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sábado, 28 de abril de 2018

Manuel Piar, Libertador de Oriente


Hoy, 28 de abril de 1774, nace el Prócer venezolano Manuel Piar, Libertador de Oriente, y triunfador, como ninguno, de 24 enfrentamientos de guerra, sin sufrir derrota, entre 1813 y 1817.

Retrato de Manuel Piar realizado por el artista 
Pablo W. Hernández, ubicado en el salón elíptico
del Palacio Federal Legislativo de Caracas.


Elevado al rango de General a los 46 años de edad por su tropa y luego ratificado por el mismo Simón Bolívar, crea la envidia de otros próceres, todos mantuanos, que lo señalan de arribista debido a su condición inferior de Casta, ya que lo consideran Mestizo, por ser el supuesto hijo de la mulata María Gómez y el español Fernando Alonso Piar. En esa época, los pueblos latinoamericanos se regían por el infame Sistema de Castas, que catalogaba a cada individuo según su herencia étnica y social, y las mezclas que podían darse entre los padres, siempre decreciendo, si no eran de la misma casta.


El Sistema de Casta que regía durante el período colonial
latinoamericano, degradaba al hijo que nacía fuera de su
estructural social y étnica.

Manuel Piar no recibe ninguna educación formal, pero por su inteligencia se destaca por encima de muchos, incluso de mantuanos, que lo recelan, conspirando a su alrededor y tildándolo de conspirador y traidor, siendo arrastrado a ese juego el mismo Simón Bolívar, quien ordena su fusilamiento luego de un juicio plagado de irregularidades.

El 17 de octubre de 1817, Manuel Piar es fusilado en la pared lateral de la
catedral de la ciudad de Angostura por orden de Simón Bolívar, de quien se 
le escucha decir "He derramado mi propia sangre".

Sobre su nacimiento se han especulado, desde hace mucho tiempo, otras versiones, y en todas se señala como madre a la mantuana Belén Jerez de Aristiguieta. En una de las versiones, Belén tuvo un amorío con Marcos Ribas y Bethencourt, lo que convertiría a Manuel Piar en medio hermano de José Félix Ribas. Otra versión es que ella queda embarazada tras su relación con Juan Vicente Bolívar y Ponte, padre de Simón Bolívar. Y la tercera, que es la que más se ha difundido, gracias a la novela “Manuel Piar” de Francisco Herrera Luque, es que Belén tuvo un romance con José Francisco de Braganza, príncipe heredero del reino de Portugal. Si alguna de estas versiones es verdadera, es lógico para la época, que el nacimiento del prócer estuviese envuelto en el misterio, ya que Belén no estaba casada, y un escándalo así era inconcebible en la Venezuela de entonces. Se dice que ella fue confinada en el Convento de las Reverendas Madres de la Inmaculada Concepción, en donde luego fue construido el Palacio Federal Legislativo. Allí Belén da a luz a Manuel y éste se le entrega a María Gómez para que ella lo críe en Curazao, bien lejos de las lenguas viperinas de la sociedad caraqueña.


Esta versión tiene un cierto sustento, entre otras razones, por la visita que años después Belén hace al Paredón de Fusilamiento, en la pared lateral de la catedral, donde Piar fue injustamente ajusticiado, en la ciudad de Angostura, hoy Ciudad Bolívar.


Escrito por Jorge Lucas Alvarez Girardi

viernes, 28 de junio de 2013

Simón Bolívar, entre la realidad y la fantasía. Cuarta Parte


Exiliado en Cartagena de Indias, en el Virreinato de Nueva Granada, hoy Colombia, Simón Bolívar, entre penurias económicas, disfruta de una libertad mal ganada, envuelta en un velo de traición a su maestro Francisco de Miranda. Pero es difícil criticar, desde el beneficio de la distancia y el tiempo, cuando se observan los resultados finales y el logro obtenido. Aun así, el método es erróneo y Bolívar intenta justificar sus acciones escribiendo varias cartas, entre ellas, la que se conoce como El Manifiesto de Cartagena, en donde, punto a punto, intenta explicarles a los líderes neogranadinos, los errores cometidos en La Primera República de Venezuela, que conllevo a su caída y evitar así que se vuelvan a cometer.


Simón Bolívar redacta El Manifiesto de Cartagena.

En el texto no enuncia ni un nombre, pero muchos quedan implícitos, razonando, que aunque la intención de los involucrados fue buena, la división estructural del gobierno no fue idónea al enunciar, “…Por manera que tuvimos filósofos por jefes, filantropía por legislación, dialéctica por táctica, y sofistas por soldados.” Me imagino yo que él aquí también se incluye, pues soldado no era.

Pero su mayor crítica es la concepción territorial que se creó luego del ascenso al poder de La Junta Suprema y la rivalidad generada entre las ciudades, una vez afines, y que desató una Guerra Civil, lo que aprovechó el enemigo.

Además, enuncia como una de las principales razones del desmoronamiento moral que arrastró al fin de la causa, fue el Terremoto de Caracas, ocurrido el 26 de marzo de 1812, que le costó la vida a alrededor de unas 20.000 personas, y en la que el gobierno fue lento e incapaz al momento de tomar decisiones y aminorar la tragedia. Sólo en Caracas, con una población calculada para el momento, de unos 50.000 habitantes, murieron alrededor de 12.000 personas.


Caracas, "la ciudad de lo techos rojos", antes del terremoto de 1812

Si a eso le sumamos que ocurrió un jueves santo, y que ante el temor generalizado, los sacerdotes realistas aprovecharon la oportunidad para definir el evento como un castigo divino de Dios ante la rebeldía de unos, en contra de la corona española, comparándolo con las tragedias míticas de ciudades antiguas: Babilonia, Jerusalén y la Torre de Babel. Entonces, ante un pueblo temeroso y supersticioso, congregados en la Plaza de San Jacinto, aparece Simón Bolívar y pronuncia su famoso discurso para deslindar lo ocurrido, de la fe. En una cita del texto completo, escrito por el realista José Domingo Díaz, se extrae, “si la naturaleza se opone a nuestros designios, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”, frase que él considera impía y extravagante.


"Terremoto de Caracas"
Autor: Tito Salas, 1929
Casa Natal del Libertador, Caracas

Tal fue el daño en la infraestructura, el caos y el riesgo a una epidemia, que se consideró el transferir a la capital, de la naciente República, a Catia, “donde el aire puro se puede respirar”. Lo que nunca se llegó a dar.


"Ruinas del Convento de Las Mercedes"
Autor: Cristobal Rojas




Sintiéndose satisfecho Bolívar, por lo redactado, a mediados de diciembre del año 1812, que lo entrega a una imprenta para su divulgación, lo que se hará a principios del siguiente año. Siendo muy curioso, que, entre todos los miles de documentos existentes del Libertador, recopilados posteriormente en 287 tomos, que no exista ni el manuscrito original, o al menos un borrador, ni siquiera el texto impreso, sino tan sólo una copia hecha del documento publicado.


Los líderes, representantes de la Corona Española en América estaban relativamente tranquilos, al menos en La Capitanía General de Venezuela, luego de haber sofocado la revuelta y haber disperso a sus cabecillas. Pero la semilla republicana, arraigada en otras naciones, germinaría poco a poco, y nuevos focos de inconformismo imperial brotaría a lo largo y ancho del occidente suramericano.

A sabiendas que su vocación era una militar, al menos por ahora, Bolívar le solicita al gobierno de Cartagena de Indias un comando de tropas y le es otorgada una pequeña guarnición de 70 hombres, con los que enfrentará, en pequeñas escaramuzas a guerrillas adeptas a la corona, obteniendo éxitos continuos que lo ayudaron a forjar su temple militar. Para él ya no hay vuelta atrás.


Fin de la CUARTA PARTE

Ir a la PRIMERA PARTE

Ir a la SEGUNDA PARTE

Ir a la TERCERA PARTE


Escrito por Jorge Lucas Alvarez Girardi

El Manifiesto de Cartagena. Segunda Parte

Por razones de espacio me vi obligado a dividir el documento de dos, anexo publico la segunda y última parte.

El Manifiesto de Cartagena (continuación)

Por otra parte, ¿qué país del mundo, por morigerado y republicano que sea, podrá, en
medio de las facciones intestinas y de una guerra exterior, regirse por un gobierno tan
complicado y débil como el federal? No es posible conservarlo en el tumulto de los
combates y de los partidos. Es preciso que el Gobierno se identifique, por decirlo así, el
carácter de las circunstancias, de los tiempos y de los hombres que lo rodean . Si éstos
son prósperos y serenos, él debe ser dulce y protector; pero si con calamitosos y
turbulentos, él debe mostrarse terrible y armarse de una firmeza igual a los peligros, sin
atender a las leyes, ni constituciones, ínterin no se restablece la felicidad y la paz.

Caracas tuvo mucho que padecer por defecto de la confederación, que lejos de
socorrerla le agotó sus caudales y pertrechos; y cuando vino el peligro la abandonó a su
suerte, sin auxiliarla con el menor contingente. Además, le aumentó sus embarazos
habiéndose empeñado una competencia entre el poder federal y el provincial, que dio
lugar a que los enemigos llegasen al corazón del Estado, antes que se resolviese la
cuestión de si deberían salir las tropas federales o provinciales, o rechazarlos cuando ya
tenían ocupada una gran porción de la Provincia. Esta fatal contestación produjo una
demora que fue terrible para nuestras armas. Pues las derrotaron en San Carlos sin que
les llegasen los refuerzos que esperaban para vencer.

Yo soy de sentir que mientras no centralicemos nuestros gobiernos americanos, los
enemigos obtendrán las más completas ventajas; seremos indefectiblemente envueltos
en los horrores de las disensiones civiles, y conquistados vilipendiosamente por ese
puñado de bandidos que infestan nuestras comarcas.

Las elecciones populares hechas por los rústicos del campo y por los intrigantes
moradores de las ciudades, añaden un obstáculo más a la práctica de la federación entre
nosotros, porque los unos son tan ignorantes que hacen sus votaciones maquinalmente,
y los otros tan ambiciosos que todo lo convierten en facción; por lo que jamás se vio en
Venezuela una votación libre y acertada, lo que ponía al gobierno en manos de hombres
ya desafectos a la causa, ya ineptos, ya inmorales. El espíritu de partido decidía en todo,
y por consiguiente nos desorganizó más de lo que las circunstancias hicieron. Nuestra
división, y no las armas españolas, nos tornó a la esclavitud.

El terremoto del 26 de marzo trastornó, ciertamente, tanto lo físico como lo moral, y
puede llamarse propiamente la causa inmediata de la ruina de Venezuela; mas este
mismo suceso habría tenido lugar, sin producir tan mortales efectos, si Caracas se
hubiera gobernado entonces por una sola autoridad, que obrando con rapidez y vigor
hubiese puesto remedio a los daños, sin trabas ni competencias que retardando el efecto
de las providencias dejaban tomar al mal un incremento tan grande que lo hizo
incurable.

Si Caracas, en lugar de una confederación lánguida e insubsistente, hubiese establecido
un gobierno sencillo, cual lo requería su situación política y militar, tú existieras ¡Oh
Venezuela! y gozaras hoy de tu libertad.

La influencia eclesiástica tuvo, después del terremoto, una parte muy considerable en la
sublevación de los lugares y ciudades subalternas, y en la introducción de los enemigos
en el país, abusando sacrílegamente de la santidad de su ministerio en favor de los
promotores de la guerra civil. Sin embargo, debemos confesar ingenuamente que estos
traidores sacerdotes se animaban a cometer los execrables crímenes de que justamente
se les acusa porque la impunidad de los delitos era absoluta, la cual hallaba en el
Congreso un escandaloso abrigo, llegando a tal punto esta injusticia que de la
insurrección de la ciudad de Valencia, que costó su pacificación cerca de mil hombres,
no se dio a la vindicta de las leyes un solo rebelde, quedando todos con vida, y los mas
con sus bienes.

De lo referido se deduce que entre las causas que han producido la caída de Venezuela,
debe colocarse en primer lugar la naturaleza de su constitución, que, repito, era tan
contraria a sus intereses como favorables a los de sus contrarios. En segundo, el espíritu
de misantropía que se apoderó de nuestros gobernantes. Tercero: la oposición al
establecimiento de un cuerpo militar que salvase la República y repeliese los choques
que le daban los españoles. Cuarto: El terremoto acompañado del fanatismo que logró
sacar de este fenómeno los más importantes resultados; y últimamente las facciones
internas que en realidad fueron el mortal veneno que hicieron descender la patria al
sepulcro.

Estos ejemplos de errores e infortunios no serán enteramente inútiles para los pueblos
de la América meridional, que aspiran a la libertad e independencia.

La Nueva Granada ha visto sucumbir a Venezuela; por consiguiente debe evitar los
escollos que han destrozado a aquella. A este efecto presento como una medida
indispensable para la seguridad de la Nueva Granada la reconquista de Caracas. A
primera vista parecerá este proyecto inconducente, costoso y quizá impracticable; pero
examinando atentamente con ojos previsivos, y una meditación profunda, es imposible
desconocer su necesidad como dejar de ponerlo en ejecución, probada la utilidad.

Lo primero que se presenta en apoyo de esta operación es el origen de la destrucción de
Caracas, que no fue otro que el desprecio con que miró aquella ciudad la existencia de
un enemigo que parecía pequeño, y no lo era considerándolo en su verdadera luz.

Coro ciertamente no habría podido nunca entrar en competencia con Caracas, si la
comparamos, en sus fuerzas intrínsecas, con ésta; más como en el orden de las
vicisitudes humanas no es siempre la mayoría de la masa física la que decide, sino que
es la superioridad de la fuerza moral la que inclina hacia sí la balanza política, no debió
el Gobierno de Venezuela, por esta razón, haber descuidado la extirpación de un
enemigo, que aunque aparentemente débil tenía por auxiliares a la Provincia de
Maracaibo; a todas las que obedecen a la Regencia; el oro y la cooperación de nuestros
eternos contrarios, los europeos que viven con nosotros; el partido clerical, siempre
adicto a su apoyo y compañero el despotismo; y sobre todo, la opinión inveterada de
cuantos ignorantes y supersticiosos contienen los límites de nuestros estados. Así fue
que apenas hubo un oficial traidor que llamase al enemigo, cuando se desconcertó la
máquina política, sin que los inauditos y patrióticos esfuerzos que hicieron los
defensores de Caracas, lograsen impedir la caída de un edificio ya desplomado por el
golpe que recibió de un solo hombre.

Aplicando el ejemplo de Venezuela a la Nueva Granada y formando una proporción,
hallaremos que Coro es a Caracas como Caracas es a la América entera;
consiguientemente el peligro que amenaza a este país está en razón de la anterior
progresión, porque poseyendo la España el territorio de Venezuela, podrá con facilidad
sacarle hombres y municiones de boca y guerra, para que bajo la dirección de jefes
experimentados contra los grandes maestros de la guerra, los franceses, penetren desde
las Provincias de Barinas y Maracaibo hasta los últimos confines de la América
meridional.

La España tiene en el día gran número de oficiales generales, ambiciosos y audaces,
acostumbrados a los peligros y a las privaciones, que anhelan por venir aquí, a buscar
un imperio que reemplace el que acaban de perder.

Es muy probable que al expirar la Península, haya una prodigiosa emigración de
hombres de toda clase, y particularmente de cardenales, arzobispos, obispos, canónigos
y clérigos revolucionarios, capaces de subvertir, no sólo nuestros tiernos y lánguidos
estados, sino de envolver el Nuevo Mundo entero en una espantosa anarquía. La
influencia religiosa, el imperio de la dominación civil y militar, y cuantos prestigios
pueden obrar sobre el espíritu humano, serán otros tantos instrumentos de que se
valdrán para someter estas regiones.

Nada se opondrá a la emigración de España. Es verosímil que la Inglaterra proteja la
evasión de un partido que disminuye en parte las fuerzas de Bonaparte en España, y trae
consigo el aumento y permanencia del suyo en América. La Francia no podrá impedirla;
tampoco Norteamérica; y nosotros menos aún pues careciendo todos de una marina
respetable, nuestras tentativas serán vanas.

Estos tránsfugos hallarán ciertamente una favorable acogida en los puertos de
Venezuela, como que vienen a reforzar a los opresores de aquel país y los habilitan de
medios para emprender la conquista de los estados independientes.

Levantarán quince o veinte mil hombres que disciplinarán prontamente con sus jefes,
oficiales, sargentos, cabos y soldados veteranos. A este ejército seguirá otro todavía más
temible de ministros, embajadores, consejeros, magistrados, toda la jerarquía
eclesiástica y los grandes de España, cuya profesión es el dolo y la intriga,
condecorados con ostentosos títulos, muy adecuados para deslumbrar a la multitud; que
derramándose como un torrente, lo inundará todo arrancando las semillas y hasta las
raíces del árbol de la libertad de Colombia. Las tropas combatirán en el campo; y éstos,
desde sus gabinetes, nos harán la guerra por los resortes de la seducción y del fanatismo.
Así pues, no queda otro recurso para precabernos de estas calamidades, que el de
pacificar rápidamente nuestras provincias sublevadas, para llevar después nuestras
armas contra las enemigas; y formar de este modo soldados y oficiales dignos de
llamarse las columnas de la patria.

Todo conspira a hacernos adoptar esta medida; sin hacer mención de la necesidad
urgente que tenemos de cerrarle las puertas al enemigo, hay otras razones tan poderosas
para determinarnos a la ofensiva, que sería una falta militar y política inexcusable, dejar
de hacerlo. Nosotros nos hallamos invadidos, y por consiguiente forzados a rechazar al
enemigo más allá de la frontera. Además, es un principio del arte que toda guerra
defensiva es perjudicial y ruinosa para el que la sostiene; pues lo debilita sin esperanza
de indemnizarlo; y que las hostilidades en el territorio enemigo siempre son
provechosas, por el bien que resulta del mal del contrario; así, no debemos, por ningún
motivo, emplear la defensiva.

Debemos considerar también el estado actual del enemigo, que se halla en una posición
muy crítica, habiéndoseles desertado la mayor parte de sus soldados criollos; y teniendo
al mismo tiempo que guarnecer las patrióticas ciudades de Caracas, Puerto Cabello, La
Guaira, Barcelona, Cumaná y Margarita, en donde existen sus depósitos, sin que se
atrevan a desamparar estas plazas, por temor de una insurrección general en el acto de separarse de ellas. De modo que no sería imposible que llegasen nuestras tropas hasta
las puertas de Caracas, sin haber dado una batalla campal.

Es una cosa positiva que en cuanto nos presentemos en Venezuela, se nos agregan
millares de valerosos patriotas, que suspiran por vernos parecer, para sacudir el yugo de
sus tiranos y unir sus esfuerzos a los nuestros en defensa de la libertad.

La naturaleza de la presente campaña nos proporciona la ventaja de aproximarnos a
Maracaibo por Santa Marta, y a Barinas por Cúcuta. Aprovechemos, pues, instantes tan
propicios; no sea que los refuerzos que incesantemente deben llegar de España, cambien
absolutamente el aspecto de los negocios y perdamos, quizás para siempre, la dichosa
oportunidad de asegurar la suerte de estos estados. El honor de la Nueva Granada exige
imperiosamente escarmentar a esos osados invasores, persiguiéndolos hasta sus últimos
atrincheramientos. Como su gloria depende de tomar a su cargo la empresa de marchar
a Venezuela, a libertar la cuna de la independencia colombiana, sus mártires y aquel
benemérito pueblo caraqueño, cuyos clamores sólo se dirigen a sus amados
compatriotas los granadinos, que ellos aguardan con una mortal impaciencia, como a
sus redentores. Corramos a romper las cadenas de aquellas víctimas que gimen en las
mazmorras, siempre esperando su salvación de vosotros; no burléis su confianza; no
seáis insensibles a los lamentos de vuestros hermanos. Id veloces a vengar al muerto, a
dar vida al moribundo, soltura al oprimido, y libertad a todos.

Cartagena de Indias, diciembre 15 de 1812.


Simón Bolívar



Manifiesto de Cartagena. Primera Parte

Este documento lo escribe Simón Bolívar durante su exilio en Cartagena de Indias, en el Virreinato de Nueva Granada, hoy Colombia, justificando las razones de la caída de la Primera República de Venezuela, con el objetivo de evitar el cometer los mismos errores que pudieran poner fin el ideal republicano.

El documento original escrito por Bolívar e incluso la primera impresión que se realizó los primeros días de enero de 1813 no existen y la única fe de éste documento fue la copia que se realizó de la impresión hecha y a continuación coloco.

Por razones de espacio en el Blog, tuve que dividirla en dos.

Manifiesto de Cartagena

Memoria dirigida a los ciudadanos de la Nueva Granada
por un caraqueño.

15 de diciembre de 1812
[Conciudadanos]

Libertar a la Nueva Granada de la suerte de Venezuela y redimir a ésta de la que padece,
son los objetos que me he propuesto en esta memoria. Dignaos, oh mis conciudadanos,
de aceptarla con indulgencia en obsequio de miras tan laudables.

Yo soy, granadinos, un hijo de la infeliz Caracas, escapado prodigiosamente de en
medio de sus ruinas físicas y políticas, que siempre fiel al sistema liberal y justo que
proclamó mi patria, he venido a seguir los estandartes de la independencia, que tan
gloriosamente tremolan en estos Estados.

Permitidme que animado de un celo patriótico me atreva a dirigirme a vosotros, para
indicaros ligeramente las causas que condujeron a Venezuela a su destrucción,
lisonjiándome que las terribles y ejemplares lecciones que ha dado aquella extinguida
República, persuadan a la América a mejorar su conducta, corrigiendo los vicios de
unidad, solidez y energía que se notan en sus gobiernos.

El más consecuente error que cometió Venezuela al presentarse en el teatro político fue,
sin contradicción, la fatal adopción que hizo del sistema tolerante; sistema improbado
como débil y ineficaz, desde entonces, por todo el mundo sensato, y tenazmente
sostenido hasta los últimos períodos, con una ceguedad sin ejemplo.

Las primeras pruebas que dio nuestro gobierno de su insensata debilidad, las manifestó
con la ciudad subalterna de Coro, que denegándose a reconocer su legitimidad, la
declaró insurgente, y la hostilizó como enemigo. La Junta Suprema en lugar de
subyugar aquella indefensa ciudad, que estaba rendida con presentar nuestras fuerzas
marítimas delante de su puerto, la dejó fortificar y tomar una actitud tan respetable que
dejó subyugar después la confederación entera, con casi igual facilidad que la que
teníamos nosotros anteriormente para vencerla, fundando la Junta su política en los
principios de humanidad mal entendida que no autorizan a ningún gobierno para ser por
la fuerza libres a los pueblos estúpidos que desconocen el valor de sus derechos.

Los códigos que consultaban nuestros magistrados no eran los que podían enseñarles la
ciencia práctica del Gobierno, sino los que han formado ciertos buenos visionarios que,
imaginándose repúblicas aéreas, han procurado alcanzar la perfección política,
presuponiendo la perfectibilidad del linaje humano. Por manera que tuvimos filósofos
por jefes, filantropía por legislación, dialéctica por táctica, y sofistas por soldados. Con
semejante subversión de principios y de cosas, el orden social se sintió extremadamente
conmovido, y desde luego corrió el Estado a pasos agigantados a una disolución
universal que bien pronto se vio realizada.

De aquí nació la impunidad de los delitos de Estado cometidos descaradamente por los
descontentos, y particularmente por nuestros natos e implacables enemigos los
españoles europeos, que maliciosamente se habían quedado en nuestro país, para tenerlo
incesantemente inquieto y promover cuantas conjuraciones les permitían formar
nuestros jueces, perdonándolos siempre, aun cuando sus atentados eran tan enormes,
que se dirigían contra la salud pública.

La doctrina que apoyaba esta conducta tenía su origen en las máximas filantrópicas de
algunos escritores que defienden la no residencia de facultad en nadie para privar de la
vida a un hombre, aun en el caso de haber delinquido éste en el delito de lesa patria. Al
abrigo de esta piadosa doctrina, a cada conspiración sucedía un perdón, y a cada perdón
sucedía otra conspiración que se volvía a perdonar; porque los gobiernos liberales deben
distinguirse por la clemencia. ¡Clemencia criminal, que contribuyó más que nada a
derribar la máquina que todavía habíamos enteramente concluido!

De aquí vino la oposición decidida a levantar tropas veteranas, disciplinadas y capaces
de presentarse en el campo de batalla, ya instruidas, a defender la libertad con suceso y
gloria. Por el contrario, se establecieron innumerables cuerpos de milicias
indisciplinadas, que además de agotar las cajas del erario nacional con los sueldos de la
plana mayor, destruyeron la agricultura, alejando a los paisanos de sus lugares e
hicieron odioso el Gobierno que obligaba a éstos a tomar las armas y a abandonar sus
familias.

Las repúblicas, decían nuestros estadistas, no han menester de hombres pagados para
mantener su libertad. Todos los ciudadanos serán soldados cuando nos ataque el
enemigo. Grecia, Roma, Venecia, Génova, Suiza, Holanda, y recientemente el Norte de
América, vencieron a sus contrarios sin auxilio de tropas mercenarias siempre prontas a
sostener el despotismo y a subyugar a sus conciudadanos.

Con estos antipolíticos e inexactos raciocinios fascinaban a los simples; pero no
convencían a los prudentes que conocían bien la inmensa diferencia que hay entre los
pueblos, los tiempos y las costumbres de aquellas repúblicas y las nuestras. Ellas, es
verdad que no pagaban ejércitos permanentes; mas era porque en la antigüedad no los
había, y sólo confiaban la salvación y la gloria de los Estados, en sus virtudes políticas,
costumbres severas y carácter militar, cualidades que nosotros estamos muy distantes de
poseer. Y en cuanto a las modernas que han sacudido el yugo de sus tiranos, es notorio
que han mantenido el competente número de veteranos que exige su seguridad;
exceptuando al Norte de América, que estando en paz con todo el mundo y guarnecido
por el mar, no ha tenido por conveniente sostener en estos últimos años el completo de
tropa veterana que necesita para la defensa de sus fronteras y plazas.

El resultado probó severamente a Venezuela el error de su cálculo, pues los milicianos
que salieron al encuentro del enemigo, ignorando hasta el manejo del arma, y no
estando habituados a la disciplina y obediencia, fueron arrollados al comenzar la última
campaña, a pesar de los heroicos y extraordinarios esfuerzos que hicieron sus jefes por
llevarlos a la victoria. Lo que causó un desaliento general en soldados y oficiales,
porque es una verdad militar que sólo ejércitos aguerridos son capaces de sobreponerse
a los primeros infaustos sucesos de una campaña. El soldado bisoño lo cree todo
perdido, desde que es derrotado una vez, porque la experiencia no le ha probado que el
valor, la habilidad y la constancia corrigen la mala fortuna.

La subdivisión de la provincia de Caracas, proyectada, discutida y sancionada por el
Congreso Federal, despertó y fomentó una enconada rivalidad en las ciudades y lugares
subalternos, contra la capital; ¿la cual, decían los congresales ambiciosos de dominar en
sus distritos, era la tirana de las ciudades y la sanguijuela del Estado?. De este modo se
encendió el fuego de la guerra civil en Valencia, que nunca se logró apagar con la
reducción de aquella ciudad; pues conservándolo encubierto, lo comunicó a las otras
limítrofes, a Coro y Maracaibo; y éstas entablaron comunicaciones con aquéllas,
facilitaron, por este medio, la entrada de los españoles que trajo consigo la caída de
Venezuela.

La disipación de las rentas públicas en objetos frívolos y perjudiciales, y
particularmente en sueldos de infinidad de oficinistas, secretarios, jueces, magistrados,
legisladores, provinciales y federales, dio un golpe mortal a la República, porque la
obligó a recurrir al peligroso expediente de establecer el papel moneda, sin otras
garantías que las fuerzas y las rentas imaginarias de la confederación. Esta nueva
moneda pareció a los ojos de los más, una violación manifiesta del derecho de
propiedad, porque se conceptuaban despojados de objetos de intrínseco valor, en
cambio de otros cuyo precio era incierto y aun ideal. El papel moneda remató el
descontento de los estólidos pueblos internos, que llamaron al comandante de las tropas
españolas, para que viniese a librarlos de una moneda que veían con más horror que la
servidumbre.

Pero lo que debilitó más el Gobierno de Venezuela fue la forma federal que adoptó,
siguiendo las máximas exageradas de los derechos del hombre, que autorizándolo para
que se rija por Sí mismo, rompe los pactos sociales y constituye a las naciones en
anarquía. Tal era el verdadero estado de la Confederación. Cada provincia se gobernaba
independientemente; y a ejemplo de éstas, cada ciudad pretendía iguales facultades
alegando la práctica de aquéllas, y la teoría de que todos los hombres y todos los
pueblos gozan de la prerrogativa de instituir a su antojo el gobierno que les acomode.

El sistema federal, bien que sea el más perfecto y más capaz de proporcionar la felicidad
humana en sociedad, es, no obstante, el más opuesto a los intereses de nuestros
nacientes estados. Generalmente hablando, todavía nuestros conciudadanos no se hallan
en aptitud de ejercer por S mismos y ampliamente sus derechos; porque carecen de las
virtudes políticas que caracterizan al verdadero republicano; virtudes que no se
adquieren en los gobiernos absolutos, en donde se desconocen los derechos y los
deberes del ciudadano.




jueves, 27 de junio de 2013

Simón Bolívar, entre la realidad y la fantasía. Tercera Parte


Tan entusiasta había sido Simón en los años, tras su regreso de Europa, promocionando el ideal independentista, que ha sus 27 años de edad es enviado, junto a Andrés Bello y Luis López Méndez, tras los sucesos del 19 de abril de 1810, a Londres con el objetivo de buscar reconocimiento y ayuda para la naciente República de Venezuela (Primera República), ante la guerra que a todas luces se avecinaba.

La comitiva negociadora en Londres, 1810
Simón Bolívar, Andrés Bello y Luis López Méndez

Para los británicos el ayudar a Venezuela y a la causa independentista de América, tiene un doble objetivo: desquitarse con el Imperio Español por el dominio del Mar Caribe, luego de siglos de rivalidad, y el aumentar su influencia comercial en la región. Pero no lo puede hacer de manera evidente, ya que en la diplomacia hay que tener mucha mano izquierda, así que se manejó un doble discurso: el gobierno criticó abiertamente a los revolucionarios, pero les permitió desplazarse, actuar y solicitar ayuda, porque al final, ganaran los que ganaran, ellos lograrían aumentar su influencia en la zona, ya que, en río revuelto ganancia de pescadores. Pero los ingleses deben de actuar pronto, ya que de sentirse atrapados, los revolucionarios podrían buscar ayuda en Francia, a pesar de Napoleón haber demostrado muy poco interés por el Nuevo Mundo.

De modo tal, que pusieron a disposición de los independentistas la corbeta Wellington, por si era  requerida y requerida fue. Los tres delegados se embarcaron, cada uno de ellos con un objetivo específico y sin tiempo que perder; América está llena de soldados españoles y la guerra estaba a punto de comenzar.

Varias entrevistas secretas concertaron con el canciller británico, pero los procesos son lentos y la ansiedad los turba, muy pocas noticias reciben desde Caracas y todas ellas contradictorias. La comitiva se reúne con Francisco de Miranda, que reside en Londres, bajo la protección del reino,  quien los presenta con muchos sectores importantes de la sociedad. Algunos están dispuestos en ayudar por el idealismo per se, otros en cambio, por interés. Pero tanta diplomacia desesperó a Bolívar, quien decide regresar, dejando en Londres a los otros dos delegados. Con el intelecto innato de Andrés Bello, Francisco de Miranda suma más adeptos a la causa y Luis López Méndez, a lo largo de su estadía, se va a encargar de conseguir los insumos de guerra necesarios para la contienda e incluso un contingente militar de más de 5.500 voluntarios que se llegó a conocer como La Legión Británica (1817).

En su viaje de regreso a Venezuela, Bolívar se siente fracasado, lo que implica, que la lucha se dará, a pesar de no contar con el apoyo británico, pero si está convencido, que la presencia física de Francisco de Miranda en el territorio nacional es crucial y aboga por su regreso ante la Junta Suprema, mejor conocida como Junta Suprema conservadora de los derechos de Fernando VII, que le es antagónica al Precursor de la Independencia. La mayoría de los oficiales patriotas, en un primer momento, creían defender los derechos del rey depuesto, a quien Miranda le era adverso, para luego captar, que el proyecto era otro, uno de independencia total.

Miembros varios de La Junta Suprema y Bolívar se trasladan al puerto de La Guaira para darle la bienvenida a Miranda, al que se le asigna el rango de Teniente General. Pero la aversión iba más allá del conflicto de intereses y la envidia que se le tenía al líder revolucionario, Francisco de Miranda es de una casta sin abolengo, y Venezuela, para ese momento, es aún muy tradicionalista. Las rivalidades se manifiestan ante la imposibilidad de la Junta de consolidar la unión de todas las provincias: Maracaibo está aún muy vinculada al virreinato de Nueva Granada y Coro mantiene una rivalidad jurada con Caracas desde que perdió el estatus de capital de la Provincia de Venezuela desde el siglo XVI; lo resentimientos muchas veces son eternos y los históricos aun más, ya que son reavivados por ciertos individuos en sus momentos de interés.


"Bolívar recibe a Miranda en el Puerto de La Guaira".

Es un error el imaginarse que todos los ciudadanos de cada una de las Siete Provincias firmantes estuvieran con la causa patriota y es allí, en el corazón de la naciente República, en donde se van a dar las primeras batallas. Nada se logra conquistando nuevos territorios si aun no se domina el propio.

Mapa de La Primera República de Venezuela.

El descontento social de la población con sus nuevos gobernantes era evidente y la mayoría de los pobladores se apegaban, implícitamente, a la cita “mejor es malo conocido que bueno por conocer”, y en verdad lo era, el nuevo régimen no se preocupó por el individuo, sino por la causa, dando por sentado que todos se sumarían a ella, sin apegos personales, pero muy alejados estaban de la realidad, “cada persona es un Mundo” y los intereses particulares siempre pesan más que los ideológicos.

La ciudad de Valencia no estaba del todo con la causa revolucionaria y se intentó tomarla, sin éxito, en varias oportunidades, a pesar que la Junta Suprema contaba con un militar forjado en batallas en tres continentes (América, Europa y África), que ostentó los rangos más altos en cada uno de esos ejércitos, pero quien no era mantuano, Francisco de Miranda. En cambio se envió a su enemigo jurado, el Marqués del Toro, quien en 1806, al mando de las tropas realistas lo había derrotado en su intento por desembarcar en Coro, aunque ahora, ambos hombres luchaban en el mismo bando, la aversión entre ellos permanece. Al final, la Junta Suprema, se ven forzada a enviar a Miranda y en un dos por tres, toma la ciudad y la convierten en la capital de la nación para así forzar su adhesión a la causa. Bolívar a todas éstas, se destaca como comandante brillante y aguerrido y gracias a Francisco de Miranda, es promocionado al rango de Coronel dentro de las filas patriotas, a pesar de haber recibido muy poca instrucción militar (en 1797, antes de cumplir los 14 años de edad entró en el Batallón de Milicias de blancos de los Valles de Aragua).



"El Marqués del Toro"

Obviamente existía una relación casi paternal entre ellos dos, Miranda para ese entonces contaba con 62 años de edad y Bolívar aun no cumplía los 30 años. Tal vez era la afiliación masónica que ambos tenían o el hecho de haber luchado por los ideales ante terceros en el exterior, pero lo que haya sido, también turbó en buen juicio del Precursor de la Independencia (Miranda) al imponer a Simón, un soldado inexperto, a comandar la guarnición de Puerto Cabello, la más importante del territorio para ese momento y en donde ya se fraguaba una conspiración al mando de Domingo de Monteverde, quien a sus 39 años de edad, lidera a un pequeño ejército de 230 hombres, apropiándose de las fortificaciones principales, entre ellas el Castillo San Felipe, forzando con ello la caída del puerto y obligando a Bolívar a huir. La vergüenza del futuro Libertador se va a arraigar en su corazón y no va a estar conforme hasta desquitarse, con su ahora, nuevo enemigo.


"Puerto Cabello"
Autor: Ferdinand Bellermann

Ante ésta amenaza, el Congreso se ve forzado en otorgarle al Precursor de la Independencia el título de Generalísimo y ofrecerle la presidencia de Venezuela con poderes dictatoriales, para que pueda, sin necesidad de aprobación, comandar, de forma expedita, a las fuerzas de la causa patriótica.

"Francisco de Miranda"
Autor: Fidel Ernesto Vasquez

El principal aliado de Domingo de Monteverde, en su avance en contra de las fuerzas patriotas, es el pueblo inconforme, las casta desfavorecidas, a las que instigó para que rechazaran la autoridad de sus antiguos opresores, los mantuanos, haciéndoles promesas vacías, de cambios por venir en sus beneficios y las cuales creyó, no dándoles el apoyo, que tanto necesitaba el ejército revolucionario en su huída y más aun, obstaculizándolos en su paso.

Atrapado en la ciudad de San Mateo (hoy estado Aragua), el Generalísimo Francisco de Miranda se ve obligado a capitular y firmar un armisticio, el 25 de julio de 1812, a penas a un año de la firma del Acta de Independencia, poniéndose así fin al proyecto republicano en Venezuela, que retoma el título de Capitanía y se transforma, nuevamente, en colonia de España.

Pero ésta no fue una derrota particular de un hombre, todas las ciudades habían caído una a una, en gran medida por las deserciones masivas de los pardos, mulatos, zambos e isleños, a los que se les había prometido igualdad de trato y condiciones y a los altos oficiales del ejército patriota, un salvoconducto de exilio, con una condición, “la cabeza” de Francisco de Miranda.

La suerte de Miranda está echada y él lo sabe e intenta huir por el puerto de La Guaira, pero lo que ignora es, que el quien lo va a traicionar es el mismísimo Simón Bolívar. La decepción debió ser inmensa, cuando en la madrugada es emboscado por su pupilo, engrillado y entregado a las fuerzas realistas, que lo trasladan al Penal de las Cuatro Torres, en Cádiz, España y lo encierran allí, en el arsenal de La Carraca. Siendo un luchador como era, Miranda no se queda de brazos cruzados y fragua un plan de escape hacia el Peñón de Gibraltar, en manos británicas, y desde allí retomar la causa independentista, pero ahora seguramente con nuevos aliados, pero un ataque de apoplejía acaba con su vida a los 66 años de edad.

"Miranda en La Carraca"
Autor: Arturo Michelena, 1896
Galería de Arte Nacional, Caracas

Simón Bolívar, con la entrega de su antiguo mentor, consigue el tan ansiado salvoconducto y se exilia e Curazao, isla que estaba bajo el dominio británico y de allí se embarca a Cartagena de Indias, en Nueva Granada (Colombia).


"Bolívar en 1812"
Anónimo

Por su labor, en beneficio a La Corona, recibe elogios del ahora Capitán General de Venezuela, Domingo de Monteverde, quien escribe: “Debe satisfacerse el pedido del coronel Bolívar, como recompensa al servicio prestado al rey de España, por la entrega de Miranda.”


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Escrito por Jorge Lucas Alvarez Girardi