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viernes, 27 de diciembre de 2013

El Sitio de la ciudad de Leningrado


En una guerra, las estrategias de cada batalla o cada enfrentamiento, tienen características particulares, no es de sorprender que los altos oficiales estén más tiempo estudiando mapas que entablando batallas, pero a veces, sobre la marcha, hay que adaptarse. Ya lo había dicho el gran estratega alemán del siglo XIX Helmuth von Moltke “Ningún plan sobrevive a los primeros cinco minutos después de encontrarse con el enemigo.” El éxito depende de la buena improvisación.

La ciudad báltica de Leningrado, antes, San Petersburgo en honor a su fundador el zar Pedro I el Grande, y luego cambiado su nombre al héroe fundador de la revolución bolchevique, Vladimir Ilich Lenin, era culturalmente orgullosa y muy europea, a diferencia de la capital, Moscú, demasiado alejada de las otras ciudades y enclavada en el corazón de La Unión Soviética. Sus habitantes nunca se imaginaron, cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial en septiembre de 1939, que ellos en algún momento podrían ser víctimas de sus “aliados”, los alemanes.

De hecho, el primer sorprendido, cuando los alemanes invadieron en 1941 suelo soviético, evento conocido como Operación Barbarroja, fue su líder, Joseph Stalin. No era de sorprender, ya que pocos se acuerdan, que él y Hitler, habían firmado unos años antes el Pacto de no Agresión y en compensación y agradecimiento, la Unión Soviética recibió una gran tajada de la derrotada Polonia, tras su sorpresivo ataque relámpago, al indefenso país, creando sí, una reacción de las otras naciones occidentales y con ello, el inicio de La Segunda Guerra Mundial.

El Pacto de no Agresión, firmado por Alemania y la Unión
Soviética, fue la antesala a la invasión de Polonia, ideada
por Hitler y apoyada por Stalin, a cambión de una gran
tajada territorial: la mitad oriental del país, al ser conquistado.
Pero Adolfo Hitler se dejaba llevar más por la pasión que por la razón y lanzó una ambiciosa campaña conquistadora al inmenso país Soviético, el más grande del Mundo y por mucho, 22.500.000 Km2, sin haber aprendido nada de la historia, 140 años atrás Napoleón lo intentó y fracasó.

Mapa de la Unión Soviética, conformado por sus 15 territorios federales.

Con ésta acción, Hitler, buscaba eliminar el comunismo y a toda la raza eslava, creando una “cruzada” europea en contra de Asia, reivindicando, en su imaginario racial, las invasiones bárbaras, siglos atrás, en contra del Imperio Romano, por Atila el Huno, y así, recuperar un territorio que él cree propio, que a su vez serviría como espacio vital, para satisfacer las necesidades del pueblo alemán, por siglos, expulsando, más allá de Los Montes Urales, a los pocos eslavos sobrevivientes.

Su plan era invadir, durante el verano de 1941, con tres grandes ejércitos (Norte, Centro y Sur), en una sola gran campaña, rodeando y derrotando a las tropas soviéticas, de mayor número, pero muy mal equipadas, en un par de meses. La extensa maniobra, que comprometía a unos 4.000.000 de soldados, 3.350 tanques, 4.390 aviones y 46.000 piezas de artillería, no era compartida por todos los miembros del Alto Mando Alemán, pero ninguno, a pesar de su pesimismo, se atrevió a enfrentar a Hitler, en sus sueños de grandeza, dispuesto a reivindicar a Napoleón Bonaparte y a emular al gran emperador Sacro Alemán, del siglo XII, Federico I, en cuyo honor se nombró esta gran acción militar: Operación Barbarroja, por el color de sus barbas.

El Ejército del Norte debía tomar a Leningrado, asegurar los territorios bálticos y una vez cumplido esos objetivos, el excedente de soldados se internaría en territorio soviético para apoyar al Ejército del Centro, cuyo objetivo era el de conquistar a Bielorrusia, la ciudad de Moscú y apropiarse de toda la zona central, y el Ejército del Sur tenía como objetivo, Ucrania, toda el área al norte de Mar Negro, muy rica en petróleo y por supuesto la icónica ciudad de Stalingrado.

Mapa estratégico de objetivos alemanes durante La Operación Barbarroja.

El Alta Mando Alemán, no dudaba de la capacidad del país soviético en crear un gran ejército a corto plazo, mayoritariamente conformado por campesinos reclutados, sin experiencia ni disciplina militar, presa fácil para sus soldados. Pero ignoraban del poderío militar con el que contaban, sin duda, muchos de ellos obsoletos, pero de igual manera allí: 15.000 tanques, 12.000 aviones y 35.000 piezas de artillería, y más aun, un aliado silencioso, el invierno.

Poster propagandístico soviético, representando
la temible contraofensiva, liderada por sus
tanques T-34, y poniendo a correr a todos
sus enemigos.

La fecha pautada para el inicio de La Operación Barbarroja era el 15 de mayo, pero la incapacidad de Benito Mussolini, aliado de Hitler, en consolidar sus conquistas en Grecia, obliga al Führer a retrasar su campaña soviética, para asistir a las tropas italianas y lograr sus objetivos en pleno corazón del Mar Mediterráneo, básico para el éxito de todo su plan.

La invasión comienza un mes después, en junio, ajustándose, por mucho el calendario invernal, pero el exceso de confianza, en el lograr todo el objetivo, en tan sólo dos meses, impulsa a los alemanes en dar inicio, ese mismo año, con la heroica cruzada. El clima, primero las abundantes lluvias y luego el inclemente invierno, jugaron papel protagónico en el rotundo fracaso de toda la campaña.

El barro hizo casi imposible el avance, al igual que la política de "Tierra
Arrasada", implementada por el zar Alejandro I durante la invasión napoleónica
de 1812 y vuelta a implementar por Stalin, obligando a los alemanes a
depender de una red de suministros, que nunca llegó a ser efectiva.

El ejército del Norte de inmediato se dirige a su objetivo inicial, la ciudad de Leningrado, pero las cosas casi nunca salen como se planean y hubo de improvisar. Ante la imposibilidad de triunfar y tomar por la fuerza a la metrópoli, se le presenta a Hitler un dilema: continuar con el ataque frontal, a un alto costo, sitiar la urbe o redirigir a sus tropas al Centro para consolidar el segundo objetivo del Plan Maestro.

Decide entonces aplicar una estrategia obsoleta, sitiar a Leningrado y esperar que el hambre, el frío y las enfermedades acaben con la población. Esa estrategia funcionaba en la Edad Media cuando los poblados eran mucho más pequeños y en la mayoría de los casos las fortalezas tenían redes ocultas de abastecimiento. El sitio de Troya duró diez años y fue la estrategia y no el sitio lo que venció a la impenetrable ciudad griega.

La ciudad se defendió con lo que tenía a su disposición.

La obsesión de Hitler por conquistar a la ciudad del norte, le afectó el resto de su estrategia, pero en donde el pueblo idolatra a su Führer, ningún militar tuvo el coraje de enfrentársele. El ejército del Centro no recibió nunca el apoyo del ejército del Norte y con el tiempo sucumbió sin lograr sus objetivos.

Cada ciudadano defendió su orgullosa ciudad. Leningrado
sobrevivió y su legado inspiró la retaliación en contra Alemania.

El ejército alemán del Norte, apoyado por la División Azul española, cortó todas las rutas de suministros y enfrentaron todo tipo de ofensivas, conteniendo a civiles y militares, condenándolos al hambre, más de tres millones de personas.

La estatua de bronce del zar Pedro I, fundador de la ciudad,
montada sobre un pedestal, conocido como La Piedra de
Trueno, movilizada hasta su enclave, por fuerza humana; la
piedra más grande jamás trasladada, 1.500 toneladas. 

Existe una leyenda en la ciudad, y es que si la estatua de Pedro I
cae, la ciudad colapsa, así que muchos esfuerzos se hicieron
para proteger a esta colosal escultura.

El cálculo inicial de abastecimiento, en la sitiada ciudad, alcanzaba tan sólo para dos meses, así que hubo que racionar los alimentos por jerarquía humana (obreros, administradores y niños) a 600 gr., 500 gr. Y 400 gr. por día respectivamente. Se buscó una línea de abastecimiento que se conoció como El camino de la Vida, pero no era suficiente para alimentar a toda la población. Para complicar la situación ese año se produjo uno de los inviernos más fuertes de la historia, a lo que la falta de combustible, cobró aun más vidas, y se vieron en la obligación de quemar todos los libros de la biblioteca para solventar un poco la crisis. Los pobladores tuvieron que recurrir a otras alternativas: palomas, gatos, perros, ratones y, por qué no, seres humanos, de los cuales tampoco iban a obtener mucho, ya que habían muerto de inanición.

Las míseras raciones estaban diseñadas para
mantener con vida al ciudadano común, lo suficiente
para mantener la energía que se requería para luchar.

Con el paso de los años, tres en total, el ejército alemán se fue debilitando y finalmente los soviéticos lograron romper el cerco y abastecer a la ciudad, que resistió más de 900 días incomunicada, sin suministros médicos o alimenticios, muchos de ellos sucumbiendo al intenso frío, año tras año. La cifra de muertos civiles ronda el millón y medio. A pesar de todo, la moral se mantuvo intacta e inspiró a las fuerzas rusas en su retaliación contra Alemania. En el año 1945 Leningrado recibió el título de Ciudad Heroica.

Con el fin de La Unión Soviética, la ciudad retoma su nombre original: San Petersburgo.
  

Escrito por Jorge Lucas Alvarez Girardi

martes, 10 de diciembre de 2013

La Desestalinización


La gran mayoría de los ciudadanos soviéticos amaban con locura a José Stalin, los demás creía amarlo, porque llevaban 29 años adoctrinados para hacerlo y el resto de los pobladores, pertenecientes a las naciones bajo la influencia rusa, no tenía más remedio que aparentar su amor. Hasta que un día, tres años después de la muerte del adorado líder, su sucesor, el Primer Ministro Nikita Khrushchev, presenta un informe secreto ante un reducido grupo de delegados del PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética) y denuncia públicamente todos los abusos, que a lo largo de los años, había cometido Stalin, uno a uno, y de pronto, casi de forma incontrolable, TODOS, comenzaron a odiar al que hasta hace nada amaban, dándose inicio a un período conocido como la Desestalinización.


Nikita Khrushchev en el Politburó del Kremlin dando a conocer su discurso
secreto en contra del Culto a la Personalidad y sus Consecuencias. 

José Stalin es, por mucho, el mayor asesino de la historia de la humanidad, unas cifran que van desde los 10.000.000 a los 30.000.000 de personas, o más. Ya sea por represión directa, víctimas de los trabajos forzados en Siberia, ejecutamientos, mala planificación alimentaria y genocidio sistemático en contra de sus enemigos políticos (las purgas stalinistas), entre los que se encuentra su gran detractor: León Trotsky.

José Stalin nace en la ciudad de Gori, Georgia (para ese entonces bajo el dominio ruso), en el año 1878, hijo de un zapatero alcohólico, que lo golpeaba, desde muy pequeño, a él y a su madre: Yekaterina. Un amigo escribió años después, "esas palizas inmerecidas y despiadadas hicieron al niño tan duro y falto de corazón como su padre".

Desde muy pequeño Stalin se inclina por el marxismo y lidera el sindicato en la misma fábrica de zapatos en la que trabaja su padre, para luego crear “los escuadrones de lucha”, que eran grupos armados que se dedicaban a robar bancos, para obtener fondos para financiar sus operaciones clandestinas, siendo arrestado en varias oportunidades.


Ficha policial de Stalin en 1911.

A pesar de la distancia, conoce y comparte la visión marxista y centralista de Vladimir Lenin y se adhiere a sus filas, escalando, poco a poco, por su inteligencia y astucia, posiciones claves, que lo llevaran a ser nombrado, en 1917, editor del periódico revolucionario Pravda, mientras Lenin y otros líderes del partido vivían en el exilio, sólo León Trotsky estaba allí, para difuminar un poco el ego de Stalin, controlando así, su rol en el partido.

Después de “La Revolución de Octubre” (1917), como un cometa se las ingenia para afianzarse con el poder absoluto, siendo nombrado  Secretario General del Comité Central del Partido Comunista, cargo estratégico, pero sin aparente poder, pero, al sumársele el de Oficina Organizativa del Comité Central del Partido, él tenía todo la autoridad para nombrar cargos a su discreción, y lo hizo, nombrando a sus fieles amigos y aliados a puestos claves dentro del partido, asegurándose, que a la inminente muerte de Lenin, él sería nombrado el líder supremo.

Lenin previó lo que se avecinaba y a pesar de su frágil salud, trató de solucionar el problema antes que se desbordara y se perdiera el control, así que escribió una carta, un año antes de morir, a algunos colegas, aun fieles, para apaciguar su ambición, “Stalin es demasiado brusco, y este defecto, plenamente tolerable en nuestro medio y en las relaciones entre nosotros, los comunistas, se hace intolerable en el cargo de Secretario General. Por eso propongo a los camaradas que piensen la forma de pasar a Stalin a otro puesto y de nombrar para este cargo a otro hombre que se diferencie del camarada Stalin en todos los demás aspectos sólo por una ventaja, a saber: que sea más tolerante, más leal, más correcto y más atento con los camaradas, menos caprichoso, etc. Esta circunstancia puede parecer una fútil pequeñez. Pero yo creo que, desde el punto de vista de prevenir la escisión y desde el punto de vista de lo que he escrito antes acerca de las relaciones entre Stalin y Trotsky, no es una pequeñez, o se trata de una pequeñez que puede adquirir importancia decisiva”.







Esta imagen de Stalin y Lenin fue ampliamente difundida para
vincular a los dos hombres en una estrecha relación, pero tan
sólo fue un extracto, a conveniencia de Stalin.

Foto original, de los miembros del VIII Congreso Comunista.

La salud de Lenin había decaído de forma precipitada por el stress de la revolución, a lo largo de toda su vida, la guerra, tanto externa como interna, intentando controlar las ambiciones personales de sus allegados, el exceso de trabajo, alrededor de 16 horas al día y la lesión persistente a consecuencia de un intento de asesinato en 1918, cobraron, finalmente, mella en el líder de la revolución, sufriendo dos ataques cerebrales, que lo postraron, desde 1922, en una silla de ruedas sin la posibilidad de habla.


Última foto de Lenin, tomada en el verano
de 1923, junto a uno de sus médicos y su
hermana María Ulianova. Ya el líder era una
marioneta al servicio de Stalin, sin saberlo.

Stalin aprovechó éste impase y lo aisló cada vez más del poder, asumiendo él todos los roles, y haciéndose pasar como el único portavoz oficial de Lenin, quien se deprimió tanto, que incluso solicitó se le proporcionara veneno, a lo que Stalin se negó, porque mientras controlara al líder, él podía afianzar su posición en el poder. A sabiendas, Lenin, entonces dicta unas cartas, que se conocería como “El Testamento”, dando instrucciones precisas sobre el futuro de la Unión Soviética, la organización del partido y la cuestión sucesoral, solicitando la destitución de Stalin y apoyando a Trotsky. Pero estos documentos nunca llegaron a donde debía, porque los aliados de Stalin los lograron interceptar.  Nunca pudo imaginar Lenin, que su asistente personal, era la esposa de Stalin. Fue gracias a Nikita Khrushchev, 30 años después, en su informe secreto, que esto se dio a conocer.

A la muerte de Vladimir Lenin, el 21 de enero de 1924, a sus 53 años de edad, Stalin asumió, por represión directa y encarnada el poder absoluto, siendo temido por todos, y persiguiendo, hasta la muerte, a sus detractores políticos. Pero en el ámbito público, ante los ojos desconsolados del pueblo que llora, él se alza como el mayor defensor de la memoria del gran líder, utilizando para su beneficio la imagen y el recuerdo de Lenin, y por asociación, los ciudadanos soviéticos, trasladaron su amor de uno al otro.

Fue en ésta fuerza idólatra en la que Stalin armó su “Régimen del Terror”, culpando de todos los males de la nación y de los individuos en particular, a sus opositores, justificando así, las ejecuciones sistemáticas, las deportaciones y por supuesto, las represivas medidas económicas, como consecuencia de los “planes” desestabilizadores de sus enemigos.

Para centralizar aun más el poder, basado en la idolatría, desarrolló, a niveles nunca vistos, “el culto a la personalidad”, en el que la imagen del líder estaba presente en todo desarrollo, ya fuese real o ficticio. Stalin se vende como un padre que aconseja a su hijo (el pueblo), pero, quien en realidad impone con mano dura su visión ortodoxa y retrógrada, aprovechándose de la sumisión de éste pueblo al que dice ayudar, que cree, porque se lo han hecho ver así, que todo es en su beneficio. Fórmula que muchos líderes alrededor del Mundo, incluso en épocas actuales, han utilizado para controlar a sus ciudadanos crédulos.
Pero las penurias se viven a diario, razón por la cual, de vez en cuando, Stalin culpa de los males a alguno de sus colaboradores, el que hayan caído en desgracia personal ante su persona, y lo responsabiliza de todo, los “juzga” y lo condena, para la alegría tísica de las masas.


Marcha del Primero de Mayo en Berlín, portando la imagen
del "Gran" Líder, José Stalin.

A la muerte de Stalin, el 5 de marzo de 1953, el pueblo llora desconsolado, como quien ha perdido a su padre, a su madre, a sus hijos y abuelos juntos, al hombre que los guio con puño de acero, al punto, que más de 1.600 personas perdieron la vida en el afán descontrolado de ver por última vez el cuerpo de su líder.


El pueblo colma cada rincón de Moscú para intentar ver
por última vez a su amado líder.

Es esto y mucho más, lo que Nikita Khrushchev anuncia como peligroso, en lo referente al Culto a la Personalidad y sus Consecuencias, en su informe secreto ante los 1.436 delegados soviéticos presentes en el XX Congreso del PCUS, al que se prohibió la asistencia de los delegados extranjeros pertenecientes a las naciones satélites dominadas por los ellos, pero cuyo contenido se dejó filtrar, para que todos supieran, la verdadera historia del que habían amado. Las reacciones adversas no se hicieron esperar y casi de inmediato se extrajo el cuerpo embalsamado de Stalin, que reposaba junto al de Lenin en el mausoleo, en las afueras del Kremlin de Moscú, para ser ubicado detrás, en una modesta tumba.


Stalin construyó el Mausoleo de Lenin con la intención
primordial de ser enterrado a su lado, pero después de la
desestalinización, su cuerpo fue retirado y colocado afuera.

De igual forma, todas las estatuas de Stalin, a lo largo y ancho de la Unión Soviética y los países satélites de Europa Oriental, sobre todo, en éstos últimos, cayeron, dejándose el pedestal vacío como recordatorio de lo que el fanatismo enceguecido puede llegar a hacer a un pueblo crédulo y que no está dispuesto a ver.

Este informe desmitificó a las biografías oficiales de Stalin, que lo presentaba como un aguerrido héroe, “grandiosos estratega” y “gran sabio”, “digno genio de toda la humanidad”, presentándolo como lo que fue, un resentido ególatra, con una ambición desmedida, que no descartó ningún método para mantenerse de manera incuestionable en el poder, llegando incluso a eliminar, en sus famosas "Purgas Stalinistas", de manera directa e indirecta, la vida de más de 30.000.000 de sus propios ciudadanos.


Este masivo monumento de granito de Stalin se erigió en
Praga, Checoslovaquia, y fue la mayor representación del
líder en el mundo, con 15.5 metros de altura.


La masiva construcción fue expuesta en 1955 y representaba
el amor de Praga por el Líder Supremo.


La hipocresía finalizó en 1962 y se necesitaron 800 kg de
explosivos para destruir a la estatua.

A pesar de haber evidenciado al monstruo al que tanto amaban, el informe secreto de Nikita Khrushchev, también debilitó el poder y la influencia que tenía la Unión Soviética sobre los países del Bloque Oriental, que de pronto evidenciaron la infalibilidad del Kremlin y se sintieron libres para guiar sus propios destinos, como se intentó hacer en la Revolución Húngara de 1956, desatándose una brutal represión por parte del ejército ruso.


La inmensa estatua de Stalin en Budapest, Hungría, fue erigida
para conmemorar los 70 años de edad del líder.
Durante los eventos de la Revolución Húngara de 1956, la
estatua fue cortada y derribada.
Es de notar que en el afán de la revuelta, el pueblo expresó,
en el rostro del líder, lo que pensaban de él: W.C.
Ya mutilada, la imagen de la cabeza de José Stalin, recorrió el mundo.

En la República Popular China, Mao (otro retrogrado del Siglo XX), califica a Khrushchev como un traidor del comunismo y se distancia de la ideología soviética para afianzar la suya propia.


Escrito por Jorge Lucas Alvarez Girardi

martes, 18 de junio de 2013

El suprematismo de Malevich

El lenguaje simbólico 

Kazimir Malevich nació un en la ciudad de Kiev, Ucrania, en 1879, en ese momento bajo el dominio imperial ruso y se fascinó, desde muy joven, por la pintura, en un país, en donde la tradición pictórica era la manifestación tardía de los modelos occidentales y sin ningún prospecto de cambio, pero él lo transformaría y se convertiría en uno de los principales vanguardistas del Avant-Garde ruso, junto a Wassily Kandinsky, Alexander Archipenko, El Lissitzky y Marc Chagall.

"Autorretrato", 1912
Galería Tretyakov, Moscú, Rusia

En sus inicios como artista plástico, el principal interés de Malevich, es el de representar a la naturaleza lo más objetiva posible, perfecta, pero a lo largo de su formación académica, estudia y se deja influenciar por el impresionismo tardío proveniente de Francia, para luego experimentar también con el fauvismo, el expresionismo y el neoprimitivismo; en sí, es joven e influenciable.

"Paisaje con casa amarilla", 1906
Obra con gran influencia impresionista.
Museo Estatal Ruso, san Petersburgo

Como todo nuevo artista, participa en la mayor cantidad de exposiciones que puede para darse a conocer, pero en una década tan intensa, como lo fue la de 1910, con tantas propuestas distintas, envía a cada exhibición, obras que varían en estilo, pudiéndose llegar, él, a perder en la intrincada selva de las imitaciones.

"Cabeza de niña campesina", 1913
Obra con acentuada influencia cubista.
Museo Stedelijk, Amsterdam, Holanda

Pero en 1915, Rusia inmersa en La Primera Guerra Mundial, bajo el gobierno inepto de la zarina Alexandra y el “monje” Rasputín, Malevich llega a los más alto de la inspiración divina, cuando pinta “Cuadrado negro sobre fondo blanco”, obra maestra del siglo XX y la más representativa del movimiento suprematista, que él creó.

"Cuadrado negro sobre fondo blanco", 1915
Es importantes destacar que los colores eran puros y sin grietas.
Galería Estatal Tretiakov, san Petersburgo

El suprematismo de Malevich es en esencia un color sobre otro color, representado con figuras geométricas, en especial: el cuadrado, el círculo y el triángulo. Aunque parezca una pintura sencilla, que cualquiera puede hacer, hay que tomar en cuenta que él la hizo primero y la defendió contra viento y marea. Pero éste estilo artístico es mucho más que lo que está a simple vista, a pesar que la intención primordial de sus seguidores, es la de no transmitir un mensaje social.

La obra hay que analizarla, parte por parte y color por color. En el pasado los pintores desarrollaron códigos para representar sus obras y las figuras geométricas básicas fueron claves en sus composiciones: el círculo simboliza a Dios, el cuadrado al hombre y el triángulo a la fe. Por el otro lado, si analizamos el color: el blanco representa el conocimiento y la luz, en cambio el negro es la ignorancia y la superstición. Entonces, si “leemos” el cuadro de Malevich, con la intención de interpretarlo, podremos dilucidar que “el hombre inteligente es superior al hombre ignorante”. Esta aseveración la inferimos en vista que el cuadrado blanco es más grande que el negro.

Al tener esto presente nos es mucho más fácil interpretar la otra pintura icónica de nuestro artista, “Círculo negro sobre fondo blanco”. Es de notar que la circunferencia es más pequeña y está desfasada del centro.

"Círculo negro sobre fondo blanco", 1915
Museo Estatal Ruso, san Petersburgo

La esencia cromática y geométrica nos hace deducir que “el hombre crea a Dios”, porque el círculo está incluido en el cuadrado, de ser al revés, el mensaje sería otro totalmente diferente. Malevich es un ateo acérrimo y crítico. Con esto en mente, también captamos que “Dios representa a la ignorancia y a la superstición”, por el color utilizado, el negro, y además es “perverso”, ésta última afirmación es por estar la circunferencia desfasada del centro, generando tensión.

Otra obra que podemos interpretar es “Cuadrado blanco sobre fondo blanco”. Maravillosa metáfora sobre “la superioridad del hombre racional sobre el hombre, inteligente, pero siniestro”, al estar levemente, el cuadrado pequeño, inclinado con respecto al horizonte y desfasado con respecto al centro, logrando así Malevich, en sus primeras obras suprematistas, la expresión total de sus ideas esenciales.

"Cuadrado blanco sobre fondo blanco", 1918
Museo de Arte Moderno de Nueva York, MOMA

Más allá de esos tres cuadros, Malevich representó decenas de otros, en las que agregaba cada vez más elementos y más colores, aquí ya se desprende de los mensajes subliminales para adentrarse en las composiciones geométricas que darán paso al Constructivismo; movimiento artístico que busca crear nuevas formas “constructivas”, que serán ampliamente utilizadas en la arquitectura.

Representación volumétrica transformada en una composición arquitectónica.

Para 1922, luego del nacimiento de La Unión Soviética, su líder, Vladimir Lenin, está convencido que todas las manifestaciones artísticas deben de trabajar unidas para difundir los conceptos esenciales del comunismo, por ésta razón, la asociación de artistas, se reúne, para definir los parámetros a seguir con respecto a la nueva realidad social y política, y convencidos que la pintura es la mejor arma para la transmisión de ideas, decide retornar al realismo figurativo, para contrarrestar el inmenso analfabetismo existente en la población y trasmitir más eficientemente el mensaje, ya que las vanguardias modernas y el arte abstracto son un arte de las élites, que entienden lo que ven o al menos aparentan el hacerlo.

"La caballería roja", 1930

Ese es el fin del suprematismo y el constructivismo, al menos en La Unión Soviética, teniendo otros seguidores fuera del área de influencia ruso, aunado a la muerte de Lenin, en 1924, en la que su sucesor no fue León Trosky, como casi todos esperaban o deseaban, siendo en cambio José Stalin, un hombre ignorante, salvaje y tiránico, que con mano de hierro se aferró al poder y eliminó a toda la oposición, y unos cuantos más por si acaso; alrededor de 30.000.000 de personas fueron asesinadas de manera directa o indirecta por él.

Malevich, aclamado en el exterior, ingenuamente creyó que su estatus lo salvaría de la opresión intelectual del mandatario supremo, Stalin, y que podría continuar con libertad su creación artística, pero no fue así, ya más de uno había sido apresado, enviado a un Gulag (prisión) en Siberia, para morir y ser olvidado. Nuestro artista, luego de ser arrestado e interrogado, por lo que pintaba, para poder salvarse de un destino fatal, se doblegó y pintó lo que el régimen requería de él. Muchas de sus obras y manuscritos fueron quemados, para evitar “complicidad” con el concepto burgués, que el régimen combatía. Las que sobrevivieron fueron las que el propio artista había dejado en Alemania, años atrás, para ser exhibidas y vendidas.

Museo Estatal Ruso, San Petersburgo

En 1935, a consecuencia de una gran depresión personal, Malevich muere de cáncer a la edad de 56 años en Leningrado, hoy san Petersburgo, y por concesión especial del gobierno local, se le permitió al cortejo fúnebre portar, como si de un estandarte se tratara, una representación del “Cuadrado negro sobre fondo blanco” enfrente del carro que llevaba su cuerpo, y luego el más sepulcral olvido.


Cortejo fúnebre de Malevich portando el estandarte del
"Cuadrado negro sobre fondo blanco".

Con la caída estrepitosa de La Unión Soviética y todo lo que representa, Rusia se ha dedicado a adquirir todas las obras posibles de sus artistas más insignes, como símbolo de orgullo nacional.






Escrito por Jorge Lucas Alvarez Girardi