Oriente, específicamente en los alrededores de Sumeria, hoy el sur de Iraq, hace 6.000 años y se conocía con el nombre de “sikaru”. Popularizándose de tal manera, que se llegaron a desarrollar unas 25 fórmulas de producción; ya sea en cuanto a la metodología o la aromatización, porque para que supiese mejor, le añadían otros ingredientes: flores, romero o comino. No fue hasta el siglo XII que se le agregó el ingrediente mágico, ese que le da el amargo característico: el lúpulo.

Tablilla de arcilla sumeria en la que se representa,
pictográficamente, el proceso de elaboración del "Sikaru"

Por muchos siglos, la fórmula del “sikaru” permaneció en las tinieblas, al desarrollarse en Europa la civilización griega y la romana, que eran más vinícolas que cerveceras, pero de alguna manera, tal vez gracias a los celtas, las comunidades sajonas del norte de Europa, mantuvieron de forma muy artesanal su consumo, pero aun aromatizándola con ingredientes diversos, siendo más bien una especie de vino de cerveza. En el Viejo Continente se puede trazar una línea que divide a los países que tradicionalmente producen y consumen vino y los que toman cerveza: los latinos y los nórdicos.


Ilustración que representa a san Benito elaborando
y consumiendo cerveza.
Con la llegada de Mahoma en el siglo VII, y la creación del islam, la producción y consumo de cerveza, al igual que el vino,  en el Medio Oriente cayó estrepitosamente al prohibirse el consumo de alcohol; medida en exceso drástica, pero requerida en su momento, por el descontrol que se tenía, por su alta ingesta y los efectos que la embriagues podía generar en las comunidades. Cuenta la leyenda que, a diferencia de lo ocurrido con Jesús en la última cena, Mahoma y un grupo de sus seguidores estaban cenando y al finalizar bebieron vino y una acalorada discusión se desató entre ellos, obligando al profeta a intervenir, reclamándole a Alá con estas palabras, “en verdad, el vino y el maisar, y los anazab y las flechas son abominación de los hechos de Schaitán (el diablo); evitadlos, pues acaso, vosotros seréis felices… En verdad, quiere el Schaitán introducir entre vosotros la enemistad y la cólera en el vino…” texto que aparece en el Corán. Los pueblos musulmanes sustituyeron el alcohol por el té y luego por el café, todos igualmente estimulantes. Y es irónico, que al morir, en el Paraíso, Alá los ha de recibir con ríos de vino.

Mahoma predicando a sus seguidores.

La llegada del lúpulo tiene su origen en los monasterios al norte de Europa en el siglo XII, en donde los monjes, experimentando con mejores metodologías para la conservación de la cerveza y evitar los impuestos a pagar por el Gruit (ingrediente “mágico” que se utilizaba para aromatizar y conservar la cerveza). Con la utilización del lúpulo se evitaba, al menos por los momentos, del pago extra a los señores feudales, bajando el costo de la producción y haciéndola muy competitiva, exportándose a lo largo de las ciudades de la costa báltica, y generándole a cada monasterio un ingreso extra para su subsistencia, razón por la cual la mayoría de las marcas existentes en Europa llevan los nombres de éstos santos lugares: Achel, Chimay, Gregorius, La Trappe, Orval, Rochefort, Westmalle y Westvleteren; seis en Bélgica y dos en Holanda. Estos monasterios son denominados trapenses, por pertenecer a la Orden de la Trapa, una variante de los cistercienses.

Las distintas marcas de cervezas actuales producidas en los
monasterios trapistas del norte de Europa.

El auge de su consumo viene de la mano, como ya dije antes, por ser una forma muy sana de consumir el líquido que el cuerpo necesita, debido a su bajo índice de alcohol; entre el 3 al 6 %, comparándolo con el 11 % del vino y el 40 % de las otras bebidas espirituosas, siendo éste parámetro definido en 1516 por el duque Guillermo IV de Baviera y conocido como La Ley de Pureza, en la que se especificaban los únicos cuatro ingredientes que debía tener la cerveza: agua, malta de cebada, lúpulo y levadura. En la Ley no aparece este último ingrediente con ese nombre, ya que la levadura fue descubierta por Louis Pasteur en 1880, pero existía una metodología “primitiva” para lograr el mismo efecto y era utilizando sedimentos de fermentaciones previas y agregándoselas a la nueva.

En Inglaterra la utilización del lúpulo no siempre fue legal. El rey Enrique VIII, prohibió su uso por presión del gremio de cerveceros, quienes notaron que el gusto por éste ingrediente no era del todo aceptado por los consumidores. Eventualmente su hijo, Eduardo VI, levanta la prohibición y dos productos de consumo se desarrollan en las islas británicas; el “Ale” es una cerveza sin lúpulo y “Beer” se elabora con ese componente.

Los ácidos del lúpulo contienen un efecto antibiótico
natural que ayuda a matar a las bacterias, a preservar a la
cerveza y a proporcionarles ese agradable amargo.

En los países hispanos la cerveza se popularizó gracias al Sacro Emperador Germánico, Carlos V Habsburgo, quien al ser también rey de España, introdujo su consumo en éste país peninsular y el resto es historia; esta bebida bien fría es refrescante, sobre todo en los países tropicales, ya que en los nórdicos europeos se consume a temperatura ambiente, aunque sea verano.

Collage con las marcas más importantes de cada país.

En la actualidad se producen 1.200 millones de hectolitros anuales y los países que más producen son: Los Estados Unidos el 20%, Alemania el 10 %, China el 9% y en América Latina, Argentina elabora el 1% de la demanda mundial, siendo Irlanda el país con el mayor índice de consumo: 138 litros por persona por año, con Alemania en un cercano segundo lugar con 136 y Dinamarca con 132.


Escrito por Jorge Lucas Alvarez Girardi


domingo, 6 de octubre de 2013

Ludovico Sforza se apropia del ducado de Milán


Quién ha dicho que la política es fácil, por el contrario, siempre ha sido un nido de víboras en donde lo que sale a la superficie es tan sólo la apariencia de lo que se quiere lograr, pero en el fondo quedan los hechos de lo que en verdad se busca y se anhela. Muchas veces se ve el período del Renacimiento como una época rodeada de arte, grandes artistas y esplendorosa arquitectura, pero también entre esa belleza hay intensión política y a través de lo que se muestra se busca influenciar y amedrentar al enemigo y por supuesto a los siervos. El poder y los poderosos no se detienen ante nada y muchas veces, aunque tratan de inculpar a otros, son ellos los que terminan pasando a la historia como traidores. Ludovico Sforza, il Moro, uno de los hombres más importantes de su época, no es inmune a ésta realidad y su ambición desmesurada lo llevó a la ruina política y personal.

Ludovico Sforza y su esposa Beatrice D´Este,
representados de rodillas, junto a sus hijos,
adorando a la Virgen y rodeados de Los Padres
 de La Iglesia Católica.
 Altar Sforza, en la Pinacoteca de Breda.

Si se escarba más allá de la belleza visual de la época descubriremos lo humano que somos los humanos. Bien pudo Nicolás Maquiavelo inspirarse en Ludovico para escribir su famoso y vilipendiado libro El Príncipe. Este debió haber sido su “Biblia” personal. Habiendo nacido cuarto hijo, las posibilidades de llegar a lo más alto, es complicado, tendría que cruzar los dedos para que el hermano mayor sufriera alguna enfermedad o accidente mortal… Dios lo tenga en la gloria, antes, incluso, que generase descendencia.

Ilustración de la ciudad de Milán, año 1494.
Crónicas de Núremberg

Ludovico los debe de haber cruzado pero no muy fuerte, ya que la fortuna a veces le sonrió y a veces la tuvo que luchar. El hermano, Galeazzo María, recibe el ducado de Milán a la muerte del padre Francesco I Sforza en el año 1466, fecha en la que Ludovico tan sólo contaba 14 años. Diez años después, “el milagro”, el hermano es asesinado, pero el ducado pasa a manos del hijo de 7 años, Gian Galeazzo, sobrino de Ludovico. No es momento de deprimirse por el infortunio sino de aprovechar las oportunidades y nuestro héroe se apropia del poder bajo la figura de Regente. Durante los 18 años en la que se esforzó por mantenerse en el poder: embelleció la ciudad, amplió su infraestructura, mejoró el comercio, invirtió en la industria y se rodeó de artistas, entre ellos: el arquitecto Donato Bramante y el ingenioso Leonardo Da Vinci, todo con la intención de congraciarse con un pueblo al que le ha expropiado el poder.

Como mecenas del arte, Ludovico Sforza contrata a Leonardo Da Vinci
para que realice La Última Cena.

Y se casó con Beatrice d´Este, noble muchacha que aportó a la ciudad un toque de gracia y buen gusto, y a él alcurnia social. Con ella tiene dos hijos: Maximiliano y Francisco II.

Beatrice d´Este, pintado por
Giovanni Ambrogio de Predis.
Pinacoteca Ambrosiana, Milán, Italia.

Supuesto retrato de la amante de Ludovico,
Cecilia Gallerani, pintado
por Leonardo Da Vinci, mejor conocido como
La dama del armiño, actualmente en el Museo
Czartoryski, en Cracovia, Polonia.

Y la buena suerte le volvió a sonreír cuando en el año 1494 murió su sobrino, de manera sospechosa, y aun así, los nobles milaneses, en vista de su intensa influencia, pero también por su buena labor durante el período de regencia, le ofrecen a él, la corona del ducado de Milán, a sus 42 años de edad. Ahora lo tenía todo, pero no todo siempre es suficiente y es aquí cuando la suma de malas decisiones pasa factura. Este mismo año el reino de Nápoles estrena un nuevo rey, el español Alfonso que de inmediato se alía con el papa, el también español, Alejandro VI, padre de Cesar y Lucrecia Borgia.

Esta alianza fue amenazadora para Ludovico, ya que le quitaba poder e influencia sobre la península, así que abrió las puertas de su ciudad a las tropas francesas, en ese momento regidas por Carlos VIII, para que la atravesaran y reclamaran su pretensión sobre el reino de Nápoles. Las otras ciudades estado italianas nunca le perdonaron tal atrocidad al duque de Milán, y cuando éste los necesitó, al ser él también invadido por el nuevo rey de Francia, Luis XII, todos le dieron la espalda, así que de una situación desesperada, una acción desesperada; negocia con el emperador del Sacro Imperio Romano, el alemán Maximiliano I, y con su ayuda y la de tropas mercenarias suizas entra en la ciudad de Milán y la retoma con júbilo.

Las tropas francesas del rey Carlos VIII entran en Nápoles.
Ilustración de Jean-Louis Fournel, 1498

Para lograrlo hubo de prepararse y distrae al artista Leonardo Da Vinci de su labor en la iglesia Santa Maria delle Grazie, pintando La Última Cena, para que le diseñara armas de guerra. Esta encomienda entretiene sobremanera al genio del Renacimiento, quien esboza docenas de complicados, pero muy avanzados mecanismos de guerra, que hasta el momento no se tiene certeza si en verdad se llegaron a poner en práctica. A lo que si se tiene referencia, es la utilización de las 70 toneladas de bronce que Leonardo disponía para la creación de una gigantesca escultura, El Gran Caballo, para la creación de cañones, entre otras armas.

El Gran Caballo de Leonardo, como pudo haber sido, si el bronce
para su elaboración no hubiese sido utilizado para crear armas
de guerra. Esta réplica está en Grand Rapids, Michigan, EEUU.

Pero la felicidad le dura poco, al ser traicionado por uno de sus mercenarios que lo entrega al rey francés, quien, habiendo sido traicionado por Ludovico, ahora reclama sus derechos hereditarios sobre el Ducado de Milán.

Los siguientes ocho años los pasó en un calabozo en el castillo de Loches, en pleno corazón de Francia, hasta que en 1508 murió, prisionero, de los que en una oportunidad fueron sus aliados.

Vista aérea del Castillo de Loches en los valles del Loire, Francia.

Los mercenarios suizos, con el tiempo reinstauran al hijo de Ludovico, Maximiliano, como duque de Milán.


Escrito por Jorge Lucas Alvarez Girardi

miércoles, 2 de octubre de 2013

Lilith, el alma perversa de la noche


En el Inicio (El Génesis hebreo), antes que Eva fuera creada de la costilla de Adán, ya existía Lilith, su esposa y pareja, creada por Dios a su imagen y semejanza, del mismo barro, para que se unieran y poblaran la Tierra, pero ella desafía a Dios y “es invitada a salir”, con lo que se convierte en un ser errante, nocturno, perverso.

Lilith, el ser de la noche.
Autor: John Collier, 1892
Tha Atkinson Art Gallery,
Southport, Inglaterra

Erase el Sexto Día y Dios ya había creado el Sol, la Luna, la Tierra, el Mar, las plantas, los peces y las aves, en los días previos, ahora faltaban los animales terrestres, a lo cuales hizo en pareja y les ordenó, “creced y multiplicaos”, satisfecho, decidió hacer al hombre y a la mujer con estas palabras, “creó, pues, Dios al hombre a imagen suya: a imagen de Dios le creó; creólos varón y Hembra.” Pero más adelante se elimina el concepto de la mujer, de un plumazo, hasta que aparece Eva. ¿Qué pasó con esa misteriosa hembra inicial? Y ¿por qué sólo aparece en La Torah judía y no en La Biblia?

Visión de Miguel Ángel de La Creación de Adán, en la que Dios se esfuerza
por tocar al hombre y darle vida. Al lado de Dios está representada Eva y Jesús.
Capilla Sixtina, Ciudad del Vaticano.

Remontándonos de nuevo al Sexto Día, según la interpretación de la versión bíblica, Génesis Rabba, el hombre, originalmente, fue creado sólo, sin pareja, obligado a ponerles nombre a todos los animales: león, leona; perro, perra; caballo, yegua; toro, vaca; etc., y él observando como todos los seres, cumpliendo la voluntad de Dios, se unían y multiplicaban, entonces sintió celos y copuló con cada hembra de cada especie, pero eso no lo satisfizo y exclamo, “todas las criaturas tienen parejas apropiadas menos yo”, y Dios, al darse cuenta del desastre genético que se pudo haber generado, decidió crear a la mujer del barro y formó a Lilith, para satisfacción de Adán.

Mosaico en el que se representa a Dios en el proceso de crear
a todos los animales que han de poblar la Tierra.

Pero esa felicidad duró poco, ya que ambos discutían constantemente, distanciándose cada vez más hasta que Dios intervino preguntando por lo sucedido, a lo que Lilith reclama ofendida, “¿por qué, si ambos somos hechos del mismo barro, en el acto sexual yo tengo que estar abajo y él sobre mí? Ambos argumentan colerizados sin llegar a concilio alguno y Dios, sabiamente prefiere callar, a lo que Lilith, ofendida por el silencio, se marcha, abandonando a su marido.

De manera implícita Adán había ganado la discusión, pero ahora estaba sólo nuevamente y antes que se pusiera creativo nuevamente, Dios lo sumerge en un profundo sueño y, arrancándole una costilla, crea a Eva de él, con lo que, desde ahora, hace dócil a la mujer hacia con el hombre, teniéndolo que obedecer.

La creación de Eva de la costilla de Adán.
Ilustración tomada del libro Las Crónicas de Nuremberg,
publicado en 1493.

Lilith, en su exilio, se convierte en un ser lujurioso, teniendo sexo con cualquier cantidad de demonios, los expulsados del Cielo tras la rebelión de Lucifer, engendrando un sin número de hijos, mejor conocidos como los lilims. A éstos hijos también los tiene al quedar embarazada con el semen de los hombres que eyaculan en la noche de manera involuntaria al tener sueños eróticos, convirtiéndolos en padres de seres demoníacos. Cuando tres ángeles de Dios, Snvi, Snsvi y Smnglof, la fueron a buscar para que regresara al Paraíso, ella se negó, siendo castigada con la muerte de cien de sus hijos cada día, desde entonces, según las tradiciones judías, ella se venga intentando matar a los niños menores de ocho días que no han sido aun circuncisos.

Tablilla sumeria de la diosa Inanna que muchas
veces es asociada con Lilith.

Si analizamos esta narrativa en contexto, la razón por la cual Lilith aparece en El Génesis de La Torah, es para hacer énfasis sobre la sumisión jerárquica que se requiere de la mujer con respecto al hombre, de lo contrario es expulsada, transformándose en un ser oscuro, promiscuo, rechazado. En cambio Eva se transforma en la pareja ideal, obediente y servil.

Este mito es redescubierto por muchos artistas durante el medioevo, quienes representan al demonio, que tienta a Eva a comer el fruto del conocimiento del Árbol Prohibido, Lucifer, el dador de luz, según su traducción del latín, como una serpiente, pero transformándolo en un ser femenino, Lilith, que en venganza, busca la expulsión de Adán y Eva del Paraíso.

Relieve de la catedral de Notre Dame en París, en el que se
representa a Lucifer como un ser femenino, Lilith.

El Árbol Prohibido representa el conocimiento, negado por Dios a los seres humanos y ofrecido a éste por Lucifer, al igual que Prometeo en la mitología griega, quien crea a los hombres, pero Zeus se niega a darles sabiduría, obligándolo a él, Prometeo, a subir al Monte Olimpo y en un descuido de los dioses, robarse el fuego y dárselo a los mortales.

Prometeo roba el fuego del Olimpo, el
conocimiento, y se lo da al hombre.
Autor: Heinrich Füger, 1817.

Al enterarse Zeus de la afrenta cometida por Prometeo, a éste lo castiga por toda la eternidad, a estar encadenado, en las montañas del Cáucaso, y su hígado ser devorado todos los días por un águila y regenerado en las noches para volver a ser comido al día siguiente, y al hombre lo castiga creando a la mujer: Pandora, la portadora de todos los males (La Caja de Pandora).

Pandora
Autor: John William Waterhouse, 1896
Colección Privada

En resumen, Lilith, en lo que a nuestra época representa, es la primera feminista, quien reclamó sus derechos de igualdad sexual con respecto al hombre e hizo del sexo un acto dinámico e interesante.


Escrito por Jorge Lucas Alvarez Girardi