jueves, 27 de junio de 2013

Simón Bolívar, entre la realidad y la fantasía. Tercera Parte


Tan entusiasta había sido Simón en los años, tras su regreso de Europa, promocionando el ideal independentista, que ha sus 27 años de edad es enviado, junto a Andrés Bello y Luis López Méndez, tras los sucesos del 19 de abril de 1810, a Londres con el objetivo de buscar reconocimiento y ayuda para la naciente República de Venezuela (Primera República), ante la guerra que a todas luces se avecinaba.

La comitiva negociadora en Londres, 1810
Simón Bolívar, Andrés Bello y Luis López Méndez

Para los británicos el ayudar a Venezuela y a la causa independentista de América, tiene un doble objetivo: desquitarse con el Imperio Español por el dominio del Mar Caribe, luego de siglos de rivalidad, y el aumentar su influencia comercial en la región. Pero no lo puede hacer de manera evidente, ya que en la diplomacia hay que tener mucha mano izquierda, así que se manejó un doble discurso: el gobierno criticó abiertamente a los revolucionarios, pero les permitió desplazarse, actuar y solicitar ayuda, porque al final, ganaran los que ganaran, ellos lograrían aumentar su influencia en la zona, ya que, en río revuelto ganancia de pescadores. Pero los ingleses deben de actuar pronto, ya que de sentirse atrapados, los revolucionarios podrían buscar ayuda en Francia, a pesar de Napoleón haber demostrado muy poco interés por el Nuevo Mundo.

De modo tal, que pusieron a disposición de los independentistas la corbeta Wellington, por si era  requerida y requerida fue. Los tres delegados se embarcaron, cada uno de ellos con un objetivo específico y sin tiempo que perder; América está llena de soldados españoles y la guerra estaba a punto de comenzar.

Varias entrevistas secretas concertaron con el canciller británico, pero los procesos son lentos y la ansiedad los turba, muy pocas noticias reciben desde Caracas y todas ellas contradictorias. La comitiva se reúne con Francisco de Miranda, que reside en Londres, bajo la protección del reino,  quien los presenta con muchos sectores importantes de la sociedad. Algunos están dispuestos en ayudar por el idealismo per se, otros en cambio, por interés. Pero tanta diplomacia desesperó a Bolívar, quien decide regresar, dejando en Londres a los otros dos delegados. Con el intelecto innato de Andrés Bello, Francisco de Miranda suma más adeptos a la causa y Luis López Méndez, a lo largo de su estadía, se va a encargar de conseguir los insumos de guerra necesarios para la contienda e incluso un contingente militar de más de 5.500 voluntarios que se llegó a conocer como La Legión Británica (1817).

En su viaje de regreso a Venezuela, Bolívar se siente fracasado, lo que implica, que la lucha se dará, a pesar de no contar con el apoyo británico, pero si está convencido, que la presencia física de Francisco de Miranda en el territorio nacional es crucial y aboga por su regreso ante la Junta Suprema, mejor conocida como Junta Suprema conservadora de los derechos de Fernando VII, que le es antagónica al Precursor de la Independencia. La mayoría de los oficiales patriotas, en un primer momento, creían defender los derechos del rey depuesto, a quien Miranda le era adverso, para luego captar, que el proyecto era otro, uno de independencia total.

Miembros varios de La Junta Suprema y Bolívar se trasladan al puerto de La Guaira para darle la bienvenida a Miranda, al que se le asigna el rango de Teniente General. Pero la aversión iba más allá del conflicto de intereses y la envidia que se le tenía al líder revolucionario, Francisco de Miranda es de una casta sin abolengo, y Venezuela, para ese momento, es aún muy tradicionalista. Las rivalidades se manifiestan ante la imposibilidad de la Junta de consolidar la unión de todas las provincias: Maracaibo está aún muy vinculada al virreinato de Nueva Granada y Coro mantiene una rivalidad jurada con Caracas desde que perdió el estatus de capital de la Provincia de Venezuela desde el siglo XVI; lo resentimientos muchas veces son eternos y los históricos aun más, ya que son reavivados por ciertos individuos en sus momentos de interés.


"Bolívar recibe a Miranda en el Puerto de La Guaira".

Es un error el imaginarse que todos los ciudadanos de cada una de las Siete Provincias firmantes estuvieran con la causa patriota y es allí, en el corazón de la naciente República, en donde se van a dar las primeras batallas. Nada se logra conquistando nuevos territorios si aun no se domina el propio.

Mapa de La Primera República de Venezuela.

El descontento social de la población con sus nuevos gobernantes era evidente y la mayoría de los pobladores se apegaban, implícitamente, a la cita “mejor es malo conocido que bueno por conocer”, y en verdad lo era, el nuevo régimen no se preocupó por el individuo, sino por la causa, dando por sentado que todos se sumarían a ella, sin apegos personales, pero muy alejados estaban de la realidad, “cada persona es un Mundo” y los intereses particulares siempre pesan más que los ideológicos.

La ciudad de Valencia no estaba del todo con la causa revolucionaria y se intentó tomarla, sin éxito, en varias oportunidades, a pesar que la Junta Suprema contaba con un militar forjado en batallas en tres continentes (América, Europa y África), que ostentó los rangos más altos en cada uno de esos ejércitos, pero quien no era mantuano, Francisco de Miranda. En cambio se envió a su enemigo jurado, el Marqués del Toro, quien en 1806, al mando de las tropas realistas lo había derrotado en su intento por desembarcar en Coro, aunque ahora, ambos hombres luchaban en el mismo bando, la aversión entre ellos permanece. Al final, la Junta Suprema, se ven forzada a enviar a Miranda y en un dos por tres, toma la ciudad y la convierten en la capital de la nación para así forzar su adhesión a la causa. Bolívar a todas éstas, se destaca como comandante brillante y aguerrido y gracias a Francisco de Miranda, es promocionado al rango de Coronel dentro de las filas patriotas, a pesar de haber recibido muy poca instrucción militar (en 1797, antes de cumplir los 14 años de edad entró en el Batallón de Milicias de blancos de los Valles de Aragua).



"El Marqués del Toro"

Obviamente existía una relación casi paternal entre ellos dos, Miranda para ese entonces contaba con 62 años de edad y Bolívar aun no cumplía los 30 años. Tal vez era la afiliación masónica que ambos tenían o el hecho de haber luchado por los ideales ante terceros en el exterior, pero lo que haya sido, también turbó en buen juicio del Precursor de la Independencia (Miranda) al imponer a Simón, un soldado inexperto, a comandar la guarnición de Puerto Cabello, la más importante del territorio para ese momento y en donde ya se fraguaba una conspiración al mando de Domingo de Monteverde, quien a sus 39 años de edad, lidera a un pequeño ejército de 230 hombres, apropiándose de las fortificaciones principales, entre ellas el Castillo San Felipe, forzando con ello la caída del puerto y obligando a Bolívar a huir. La vergüenza del futuro Libertador se va a arraigar en su corazón y no va a estar conforme hasta desquitarse, con su ahora, nuevo enemigo.


"Puerto Cabello"
Autor: Ferdinand Bellermann

Ante ésta amenaza, el Congreso se ve forzado en otorgarle al Precursor de la Independencia el título de Generalísimo y ofrecerle la presidencia de Venezuela con poderes dictatoriales, para que pueda, sin necesidad de aprobación, comandar, de forma expedita, a las fuerzas de la causa patriótica.

"Francisco de Miranda"
Autor: Fidel Ernesto Vasquez

El principal aliado de Domingo de Monteverde, en su avance en contra de las fuerzas patriotas, es el pueblo inconforme, las casta desfavorecidas, a las que instigó para que rechazaran la autoridad de sus antiguos opresores, los mantuanos, haciéndoles promesas vacías, de cambios por venir en sus beneficios y las cuales creyó, no dándoles el apoyo, que tanto necesitaba el ejército revolucionario en su huída y más aun, obstaculizándolos en su paso.

Atrapado en la ciudad de San Mateo (hoy estado Aragua), el Generalísimo Francisco de Miranda se ve obligado a capitular y firmar un armisticio, el 25 de julio de 1812, a penas a un año de la firma del Acta de Independencia, poniéndose así fin al proyecto republicano en Venezuela, que retoma el título de Capitanía y se transforma, nuevamente, en colonia de España.

Pero ésta no fue una derrota particular de un hombre, todas las ciudades habían caído una a una, en gran medida por las deserciones masivas de los pardos, mulatos, zambos e isleños, a los que se les había prometido igualdad de trato y condiciones y a los altos oficiales del ejército patriota, un salvoconducto de exilio, con una condición, “la cabeza” de Francisco de Miranda.

La suerte de Miranda está echada y él lo sabe e intenta huir por el puerto de La Guaira, pero lo que ignora es, que el quien lo va a traicionar es el mismísimo Simón Bolívar. La decepción debió ser inmensa, cuando en la madrugada es emboscado por su pupilo, engrillado y entregado a las fuerzas realistas, que lo trasladan al Penal de las Cuatro Torres, en Cádiz, España y lo encierran allí, en el arsenal de La Carraca. Siendo un luchador como era, Miranda no se queda de brazos cruzados y fragua un plan de escape hacia el Peñón de Gibraltar, en manos británicas, y desde allí retomar la causa independentista, pero ahora seguramente con nuevos aliados, pero un ataque de apoplejía acaba con su vida a los 66 años de edad.

"Miranda en La Carraca"
Autor: Arturo Michelena, 1896
Galería de Arte Nacional, Caracas

Simón Bolívar, con la entrega de su antiguo mentor, consigue el tan ansiado salvoconducto y se exilia e Curazao, isla que estaba bajo el dominio británico y de allí se embarca a Cartagena de Indias, en Nueva Granada (Colombia).


"Bolívar en 1812"
Anónimo

Por su labor, en beneficio a La Corona, recibe elogios del ahora Capitán General de Venezuela, Domingo de Monteverde, quien escribe: “Debe satisfacerse el pedido del coronel Bolívar, como recompensa al servicio prestado al rey de España, por la entrega de Miranda.”


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Escrito por Jorge Lucas Alvarez Girardi

miércoles, 26 de junio de 2013

Los firmantes del Acta de la declaración de Independencia de Venezuela


En la Capilla de Santa Rosa de Lima en Caracas, se reunieron los delegados de Siete de las Diez Provincias que constituían la ahora extinta Capitanía General de Venezuela para firmar el documento que los hacía libres de la Corona de España, transformándose en el primer país de América Latina en declarar su independencia absoluta, bajo los valores morales de la igualdad de los individuos, la prohibición de la censura y la libertad de expresión

Firma del Acta de la Independencia de Venezuela
5 de julio de 1811
Autor: Martín Tovar y Tovar, 1876
  • Provincia de Caracas: Isidro Antonio López Méndez, Juan Germán Roscio, Felipe Fermín Paúl, Francisco Xavier Ustariz, Nicolás de Castro, Fernado de Peñalver, Gabriel Pérez de Pagola, Salvador Delgado, El Marques del Toro, Juan Antonio Días Argote, Gabrilel de Ponte, Juan José Maya, Luis José de Carzola, José Vicente Unda, Francisco Xavier Yanes, Fernando Toro, Martín Tovar Ponte, José Angel de Alamo Francisco Hernández, Lino de Clemente, Juan Toro.
  • Provincia de Barcelona: Francisco de Miranda, Francisco Policarpo Ortiz, José María Ramírez.
  • Provincia de Barinas: Juan Nepomuceno de Quintana, Ignacio Fernández, Ignacio Ramón Briceño, José de la Santa y Bussy, José Luis Cabrera, Ramón Ignacio Méndez, Manuel Palacio.
  • Provincia de Cumaná: Francisco Xavier de Mayz, José Gabril de Alcalá, Juan Bermúdez, Mariano de la Cava.
  • Provincia de Margarita: Manuel Plácido Maneiro
  • Provincia de Mérida: Antonio Nicolas Briceño, Manuel Vicente de Maya.
  • Provincia de Trujillo: Juan Pablo Pacheco.
  • Provincia de Coro: Nadie
  • Provincia de Maracaibo: Nadie
  • Provincia de Guayana: Nadie


martes, 25 de junio de 2013

Simón Bolívar, entre la realidad y la fantasía. Segunda Parte



El joven Simón aun no cumple los veinte años de edad y ya es huérfano y viudo, está sólo y tiene mucho dinero, por lo que decide emprender un largo viaje a Europa, uno muy largo, para que lo ayude olvidar y quién sabe, porque no, conocer a alguien otra vez, a pesar del juramento, ese que hizo a la muerte de María Teresa, el de no volverse a casar, el cual, en lo más profundo, él sabía que no fue de fidelidad sacra para con su esposa, sino más bien, para evitar otro dolor personal.



En su viaje, antes de reencontrarse, por casualidad, con su maestro, Simón Rodríguez, va primero a España, en particular a la ciudad de Cádiz, para visitar a sus tíos Pedro y Esteban, y pasar con ellos una temporada. Pero fue en ésta ciudad, en el extremo sur del reino, en donde tiene sus primeros contactos con: intelectuales, idealistas, radicales, republicanos, en sí, “Libres Pensadores”, mejor conocidos como masones. La Logia es grande, con más de 800 miembros, es peligrosa y está prohibida; ingredientes todos perfectos para atraer a un joven con inquietudes y en busca de respuestas.

Para ese entonces, 1804, en Europa se viven momentos tensos, los deseos imperiales de Napoleón están a punto de consolidarse y muchos países temen el ser arrastrados a una guerra, en realidad otra más, ya que en éste continente es tradicional un conflicto bélico, uno por cada generación, pero ésta se prevé grande e intensa, así que se comienzan a organizar coaliciones militares de distintas monarquías para contrarrestar la amenaza que implica el futuro emperador. Muchos de éstos reinos no son afines entre sí, pero como ya es ley, “el enemigo de mí enemigo es mi amigo.”

"Napoleón cruzando los Alpes", versión Charlottenburg.
En el extremo inferior izquierdo están los nombres de tres
guerreros que en sus tiempos han realizaron éste mismo cruce para
conquistar a Italia: Aníbal, Carlomagno y por supuesto, Napoleón.
Autor: Jacques-Louis David, 1800
Palacio Charlottenburg, Berlín

En España el tronar de los cañones se siente lejos, lo que permite que diferentes formas de pensar se contrapongan: los que apoyan a las monarquías absolutas versus a los idealistas republicanos. De palabra y pensamiento las cifras de adeptos en ambas tendencias son equilibradas, pero al final, en el momento de la verdad, siempre impera el status quo y la mayoría “revolucionaria” termina cediendo, ante la posibilidad de un enfrentamiento, argumentando que “en verdad no estamos tan mal.”

A pesar de la guerra y en contra de lo que uno se puede imaginar, el tránsito de personas, de un país a otro se mantiene y el joven Simón se traslada a París ya masón, iniciado en Cádiz y no como se piensa, por Francisco de Miranda. Ese encuentro, entre éstos dos grande hombres se va a dar, pero no todavía.

En París se encuentra con Simón Rodríguez, que le agrada el renovado Simón, muy distinto a aquel, años antes, flojo y desinteresado. Ambos deciden viajar juntos y es en Roma, cuando Bolívar pronuncia, palabras más palabras menos, su Juramento en el Monte Sacro, “¡Juro delante de usted (Simón Rodríguez), juro por el Dios de mis padres (Bolívar es ya masón), juro por ellos, juro por mi honor y juro por mi Patria, que no daré descanso a mi brazo, ni reposo a mi alma, hasta que haya roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español!”.

A su regreso a Venezuela en 1806, Bolívar, aunque activo en ciertos debates intelectuales de carácter republicano, está más comprometido por el negocio familiar, por tanto tiempo desatendido y en manos de terceros.

"Simón Bolívar en Caracas"
Autor: Secundino Rivera, 1983

Pero son los acontecimientos que van a ocurrir en España los que encienden la chispa libertadora en América, en especial en Venezuela y gracias a Francisco de Miranda.

"Francisco de Miranda"
Autor: Martín Tovar y Tovar, 1874

Napoleón, con la intención de reprimir a Portugal por su falta de colaboración en la fracasada Batalla de Trafalgar, el 21 de octubre de 1805, en contra de Gran Bretaña, solicita al rey español, Carlos IV, a través de su Primer Ministro, Manuel Godoy, el derecho de paso de las tropas francesas. Este contingente, que llegó a tener a más de 65.000 soldados extranjeros, no invade, al menos todavía, el territorio lusitano, pero si se comienza a inmiscuir en todos los asuntos referentes a la política y la economía de España, creando inconformidad en todos los ámbitos de la sociedad, poniéndose en peligro esta conveniente alianza para Francia y decide, su emperador, Napoleón Bonaparte, en 1808, tomar el control del reino, deponer al rey y colocar en su lugar a su hermano, José Bonaparte.

Retrato de José I Bonaparte como rey de España.
Autor: Francois Gerard, c. 1808
Museo Nacional del Palacio de Fontainebleau, Francia

Esa acción fue precipitada y torpe, por parte de Napoleón, y nunca logró consolidarse ni ser aprobada legalmente, se mantuvo tan sólo por la opresión militar y su rey, impuesto, fue mofado como “Pepe botella”, gracias a su gran afición al vino.


Cartel que cita,
"Cada cual tiene su suerte, la tuya es de borracho hasta la muerte."

Esta crisis constitucional se manifiesta de inmediato en América, ya que ahora no eran súbditos de Carlos IV, ni siquiera de su hijo Fernando VII, que había obligado a su padre a abdicar unos meses antes, ahora estaban dominados por José I Bonaparte, un rey extranjero, hecho que aprovechan los republicanos, uniéndose también algunos realistas, que ante ésta imposición, sienten sus intereses amenazados, porque ahora España también está inmiscuida en Las Guerra Napoleónicas. Esta renovada inconformidad es aprovechada por Simón Bolívar, que busca apoyo entre sus amigos y familiares, pero muchos consideran que la información es confusa y deciden no tomar partido, al menos por el momento. Pero, con el ímpetu manifestado por Bolívar, poco a poco va convirtiéndose en el líder patriota, republicano e independentista. Pero ha de esperar, hasta la llegada del nuevo Capitán General de Venezuela, Vicente Emparan, al que se le adjudica ser de manifiesta tendencia napoleónica, para convencer a los criollos que su rey ya no es Fernando VII, sino José I Bonaparte.

"Retrato del teniente de navío Emparan"
Autor: Antonio Carnicero Mancio, 1777
Copia donada a La Academia Nacional de la Historia de Venezuela

Ante ésta “ratificación”, los indecisos se unen a los cabilderos y obligan a Vicente Emparan a renunciar al cargo, para así crear la Junta Suprema de Caracas el 19 de abril de 1810.

El 19 de abril de 1810 el Capitán General, Vicente Emparan es
obligado a renunciar.
Autor Juan Lovera

Que conlleva, un año y tres meses después, el 5 de julio de 1811, a La Firma del Acta de la Independencia, luego de intensos esfuerzos de Bolívar en Londres, para sumar aliados a la causa americana.

Firma del Acta de Independencia, 5 de julio de 1811.
Juan Lovera, 1811.
Palacio Federal Legislativo, Caracas
ver  la LISTA COMPLETA DE LOS FIRMANTES DEL ACTA

“Los dados ya están echados”, como dijo una vez Julio Cesar, antes de cruzar el Rubicón y dar un Golpe de Estado a la debilitada República Romana. Simón Bolívar ya es un hombre comprometido y preparado para la guerra que está pronto a comenzar.




Escrito por Jorge Lucas Alvarez Girardi

lunes, 24 de junio de 2013

Simón Bolívar, entre la realidad y la fantasía. Primera Parte

Un recorrido iconográfico del Libertador

 
El futuro Libertador de América nace en Caracas en la noche del 24 de julio de 1783, hijo de Juan Vicente Bolívar y María de la Concepción Palacios y Blanco. Ambas familias mantuanas de la época. Uno de "los Grandes Cacaos" de Venezuela, cuya exportación está en su climax. La fortuna personal de la familia Bolívar es una de las más grandes de Latinoamérica.

Se calcula la producción anual para la época en 10.000 TM.

Del padre algunos saben mucho, pero la gran mayoría vive en un Limbo creado por la censura. Juan Vicente fue un depredador femenino, el azote de La Hacienda de San Mateo, de cuya propiedad es el heredero. Como si "Derecho de Pernada" tuviera: jóvenes, muy jóvenes, casadas o viudas, seducía. Denunciado ante el Obispo Don Diego Antonio Díez Madroñero, quien al final le abre un expediente en la Arquidiócesis de Caracas, pero al final, como dicen muchos: "Todo cambio para quedar igual". Se cree que Simón llegó a tener muchos medios hermanos bastardos no reconocidos. En 1773 se casa con María de la Concepción, 33 años menor que él y se calma un poco.

Los padres de Simón Bolívar: Juan Vicente y María de la Concepción.
Ambos retratos están en La Casa Natal del Libertador en Caracas.

En 1786, Simón queda huérfano de padre a causa de la tuberculosis, enfermedad que también le va a costar la vida a la madre cuando Simón Bolívar tiene nueve años de edad y a futuro, la de él mismo. Los cuatro hermanos, María Antonia, Juana, Juan Vicente y Simón, quedan a cargo de su abuelo, que muere pronto y luego la responsabilidad de las crianzas se traspasa a los tíos. Carlos Palacios y Blanco fue el tío encargado de Simón, quien era un hombre severo, obtuso y retrógrado, pero así y todo, él tuvo una infancia feliz, desarrollándose como un niño sano y equilibrado, con buen equilibrio emocional, en un ambiente aristocrático, a pesar que muchos historiadores lo representan como un niño inconforme, travieso e impetuoso, como un reflejo del romanticismo imperante, en el que se creía que un niño normal jamás sería capaz de convertirse en un hombre excepcional.

Retrato anónimo de Simón Bolívar a sus 17 años de edad.
Óleo sobre marfíl (6 cm x 5 cm.)
Fundación John Boulton, Caracas

La actitud turbulenta de Simón se comienza a manifestar a los doce años de edad, cuando su tío, Carlos, decide enviarlo a casa de uno de sus maestros, en vista de la actitud mediocre y desinteresada que el niño mostraba en la escuela, lo que hoy en día se puede interpretar de dos maneras: que en verdad no le interesaba nada, al menos a esa edad, o, la más atractiva para la contemporaneidad, en vista del resultado en que el personaje se transformó, que Simón era tan brillante en sí, que la escuela lo aburría. El caso es que el tío lo forzó a vivir con el maestro Simón Rodríguez para ver si aprendía algo, pero el joven Simón, renuente, se escapa a casa de su hermana mayor, María Antonia, en busca de asilo anti educativo, generándose un litigio legal entre la familia en La Real Audiencia de Caracas, la cual otorga la custodia temporal a Carlos, el tío, quien envía a un esclavo que arrastre, literalmente, a Simón de casa de la hermana a casa del maestro.

El período en casa de Simón Rodríguez no fue el mejor, no por culpa del maestro, quien era brillante, sino por las condiciones de vida, Bolívar tenía que compartir habitación con 20 niños más, en un espacio inadecuado y a diferencia de lo que se ha transmitido, no recibió una educación particular, al menos no todavía, sino masiva, pero aparentemente el mensaje le llegó, ya que el método de enseñanza del maestro era uno “divertido”, según las propias palabras de Bolívar, muchos años después.


Retrato de Simón Rodríguez

Pero en 1797 Simón Rodríguez se deja influenciar por los ideales republicanos de la época, llegando a estar involucrado en la fracasada Conspiración de Gual y España, la cual cuestiona el concepto monárquico imperante de la época, razón por la que debe de huir del país, para refugiarse en varios países de América hasta llegar a Europa, bajo el pseudónimo de Samuel Robinson. Siete años después, se encontrará en Francia, nuevamente con Bolívar, ya un joven más atenuado y enfocado, decidiendo el viajar juntos por Europa, en especial, por Italia, en donde serán testigos presenciales de la coronación de Napoleón Bonaparte como Rey de Italia (la coronación imperial ya había sido el año anterior, 1804, en París). Se especula mucho, que sin las enseñanzas impartidas por Simón Rodríguez durante su recorrido europeo, Simón Bolívar tan sólo hubiese sido un patriota más.

Pero de regreso a nuestra época actual, a falta de Simón Rodríguez, su tío lo asigna bajo la tutela de Andrés Bello, quien para ese entonces tan sólo tiene 16 años de edad, tres años más que su pupilo. A pesar de lo contemporáneo de ambos personajes, Andrés le imparte conocimientos de historia, geografía y astronomía, desarrollándose en Simón un renovado interés. El árbol, en cuya sombra estudiaban, aun se conserva y es conocido como "El samán de La Trinidad", por encontrarse muy cerca de la capilla de la Santísima Trinidad, muy cerca de lo que hoy es el Panteón Nacional de Caracas.


"Lecciones de Bello a Bolívar",bajo la supervisión del padre Andújar.
Autor: Tito Salas, 1930
Casa Natal del Libertador, Caracas

En 1800, a sus 17 años de edad, Simón Bolívar es enviado a Madrid, España, para continuar sus estudios, siendo lo apropiado para un muchacho de su alcurnia, y es allí en donde conoce a María Teresa del Toro Alayza, de la cual queda cautivado y decide casarse, a pesar que él es menor de edad y ella es 2 años mayor que él, casi una solterona para los estándares de la época. A pesar de estar emparentados, el padre de ella, Bernardo Rodríguez, convence a la pareja que esperen un tiempo para contraer nupcias, al menos, hasta que Simón cumpla la mayoría de edad, para que su herencia sea formalizada. Una muy cuantiosa, alrededor de 1.000.000 de reales. Bernardo, el padre de la novia, muy orgulloso del patrimonio del novio, accede al matrimonio, que se realiza en Madrid en 1802 y por el cual él recibirá un décimo de la fortuna de Bolívar (100.000 reales) como dote por su hija, valor impuesto por sus cualidades personales: alcurnia familiar, virginidad y talentos personales. Para la época eso era tradicional; “nadie se lleva a mí hija de gratis.”

"Boda de Simón Bolívar y María Teresa en Madrid"
Autor Tito Salas, 1921. Casa Natal del Libertador, Caracas.
El matrimonio se realiza el 26 de mayo de 1802 en la iglesia San José de Madrid, cuya edificación original ya no existe. A la fecha no se ha encontrado ninguna imagen contemporánea de María Teresa, lo que obliga al pintor Tito Salas a recrear una, lo que se hace mucho más de lo que uno cree. Es curioso notar que en el cuadro del Matrimonio de Bolívar, quien lleva el ramo es él y no ella. Para la costumbre de la época, el esponsal de menor edad llevaba el ramo.


Si se fijan en los invitados del fondo, observan y chismorrean la edad avanzada
de ella con respecto a la del contrayente.
Detalle de la obra de Tito Salas, 1921, casa Natal del Libertador, Caracas

Bolívar, muy orgulloso, regresa a Venezuela para atender los negocios familiares y procrear una familia, razón por la cual se trasladan a San Mateo, actual estado Aragua, para hacerse cargo de su  ingenio azucarero. Pero la felicidad le dura muy poco y a principios de 1803 María Teresa enferma de fiebre amarilla y muere el 22 de enero a sus 21 años de edad.

"La muerte de María Teresa del Toro"
Casa Natal del  Libertador, Caracas.

Afligido por el dolor y las recurrentes pérdidas familiares, Simón Bolívar, en un acto desesperado, jura no volverse a casar nunca más, lo que va a cumplir, y vuelca su vida de agricultor a la de guerrero, lo que expresa muy bien al decir, muchos años después, “seguí el carro de Marte en vez del arado de Ceres.”

Retrato anónimo de Simón Bolívar a los 21 años de edad.
öleo sobre marfíl (7 cm x 5 cm.)
Fundación John Boulton, Caracas

Tras el fallecimiento inesperado de su esposa, Bolívar regresa a París para olvidar y vaya que lo logra. Sale a divertirse hasta la madrugada, se entretiene con mujeres, muchas de las cuales no puede recordar sus nombres y vive en un constante estado de embriaguez, hasta que se reencuentra con su viejo maestro, Simón Rodríguez, quien se encarga de encarrilarlo y mostrarle un mundo intelectual jamás por él imaginado. Conoce en persona a muchas de las mentes más brillantes de la época y lee con avidez todos los libros prohibidos por La Iglesia Católica. Libros que en ningún caso cuestionan la fe, sino el poder de la institución religiosa, razón por la cual son prohibidos.

Una de las más de 40 ediciones de Índice de Libros Prohibidos que estuvo vigente
desde 1571 hasta 1966. Para cualquier intelectual serio, éste índice era más bien
una guía de compra... La Iglesia indirectamente hacia el trabajo de investigación
por uno. 

Junto a Simón Rodriguez emprende un recorrido ilustrativo por El Viejo Continente. Corre el año 1806 y los continuos viajes han llevado a los dos Simones a Roma, y en lo alto de una de Las Siete Colinas, es en donde Bolívar expresa, a sus 22 años de edad, el muy publicitado y mítico Juramento en el Monte Sacro, en el que jura no descansar hasta lograr la independencia del continente americano del colonialismo español.

"¡Juro delante de usted, juro por el Dios de mis padres, juro por ellos, juro por mi honor y juro por mi patria, que no daré descanso a mi brazo, ni reposo a mi alma, hasta que haya roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español.!" Es curiosa la frase..."juro por el Dios de mis padres...", Simón Bolívar para ese momento ya ha sido iniciado en La Orden Masónica de Saint Alexandre D´Escoses en París por su maestro Simón Rodríguez.

 
Juramento de Bolívar en el Monte Sacro, Roma, ante
su maestro y amigo Simón Rodríguez, el 15 de agosto de 1805.

El romanticismo con el que se escribirán las cientos de biografías de Bolívar, envuelven al personaje en un legendario idealismo, que mezcla hechos reales con algunos adornos, no comprobables históricamente, pero que sin duda dan más color a un personaje ya de por sí muy colorido.
 
¿Qué hubiese sido de la vida de Simón? sino hubiese perdido a su esposa, y la respuesta la dio él mismo años después, "Si no hubiera enviudado, quizás mi vida hubiera sido otra; no sería el general Bolívar ni el Libertador, aunque convengo en que mi genio no era para ser alcalde de San Mateo."


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Escrito por Jorge Lucas Alvarez Girardi

  

sábado, 22 de junio de 2013

El intimismo voyerista de Jan Vermeer


Es curioso como un artista, en su momento reconocido, puede “desaparecer” de la faz de la Tierra, por la omisión de un historiador descuidado y de los sucesivos escritores, y de pronto ser redescubierto doscientos años después, para transformarse, no sólo, en lo que una vez fue, pintor renombrado, sino el ser considerado, hoy en día, en uno de los mejores pintores del Siglo de Oro Neerlandés. Ese fue el caso de Jan Vermeer, hoy convertido en leyenda.

Detalle del cuadro "La joven de la perla"

De pincel magistral y paciencia infinita, Jan Vermeer fue un perfeccionista y su obra, es casi fotográfica. Pero eso tiene un costo, y uno alto, muy pocas obras se le adjudican a él, alrededor de 34, unas más, unas menos, y al pretender vivir del arte, eso equivale a unos dos cuadros pintados por año, lo que significa que para mantener a una esposa y 11 hijos, debió ser una tarea imposible o al menos que te fueras a vivir a casa de la suegra, María Thins, lo que hicieron.

Era una casa espaciosa en la que el artista podía contar con su propio estudio y en donde va a ambientar casi todas sus pinturas.

Jan Vermeer fue bautizado en 1632 en Delft, misma ciudad en la que vivió toda su vida, una bastante corta, 43 años. Cuando se casa con Catalina Bolenes asegura su estabilidad económica más allá de la venta de sus pinturas, la familia de ella es adinerada y tan sólo un pequeño sacrificio tuvo que conceder, convertirse al catolicismo. Pero para mantener el estilo de vida a la que estaban acostumbrados, Vermeer se tuvo que endeudar, y a veces, dar obras suyas como pago colateral de esas deudas.

"Vista de Delft, c. 1660
Galería Real de Pinturas Mauritshuis, La Haya, Holanda

La ciudad de Delft, para ese entonces, era la capital de la naciente Holanda, después de su independencia del Imperio Español y un lugar ideal para un artista, quien por vivir allí, podía asegurarse la comercialización de su obra.

Para ese entonces la temática pictórica no era una de carácter épico o religioso, por el contrario, era la del hombre común que deseaba ser representado en su cotidianeidad. Vermeer no era el único artista en la zona, su archirrival era Pieter de Hooch, que enfocaba su obra de la misma manera que él, quien si fue recordado por los historiadores de su época, pero luego superado por la calidad artística de Jan Vermeer.

"El arte de la pintura", c. 1666
Museo de Historia del Arte de Viena, Austria

La composición intimista del pintor transforma al espectador en un voyerista, que espía a distancia la acción de la obra. Representa a los personajes realizando sus faenas, ajenos a las miradas indiscretas del público, como si a través de una puerta estuviésemos mirando, a la espera de alguna discreción.

"La carta", c. 1670
Rijksmuseum, Amsterdam, Holanda

El nivel de detalle para el tamaño de las obras es excepcional, pintando a la perfección los diseños de las alfombras, en los mapas o en las pinturas del fondo. Los pequeños formatos, alrededor de 50 x 50 cms, están destinados a un público de clase media, que desea decorar con clase a bajo costo.

Pero el voyerismo implícito se manifiesta de forma más evidente en el cuadro “Dama bebiendo, con un caballero”, escena para nosotros bastante ingenua, si la observamos sin fijarnos en los detalles. En el siglo XVII no es usual que una pareja no relacionada entre sí, esté sola en una habitación y menos aun bebiendo, con todo lo que el alcohol estimula en la persona, pero observamos que ella es la única que toma, él la asiste y no hay más copas, todo el vino es para ella, como último recurso de seducción en vista que en apariencia la poesía y la música no fueron suficientes, al observar los papeles y el instrumento colocados en la silla. Pero él sostiene la botella mientras ella se empina la copa, esperando a que esta se vacíe para volverla a llenar.

"Dama bebiendo, con un caballero", c.1660
Gemäldegalerie, Berlín, Alemania

En el vitral de la ventana está representada la figura de la Templanza, que simboliza la represión de las pasiones, estimulando el virtuosismo de la mujer; una moralidad fácil de esquivar a punta de alcohol.

Otra pintura de similar concepto es “Dama con dos caballeros”. Aquí Jan Vermeer nos agrega a otro personaje, uno, que en apariencia, es amigo del esposo de ella, pero con actitud desentendida, alcahueta, mientras el otro, el pretendiente, insiste que la dama beba, guiándole la copa con su mano y ella sonríe y ve de frente, creando complicidad con el espectador, dándonos a entender que sabe cuál es la intención y que además va a ceder.

"Dama con dos caballeros", c. 1659
Museo Herzog Anton Ulrich, Brunswick, Alemania

En el fondo, el retrato colgado del marido, que ve la ve directamente a ella, como si supiera, recriminando la acción. Al igual que en la pintura anterior, la personificación de la Templanza en el vitral de la ventana.

Detalle del vitral.

Pero el cuadro más conocido de Jan Vermeer y uno de los más polémicos es el de “La joven con la perla”, un típico retrato, de un personaje en apariencia, para nosotros, anónimo, que ha generado mucha especulación, en especial tras la publicación del libro de la escritora norteamericana Tracy Chevalier y posterior película del mismo nombre que el cuadro, protagonizada por Colin Firth como Jan Vermeer y Scarlet Johansson como Griette, la tímida muchacha que va a trabajar en casa del afamado pintor y se ve seducida por su arte, convirtiéndose en su ayudante y en su amante, para ser descubiertos de su pecado, por la suegra de él, al captar que los zarcillos que lleva la joven son los de su hija, la esposa de Vermeer, pero calla el adulterio, al darse cuenta, que él, entusiasmado por la clandestina relación, trabaja de forma continua y finaliza mayor número de obras, generando así, más ingresos.

"Joven con zarcillo de perla", 1665
Galería Real de Pinturas Mauritshuis, La Haya, Holanda
Afiche de la película de "La joven con zarcillo de perla", 2003
Dirigida por Peter Webber

Más allá de la aparente ficción, el rostro de la joven es en extremo seductor, observando por encima del hombro y con los labios entreabiertos a nosotros, con tentador deseo.


Escrito por Jorge Lucas Alvarez

viernes, 21 de junio de 2013

La simbología romántica de Caspar David Friedrich

"El hombre taciturno del Norte"


Las experiencias definen el carácter y la cantidad de fallecimientos cercanos que Caspar David  Friedrich sufrió desde muy joven lo llevó a enfocar en sus obras una de atmósfera de melancolía y muerte.

Detalle del retrato de Caspar David Friedrich, realizado por
Gerhard  von Kügelgen, c. 1820
Kunsthalle de Hamburgo, Alemania

Nace en la ciudad de Greifswald, al norte de Alemania, cerca de la costa báltica, en 1774, rodeado de ocho hermanos, característico en familias de clase media en la época. Su padre era un fabricante de velas y jabones, lo que les generaba una vida holgada, pero antes que cumpliera los 18 años ya habían muerto la madre y dos de sus hermanas por tifus y viruela, pero la muerte que más le conmovió, porque lo involucraba, fue la de su hermano Johann, que fallece ahogado al rescatarlo a él de un lago congelado, creándole una personalidad nostálgica y triste, casi suicida.

"La niebla", 1807
Galería Belvedere, Viena, Austria 

Esa energía la transfiere él al lienzo, cargado de colores ocres, entre crepúsculos y atardeceres, en donde sus personajes son secundarios ante la inmensidad del paisaje y quienes, en muchos casos, sólo cumplen la función de transportarnos a nosotros a un mundo de añoranza y recuerdos, por eso casi nunca los pone de frente sino de espaldas.

En el centro del cuadro la Luna, pero nuestro foco de interés
son los hombres que observan y de allí nuestra mirada se deja
seducir por lo que ellos ven.
"Dos hombres contemplando la Luna", 1820
Galería de Nuevos Maestros, Dresden, Alemania

Esa modalidad está diseñada para que el que observa la obra enfoque su atención de inmediato en las figuras humanas, como es lo natural, dejándose llevar por lo que ellos observan, pasando en ese instante, los personajes, a un ámbito secundario y nosotros, los espectadores, al primario.

Incluso, si las personas están pintadas en el centro, nuestra vista va directo a lo que ellos ven y allí nos quedamos, observando, dejándonos llevar, inmersos en esa mágica melancolía de Caspar David  Friedrich.

En la obra "La salida de la Luna", notamos que los personajes están
esperando la llegada de los barcos al igual que la Luna da la bienvenida.
La Galería Nacional, Berlín, Alemania

A los modelos en los cuadros tampoco se les ven los rostros, ya que si vemos una cara definida, la acción de la obra es referente a ellos, pero al no identificarlos con nadie, representa a todos, incluso a nosotros.

El romanticismo alemán, en el que Caspar David  Friedrich fue uno de sus principales exponentes, en contraposición al racionalismo neoclásico, se deja llevar por el sentimiento que nos evoca el pasado, principalmente el Medioevo, en la que su arquitectura gótica característica intenta emerger, sin éxito, de entre la naturaleza que la engulle, en un intento de sobrevivir el paso del tiempo; el ciclo de la vida, en donde todo nace, crece, se desarrolla, envejece y muere.

"La abadía en el Robledal", 1809.
Obra adquirida por el rey de Prusia Federico Guillermo III
La Galería Nacional, Berlín, Alemania

Ese planteamiento lo representa magistralmente nuestro artista, incluso en la naturaleza, en donde se ven reflejados los árboles luchando por subsistir ante lo inevitable y la Luna en el crepúsculo nos afirma que el fin está muy cerca.

La modelo es su esposa Caroline y él. Al igual que el cuadro
más arriba, éste representa el fin de un ciclo y el nacimiento de otro.
"Un hombre y una mujer contemplando la Luna", c. 1835
La Galería Nacional, Berlín, Alemania

Friedrich se casa en 1818 con Caroline Bommer y aunque su vida se estabiliza y toma rumbo, su melancolía lo persigue. Ella va a ser la modelo de muchas de sus obras, a pesar que nunca veremos el rostro total de ella, siempre su espalda, como es el caso en la obra “El velero”, en el que se observan una pareja observando el perfil de una ciudad.

"El velero", 1818
Obra comprada por el príncipe y futuro zar de Rusia, Alejandro I.
Museo del Hermitage, san Petersburgo, Rusia

Notamos que ambos están observando el mismo punto, lo que nos simboliza que están en sintonía, con los mismos intereses; son pareja, ella está ansiosa y él le toma de la mano para tranquilizarla; la proa del bote apunta a la ciudad por lo que interpretamos que están llegando. Pero si la vemos fijamente nos podemos preguntar ¿por qué la ansiedad de ella? Y la respuesta la deducimos al notar que todas las imágenes de las edificaciones de la costa están interrumpidas excepto la de una iglesia… se van a casar.

En el cuadro “Las edades de la vida”, si lo observamos de manera casual, abrumados por la cantidad de cuadros en el museo, no vemos nada que nos pueda interesar y de seguro continuamos nuestro apresurado recorrido, pero si nos detenemos e intentamos interpretarlo, descubrimos algo muy interesante, y esto sucede con la gran mayoría de las obras, sólo que no les damos el tiempo necesario para digerirla. 

"Las edades de la vida", c. 1834
Museum der bildenden Künste, Leipzig, Alemania

En el lienzo tenemos dos puntos de acción: los barcos y la familia en la costa, que ignora la presencia de los botes en la mar, pero con los cuales están muy relacionados. Aunque tenemos un navío grande en el centro, nuestra mirada va es directo al hombre de espalda, por encontrarse él en una composición áurea o perfecta. Él es la clave del resto de la obra, porque está directamente vinculado a uno de los barcos, al más lejano, al que cruza el horizonte, y es, en éste momento, que descubrimos que cada nave representa a uno de los personajes: el más alejado, al que ahora deducimos como el anciano; el que le sigue es el señor de frente, el central es la mujer y los más pequeños son los niños.

El final de su vida, 1840, fue para él tan melancólico como sus pinturas, “el hombre taciturno del norte”, como se le llegó a conocer, fue alejándose del mundo, al que nunca sintió propio, aislándose en su continua depresión y cada vez más olvidado por las nuevas generaciones, que entusiasmados por la actual modernidad, olvidaron la ya vieja modernidad. Hubo de pasar 60 años a la muerte del pintor, para que otro artista, Edvard Munch, redescubriera su magia y la interpretara bajo los nuevos cánones del expresionismo al que estaba inmerso, impulsando la obra de Caspar David Friedrich al siglo XX.
  
"Los solitarios", grabado realizado en 1899.
Museo Munch, Olso, Noruega


Escrito por Jorge Lucas Alvarez Girardi