martes, 27 de enero de 2015

Alexander Selkirk el verdadero Robinson Crusoe



Siempre ha sido un tema muy atractivo cuando se lee de alguna persona que abandonada por años en una isla desierta es rescatada; es interesante cuando le pasa a alguien más y es uno el que lo lee, y más aún, cuando la persona en cuestión, de manera voluntaria es la que decide quedarse. Sus anécdotas pudieron haber inspirado la obra maestra de la literatura universal, Robinson Crusoe, de Daniel Defoe, publicada en el año 1718.

 
El personaje creado por Daniel Defoe, inspirado en Alexander Selkirk,
contaba con un compañero, al que él le pone el nombre de Viernes.

Alexander Selkirk era un inquieto e impulsivo escocés, quien, muy lejos de imaginarse en ser una inspiración para nadie, abandonó la seguridad de un próspero negocio de talabartería creado por su padre y su país natal, para aventurarse al mar, y no a cualquier mar, ni a cualquier trabajo, sino al Océano Pacífico y de pirata como profesión, al mando del capitán William Dampier.

 
William Dampier es considerado por los españoles
un pirata, pero para los ingleses él representa uno
de los mejores exploradores de todos los tiempos.
Circunvaló la Tierra en tres oportunidades.

Para esa fecha, principios del siglo XVIII, en el marco de La Guerra de Sucesión Española, la piratería era un trabajo honorable para el país, porque los bucaneros trabajaban para el reino de Gran Bretaña y ésta profesión era legal siempre y cuando robaran los botines de los barcos del enemigo: España y Francia, y pagaran, por supuesto, a la corona el respectivo impuesto.

 
La prematura muerte del rey Carlos II de España, el Hechizado,
a sus 38 años, sin haber logrado tener descendencia, desencadena
La Guerra de Sucesión Española, reavivando en Europa
las antiguas rivalidades entre la muy poderosa familia Habsburgo
y los Borbones.

Era el año 1704 y William Dampier era uno de esos capitanes, que impulsados por la codicia, ponía constantemente en peligro la seguridad de su tripulación y la de sus naves: la St George  y la Cinque Ports, dirigida ésta última por Selkirk, y a pesar de eso siempre corría con suerte, pero debido a las constantes imprudencias riesgosas de su capitán, Alexander Selkirk se le enfrentaba casi de manera continua, hablando él en nombre de una tripulación temerosa, pero Dampier no escuchaba, estaba enceguecido y deseaba acción.

 
La labor de un bucanero inglés en esa época no era sólo perseguir y saquear
barcos enemigos por sus tesoros, sino explorar y expandir la influencia
británica por todo el Mundo.

Intentando cruzar el Cabo de Hornos, en el extremo sur de Argentina, ambos barcos, el St George y el Cinque Ports tuvieron que enfrentar tres tormentas que debilitaron la estructura de éste último, pero, a pesar de la dificultad, lograron sortear el mal clima y cruzaron del otro lado del continente, al Océano Pacífico y a un mundo con inmensas posibilidades económicas. La tripulación, a punto de amotinarse, recurre a Selkirk como su portavoz, y mientras se abastecían en la isla desierta de Juan Fernández, hoy isla Robinson Crusoe, él le propone al capitán que les permita quedarse allí a la espera de otro barco británico que los rescate. El ultimátum de Selkirk no funcionó tal cual él se lo imaginó, al no recibir el apoyo esperado por sus compañeros, dejándolo a él sólo en tierra.

 
Mapa de la ruta tomada por el capitán William Dampier en su
Primera circunvalación a la Tierra, en la que destaca la posición
de la isla en donde queda abandonado Alexander Selkirk.
(Hacer clic sobre la imagen para ampliar)

No es de sorprendernos que un minuto después él ya se haya arrepentido de su precipitada decisión, pero ya era tarde y nadie regresó a buscarlo. Es de imaginar al pobre Selkirk gritando y saltando para llamar la atención de sus ex compañeros, pero ninguno volteó. Irónicamente, unos días después, el barco se hundió y muchos de sus hombres murieron en el naufragio.

 
El barco que piloteaba Selkirk, Cinque Ports, se hunde unos días después
en una tormenta como había predicho él.

Selkirk sólo tuvo tiempo de bajar unas cuantas cosas, ya que siempre se imaginó que su espera iba a ser corta. Por días escrutó el horizonte y no vio nada. Su existencia en la costa fue miserable, sin ninguna comodidad, y le daba miedo adentrarse en la isla, hasta que llegaron las morsas y se apropiaron de su espacio, obligándolo a buscar refugio en la selva. Una vez establecido se encontró una cantidad de animales no autóctonos del lugar pero que se habían escapado de otras embarcaciones y que le sirvieron de alimento, como las cabras. Los días pasaron y la soledad y la desesperación hicieron mella y no hubo un día en que no considerara el suicidio.

 
Para contrarrestar la soledad lee la Biblia. 

En las noches las ratas mordían su cuerpo, así que Selkirk hubo de hacer nuevas amistades, gatos salvajes a los que atrajo con carne de cabra. A medida que pasaron los años las cosas que llevó con él se deterioraron y tuvo que usar su imaginación para sobrevivir. En dos oportunidades barcos españoles llegaron a la costa pero él tuvo que esconderse para no ser apresado y colgado por pirata.

 
El instinto de supervivencia siempre fue mayor al de su enloquecimiento
ocasionado por la más extrema soledad. De ser capturado por el enemigo
hubiese representado la muerte inmediata bajo cargos de piratería.

Finalmente en 1709 un barco inglés apareció en el horizonte y Selkirk como un loco salvaje corrió por toda la isla para llamar la atención de los marineros y poder ser rescatado. Irónicamente en ese barco iba su antiguo capitán, William Dampier, quién destituido de su rango ahora era tan sólo el piloto timonel.

 
Momento en el que Selkirk, tras ser rescatado, es llevado al barco de su
salvación.

Cuatro años y unos meses después retornaba a la civilización y su suerte mejoró cuando ayudó al capitán del navío Duke, Woodes Rogers, a capturar un barco mercante español. Retornó a Escocia como un hombre rico, pero nunca se logró adaptar luego de su experiencia y regresó al mar muriendo unos años después de fiebre amarilla, a sus 45 años de edad.

 
El capitán Woodes Rogers es nombrado años después el primer gobernador
de Las Bahamas.

Sus anécdotas, escritas unos años después por Richard Steele, fueron muy populares y se cree que el escritor Daniel Defoe se inspiró en ellas para escribir su popular obra, Robinson Crusoe, en 1718.

 


Hoy en día una de las islas del archipiélago lleva su nombre: Alexander Selkirk.

La isla Juan Fernández, perteneciente a Chile, hoy muy poblada, fue el
lugar de residencia de Selkirk por más de cuatro años.


 Escrito por Jorge Lucas Alvarez Girardi

 
 

 
 

 

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