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miércoles, 4 de marzo de 2015

Mahoma y su iconografìa


Mahoma, según los musulmanes, es el último profeta de una larga lista de personajes escogidos por Dios, Allah, para transmitir al resto de los hombres su mensaje divino, el camino de la salvación, pero, aparentemente debido a nuestra condición humana lo olvidamos muy rápido. Varios han sido éstos mensajeros, en varias épocas, pero en el mismo lugar: El Medio Oriente, el “Ombligo del Mundo”, el punto de unión entre los tres continentes: África, Asia y Europa.

Representación del nacimiento de Mahoma, en donde él y su madre , Amina,
aparecen con los rostros cubiertos, y de la cabeza del profeta,
una llama que representa su divinidad, al estilo de las aureolas cristianas.

Mahoma nace, alrededor del año 570, en el seno de una honorable familia de la poderosa tribu Quraysh que controla toda el área de la Meca y en ella, La Kaaba, para ese entonces, en la cultura pre-islámica, el principal centro de culto. Huérfano de padre desde su nacimiento, Amina, su madre, lo envía desde muy joven a vivir en el desierto con los beduinos, como era costumbre, para que aprendiese de las tradiciones y desarrollara el carácter, en la severidad del desierto. Es allí, en donde él tiene su primer encuentro con el arcángel Gabriel, si, el mismo de María y también el de Noé, Abraham, Daniel, Zacarías y Jesús, o sea, el mensajero de Dios, al muy buen estilo de Hermes, el dios griego. Mahoma siendo aun muy joven se le aparece el arcángel y le introduce su mano en el pecho, le extrae el corazón y se lo limpia de pecado y tentación, todo eso ante los ojos incrédulos de sus amigos. Esta será la primera vez de muchas en la que el arcángel estará a su lado.

Mahoma, al lado del arcángel Gabriel, visita el infierno, para ser testigo
del castigo que se le aplica a las mujeres que osan llevar el cabello
suelto y así tentar  la lujuria de los hombres.

Poco se sabe de Mahoma, más allá de ese evento, excepto que trabajó como comerciante para su tío, quien estaba encargado de criarlo y alimentarlo, desde la temprana muerte de su madre. Es ejerciendo esa profesión que Mahoma conoce a Jadiya, la que ha de convertirse en su primera esposa, ella es una acaudalada viuda de 40 años y él su joven asistente de 25. Desde el punto de vista actual, algo inconcebible para una mujer, en la ortodoxia del islam: heredar, trabajar y volverse a casar. Pero no sólo eso, cuando Mahoma tiene su siguiente encuentro con el arcángel Gabriel, y éste le anuncia que ha sido escogido para servir de mensajero divino, ella es la primera conversa y por ende es considerada “La Madre del Islam”, financiando a Mahoma en la propagación de la nueva doctrina, una que sólo cree en un Dios, Allah, y ha de convertirse junto a la judía y a la cristiana en las tres religiones monoteístas más importantes del Mundo.

Mahoma recibe las revelaciones del arcángel Gabriel en la cueva Hira,
en La Meca, en el año 610, evento que da inicio al Ramadán.

El matrimonio fue feliz y monógamo por 25 años, algo muy raro para la época, pero es la tradición que un hombre se puede casar tantas veces quiera, siempre y cuando, pueda mantener a todas sus mujeres al igual que a la primera. En el caso de Mahoma es Jadiya la del dinero. Tuvieron seis hijos. A su muerte, en el 619, Mahoma queda desbastado, siendo conocido ese evento como “El Año de los Dolores” y la coloca a ella en el rango de las Cuatro Mujeres más Perfectas junto a: Miriam, la hermana de Moisés, María, la madre de Jesús y Fátima, su hija adorada, esposa de Alí. A lo largo de su vida Mahoma se casa por los menos doce veces más, siendo la más importante de éstas esposas, la tercera, Aisha, cuarenta años menor que él, quien a pesar de no haberle dado hijos, es la fiel heredera de su legado.

Mahoma predica la nueva fe, el monoteismo y la adoración a Allah.

Al año siguiente Mahoma es elevado a los cielos y es transportado desde La Meca a Jerusalén, evento que se conoce como Isra y Miraj, muy parecido a la "Transfiguración" de Jesús días antes de la crucifixión. En el cielo, Mahoma se reúne con los profetas anteriores: Abraham, Moisés, Noé y Jesús, entre otros, para reiterarle su función como profeta divino y mensajero de Allah, y al caer, lo hace nada más y nada menos que en el centro de la montaña Moira, en pleno corazón de Tierra Santa, donde antes había estado erigido El Templo Judío, razón por la cual los musulmanes después construyen allí El Domo en la Roca, para conmemorar el milagroso evento y generar, sin intención, un gran roce entre ambas religiones.

El Isra y la MirahMahoma sube al cielo guiado por el arcángel Gabriel.

La propagación de la nueva fe no fue tarea fácil y las luchas fueron constantes, Mahoma era considerado hereje, y en consecuencia, debía ser perseguido y destruido. Para los líderes de la tribu, atentaba en contra de lo preestablecido y al profetizar el monoteísmo afectaba la peregrinación a La Kaaba, para ese entonces centro de culto de los muchos dioses de la zona, alrededor de unos 360, y en consecuencia negativo para el negocio, en una época en donde el “turismo religioso” era la práctica común de todas las religiones. Esta persecución sistemática conllevó a La Hégira, migración masiva de Mahoma y sus seguidores, a la ciudad de Medina, para salvar sus vidas, predicar el islam y aumentar el número de fieles para el contraataque. La Hégira, acaecida en el año 620, representa el primer año del calendario musulmán.

Mahoma coloca "La Piedra Negra" en una de las esquinas externas de La Kaaba.

Muchas fueron las peripecias, para poder sobrevivir, junto a su creciente séquito, hasta su triunfal regreso a La Meca, diez años después. La verdadera fe triunfó y el arcángel Gabriel ayudó en varias oportunidades. Mahoma de inmediato entró en La Kaaba, sacó todos los ídolos que contenía y cerró sus puertas para evitar más idolatría, excepto por "La Piedra Negra" (un meteorito), mítico regalo de Allah a los humanos, que vincula al Cielo y a la Tierra y que está en la actualidad en uno de los extremos exteriores de La Kaaba. Rápidamente la fe islámica, adaptada a la idiosincrasia particular de cada tribu, para extenderse de tal manera y tan rápido, que entró en conflicto directo con la otra fe en expansión: el cristianismo.

Mahoma y La Kaaba, en La Meca, como el centro del islamismo.
En esta imagen representado como debe ser, con el rostro cubierto.

Si uno profundiza un poco más, encuentra un gran paralelismo entre la vida de Jesús y la de Mahoma, pero una de las grandes diferencias existentes entre ambos es la reiteración del profeta del islam, en ser considerado tan sólo un mensajero divino, para evitar así, según él, el error de los seguidores de Jesús, y la tergiversación del mensaje celestial, al transformarlo en hijo de Dios. Pero a pesar de su esfuerzo y las precauciones que tomó, al insistir que ninguna imagen de él fuera representada, algunas se hicieron y aunque en muchas de ellas sale con un velo sobre su rostro, él, Mahoma, es idolatrado.

Escrito por Jorge Lucas Alvarez Girardi



viernes, 9 de mayo de 2014

El Café


Es insólito que ésta bebida tan estimulante, hoy consumida en todo el planeta, se haya descubierto hace apenas unos 500 años, y hoy, la producción mundial sobrepasa las 7.000.000 de toneladas, o lo que es equivalente a un kilo anual por cada persona que puebla la Tierra, aumentándose su consumo cada día que pasa, al descubrirse los beneficios que aporta y desmitificarse, muy poco a poco, el tabú nocivo que se pensaba poseía ésta bebida del "diablo", tanto para la salud como para el bienestar social.

El color del grano de café depende de la duración de la tostada; mientras más
claro su tono es, su sabor es más suave, pero la carga de cafeína es mayor.

Entre los antiguos pobladores era bien sabido que ninguna baya silvestre se podía comer sino era previamente consumida por los animales, una observación meticulosa instintiva, que no sólo certificaba el consumo del mismo, sino que además analizaba el comportamiento posterior y su posterior ingesta, ya que en su mayoría son venenosos y muy dañinos, pudiendo ocasionar incluso la muerte. Entonces es curioso, que ni los animales a la vista de seres humanos, hubiesen comido este fruto que además es tan vistoso y abundante en la planta, pasando de un color verde intenso, a un profundo amarillo, a un vistoso rojo. 

Existen más de 15 mil millones de plantas de café distribuidas en alrededor
de 80 países del Mundo, específicamente en áreas tropicales y subtropicales.

No existe ninguna referencia del café previa al siglo XV, fecha en la que el ser humano lleva ya siglos produciendo vino y cerveza; ha logrado dar con la fórmula de la pólvora, el vidrio, el papel y la porcelana; construido no sólo pirámides, sino grandes iglesias, incluso relojes de precisión astronómica, y ninguno, hasta la fecha, había descubierto la planta del cafeto. Cosa curiosa. Lo que nos da la esperanza de que haya en la naturaleza otras cosas exóticas a la espera de de un ojo sagaz y una mente abierta.

Cuenta la leyenda que en Abisinia, hoy día Etiopía, un pastor de cabra de nombre Kaldi, notó con sorpresa, como sus animales “bailaban” luego de ingerir los frutos de una planta, hasta ese momento desconocida para él. Aburrido y cansado por la tediosa labor de pastorear animales, se anima a probar, no sin temor, lo que sus cabras tanto disfrutan. Comió algunos frutos y lo rechazó por su sabor amargo, pero al cabo de unos minutos algo curioso le ocurrió, su cansancio desapareció y su ánimo se estimuló. Entusiasmado recoge unas muestras de granos y hojas, y se las entrega a un monje islámico, que al saborearlas, de inmediato las rechazó, lanzándolas al fuego, pero al contacto con el calor, un olor muy agradable invadió la habitación y el monje decidió darle a éste fruto otra oportunidad y comenzó a experimentar: tostándolo, moliéndolo y finalmente mezclándolo con agua caliente.

El personaje de Kaldi es legendario y su referencia apareció por primera vez
en Europa, en un texto escrito por Antoine Faustus Nairon en 1671.

Ahora los monjes tenían la solución a uno de los más grandes problemas a los que estaban condenados: el sueño. Con ésta infusión estimulante, cargada de cafeína, podían dedicarse a sus labores y rezos sin ser atacados por el letargo de una vida enclaustrada.

De Etiopía, la bebida cruza el Mar Rojo y llega a Yemen y desde allí se esparce por todo el mundo árabe, quienes lo acogen con amor y devoción, llegando a ser conocido en Occidente como la “amarga invención de Satanás”.

Abisinia, hoy en día Etiopía, está destacado en
verde y el cruce a través del Mar Rojo fue hasta el
sur de la Península Arábiga, en lo que hoy es Yemen.

El café, de haber sido descubierto antes de la época de Mahoma, éste seguramente lo hubiese vetado al igual que hizo con el vino, por ser un fuerte estimulante, pero a falta del Mensajero de Alá, los islámicos más ortodoxos intentaron prohibirlo, creándose una ley en la Meca en contra de su ingesta en 1511 y luego en otras ciudades islámicas, pero a pesar de lo obedientes que son los musulmanes en cuanto a su religión, su consumo no se evitó, sino que se clandestinizó a tal punto que la ley hubo que derogarla, o toda la población hubiese vivido en pecado eterno.  

La primera cafetería en la ciudad de Constantinopla, hoy en día Estambul,
fue en el año 1555, apenas dos años después de la conquista de la ciudad
por el sultán Mehmeh II y la caída en consecuencia del Imperio Bizantino.

En Turquía incluso se introdujo una clausula en sus leyes sobre el divorcio, en la que le permitía a la mujer divorciarse de su marido si éste fallaba en proporcionarle su dosis de café diaria.

El café cruza la frontera ideológica y continental hacia Europa a finales del siglo XVII, y de inmediato es acogido con mucho entusiasmo, pero al igual que 100 años antes en los países musulmanes, se intentó prohibir, ya que desde las cafeterías siempre provenían las críticas más acaloradas a los malos gobiernos y a sus mediocres gobernantes. Lo mismo pasaba en las tabernas, lugares en donde los hombres se reunían, compartían y se quejaban, pero con la única diferencia, que luego de varias copas, la mente y el cuerpo se les nublaba y el entusiasmo se diluía entre la resaca y el vómito. El café en cambio, con cada taza, la mente se agudiza, al punto de la euforia, y al fallar cualquier tipo de prohibición, se decidió ir a instancias mayores: Dios.

Un grupo de sacerdotes se dirigen a Roma con un único punto en su agenda: que el papa Clemente VIII prohíba su consumo. Otorgada la audiencia papal, y luego de escuchar la fanática diatriba de sus fieles súbditos, Clemente VIII, hábil político y administrador, pide probar, como ya dije antes, “la amarga bebida del Diablo”, y quedó cautivado, no sólo por su seductor aroma, sino por su sabor y posterior estímulo. Entonces, muy al contrario de lo que deseaban los sacerdotes, el papa comunicó que sería un pecado privar a los cristianos de tan agradable bebida, con lo cual, para “engañar” a Satanás, la bautizó.

Taza alegórica a la cita del papa Clemente VIII con respecto al café.

En contra de la creencia popular, en Inglaterra la bebida favorita de sus habitantes era el café y no el Té, llegando a haber más de 2.000 cafeterías para 1700. Para esa misma fecha todas las ciudades importantes de Europa tenían una cafetería, excepto en Rusia, cuyo consumo estaba prohibido con penas de encarcelación o mutilación.

En las cafeterías inglesas existía el refill, lo que agravaba el conflicto político.

La primera cafetería de Londres se inaugura en 1650, durante el breve período republicano de Oliver Cromwell; en Berlín en 1670; en Viena en 1683 y en París, su primer local fue el café Procope, que aún existe, en 1686, futura cuna del liberalismo intelectual que un siglo después (1789), desató La Revolución Francesa. No en vano todos los monarcas europeos veían en ésta bebida una amenaza latente. Y no sólo allí, sino también en el Nuevo Mundo. La primera cafetería de América se abrió en 1689 en Boston y la chispa independentista se gestó en el muy famoso Dragón Verde, en donde los revolucionarios norteamericanos deciden desafiar al gobierno británico lanzando toda la carga de Té de sus barcos anclados en la bahía: The Tea Party (1773).

Fachada del Café Procope en Saint Germain des Pres, París. Lugar favorito
de Diderot y Voltaire, en el que se encuentra aun su escritorio.

Pero éste corto período, desde sus primeros consumos certificados, y a pesar de todas las revueltas, imaginarias o reales, han hecho de ésta bebida la predilecta de miles de millones de personas, que todos los días amanecen con una taza en sus manos, desafiando los mitos a la salud pública que una vez también tuvieron el aguacate, el huevo y el chocolate.


Escrito por Jorge Lucas Alvarez Girardi