jueves, 15 de agosto de 2013

Atahualpa, el último emperador Inca


Treceavo y último emperador Inca del Perú (1532-33). Hijo bastardo del emperador Huayna Cápac y hermanastro del legítimo heredero, Huáscar. A la muerte del padre, en 1327, éste había decidido dividir el territorio del Tahuantinsuyo (Imperio Inca) en dos, para otorgarle, en herencia, algún bien a su hijo favorito, Atahualpa, quien recibe el área norte, a partir de Quito, mientras Huáscar el territorio del sur, con el Cusco como capital del imperio.

Imágenes del cronista Felipe Guaman Poma de Ayala, en las que representa a
Huayna Capa, Huáscar y a Atahualpa.

Para ese momento el Imperio abarca toda la franja oeste de América del Sur, que incluye territorios de Colombia hasta Argentina y Chile, incluso área más allá de Los Andes en la selva amazónica, con alrededor de 14.000.000 de súbditos y sumando unos 2.000.000 Km2, un tercio de lo que representó el Imperio Romano en su mayor extensión. Pero el norte del imperio aun no está del todo sometido y es por eso que Atahualpa, siendo un excelente guerrero, lo recibe en herencia.

Territorio que abarca el Imperio Inca, el cual se dividía
en cuatro regiones, arriba señaladas, y cuyo centro era
la ciudad capital del Cusco.

Una vez consolidado su poder en el norte, el ambicioso Atahualpa se enfrasca en una guerra civil para obtener el control total del territorio, lo cual consigue, al derrotar a su hermanastro mayor, en la batalla de Quipaipan en 1532, tal vez la más grandiosa de la historia inca, pero no sin mermar a sus ejércitos y a la población, en un momento, en el que sin ellos imaginarse, se iban a topar con los codiciosos conquistadores españoles, sedientos de oro, que incidentalmente se estaban adentrando en territorio desconocido para ellos.

Corre el año 1532 y Atahualpa, victorioso, apresa a su hermano Huáscar y a todos los miembros de la familia real, que pudiera amenazar su gobierno, y luego los manda a asesinar. Pero mientras se preparaba para entrar en la ciudad de Cajamarca, triunfante y dueño absoluto de todo el imperio, se topa con Francisco Pizarro y un puñado de sombres, que siguiendo el ejemplo de Hernán Cortés en México, desea conquistar el nuevo territorio para el reino de España, en la búsqueda personal de fama y fortuna. Siendo minoría, Pizarro, no manifestándose como un enemigo potencial, más bien halaga al nuevo emperador y lo invita a un banquete en su honor.

Francisco Pizarro engaña a Atahualpa y lo apresa.
Tate Gallery, Londres

De forma indirecta, la civilización incaica, ya conocía a los españoles; en la relación comercial, algunos viajeros habían tenido contacto con ellos y sin saberlo se contaminaron con viruela o sarampión, una de las posibles enfermedades que mató al emperador Huayna Capac, creándose así, la guerra hereditaria de sus hijos.

Francisco Pizarro es un oscuro conquistador español deseoso de fama y fortuna, que impulsado por los rumores de un mítico lugar conocido como El Dorado, es seducido a probar suerte, adentrándose en territorio desconocido hasta ese momento, el una vez mítico Imperio Inca. A sus 54 años de edad, no había logrado aun nada relevante, así que con el tiempo en su contra, arribó al territorio con una fuerza de escasos 180 hombres, caballos y cañones, pero con mucha astucia para apoderarse de todo el territorio.

Francisco Pizarro, "el marqués sin marquesado"

Atahualpa asiste al banquete en su honor, de forma ingenua, aunque rodeado de cientos de sus hombres, pero todos desarmados. El fraile de Pizarro, Vicente de Valverde, intenta convencer al emperador que acepte ser bautizado y someterse a la autoridad del rey español Carlos V, pero cuando éste rechaza la propuesta, descubre que está en una emboscada, pero ya es muy tarde. Todos los hombres de Atahualpa son inmediatamente asesinados y él es apresado.

Durante su cautiverio, Pizarro obligó al emperador Inca aprender el castellano para así poder comunicarse mejor. Desde allí, y ante los ojos de sus súbditos, Atahualpa “gobernaba”, mientras los españoles saqueaban. El conquistador hispano aparenta ser su amigo y recibe como vínculo de una alianza a la hermana de éste, Quispe Sisa, como esposa. Pizarro la obliga a bautizarse con el nombre de Inés Huaylas y llega a tener dos hijos con ella. Pero la sed de oro se hace inmensa y quieren más.

Esta es la habitación en la que Atahualpa estuvo hecho prisionero,
en la ciudad de Cajamarca, Perú, y a la que él propuso llenar de
oro y plata para salvar su vida y lograr su liberación, conocida como
"El Cuarto del Rescate".

Atahualpa, ante el temor de correr el mismo destino de sus hombres, y tras percibir la avaricia de los españoles, ofrece pagar un rescate en oro y plata, por su vida; el más grande hasta la fecha, en la historia de la humanidad, recolectándose, en tres meses, 84 toneladas de oro y 164 toneladas en plata. Pero a pesar del suntuoso pago recibido, Pizarro condena al emperador a morir en la hoguera, algo nunca visto en la historia de la humanidad.

El día de su ejecución, el fraile le ofrece a Atahualpa la posibilidad de una muerte más misericordiosa si acepta la fe cristiana y permite ser bautizado. Él acepta, recibe el nombre de Francisco y es estrangulado, y con él la civilización Inca, acéfala, decae rápidamente.

Una vez bautizado, Atahualpa es asesinado.

Pizarro, “el marqués sin marquesado”, es amado en Lima, ciudad que él fundó el 15 de enero de 1535 con el nombre de Ciudad de Los Reyes, pero no lo es en Cusco, cuyo nombre, ellos,  prefieren ignorar.


Escrito por Jorge Lucas Alvarez Girardi


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